– Oh, no, señor Ravenscroft, ella es francamente visible ahora.
– Perriwick, uno de estos días te voy a estrangular.
– No lo dudo, señor, pero si me permite la osadía…
– ¿Que, Perriwick?
– Solamente quería averiguar acerca de si la visita de la señorita Trent a Seacrest Manor puede ya ser del dominio público.
– ¡No! – respondió Caroline en voz muy alta – esto es, preferiría que mantuvieras esa información en secreto, al menos durante las próximas semanas.
– Por supuesto – respondió Perriwick con una elegante inclinación de cabeza – ahora, si me disculpan, veré el desaguisado.
– Gracias, Perriwick – dijo Blake.
– Si me permite la osadía, señor Ravenscroft.
– ¿Qué pasa ahora, Perriwick?
– Solamente deseaba sugerirles que la señorita Trent y usted podrían estar más cómodos tomando el té en otra habitación, mientras pongo esta en orden.
– Oh, él no está tomando el té conmigo – dijo Caroline.
– Si, si lo estoy – dijo Blake quitándole importancia.
– No veo porqué. Usted mismo dijo que no quería tener nada que ver conmigo.
– Eso no es del todo cierto – respondió Blake con rapidez – disfruto mucho contradiciéndola.
– Si, eso es muy evidente.
La cabeza de Perriwick se movía de un lado a otro, como un espectador de un partido de badminton, y el anciano comenzó a reirse.
– ¡Tú! – dijo Blake de golpe apuntando a Perriwick – cállate.
Perriwick llevó su mano directamente al corazón en un gesto dramático de consternación.
– Si me permite…
– Perriwick, eres el mayordomo condenadamente más osado de Inglaterra, y lo sabes muy bien.
– Solo pretendía – respondió el mayordomo, mirando bastante orgulloso de sí mismo – preguntar si les gustaría que les llevara el servicio de té a otra habitación. Yo les sugerí que podrían estar más cómodos, si usted lo recuerda.
– Es una idea excelente, Perriwick – dijo Caroline con una sonrisa cegadora.
– Señorita Trent, sinceramente es usted una mujer de grandes modales, buen humor y una mente excelente.
– Oh, por el amor de Dios – murmuró Blake.
– Sin mencionar – Perriwick continuó – un gusto y un refinamiento excelentes ¿fue usted la responsable de la primorosa remodelación de nuestro jardín ayer?
– Si, fui yo – dijo encantada – ¿te gustó la nueva disposición?
– Señorita Trent, evidentemente se reflejó la mano de alguien con un excepcional sentido del buen gusto, verdadero resplandor y el justo toque caprichoso.
Blake miró como si pudiera claramente despedir con alegría a su mayordomo a Londres.
– Perriwick, la señorita Trent no es una candidata a la santidad.
– Lamentablemente no – admitió Perriwick – no, sin embargo, no había considerado nunca la iglesia para ser justos, cuando pienso en algunos de los que yo he santificado, porque yo…
La risa de Caroline llenó la habitación.
– Perriwick, creo que te quiero ¿donde estuviste toda mi vida?.
Él sonrió modestamente.
– Sirviendo al señor Ravenscroft, y a su tío antes que a él.
– Espero que su tío fuera más risueño que él.
– Oh, el señor Ravenscroft no fue siempre de tan mal carácter, porque cuando él era joven…
– Perriwick – bramó Blake – estás peligrosamente cerca de ser despedido sin referencias.
– ¡Señor Ravenscroft! – dijo Caroline con reprobación – no puede pensar en despedirlo.
– Oh, no importa, señorita Trent – interrumpió Perriwick – él amenaza con finalizar mi empleo aquí casi todos los días.
– Esta vez, lo digo en serio – dijo Blake rechinando sus dientes.
– Él dice eso también todos los días – dijo Perriwick a Caroline, quien lo recompensó con una risita nerviosa.
– Yo no lo encuentro divertido – anunció Blake, pero nadie parecía estar escuchándole.
– Llevaré esto a la otra habitación – Perriwick regresó, apilando de nuevo las tazas en la bandeja – el servicio estará en la habitación verde, por si ustedes desean tomarlo.
– Aun no tomé ni un sorbo – murmuró Caroline mientras veía al mayordomo desaparecer por el pasillo – él es bastante ¡Oh!
Sin decir una palabra, Blake la levantó rápidamente en brazos y le dijo a gritos fuera de la habitación
– Si quiere té – refunfuñó – tendrá té, incluso aunque tenga que seguir a ese maldito mayordomo hasta Bournemouth.
– No tengo ni idea de lo que podría hacer, mientras sea agradable – dijo con voz irónica.
– No me tiente, señorita Trent. Por si no lo ha notado, mi humor está pendiendo de un hilo muy fino.
– Oh, lo noté.
Blake la miró a los ojos con total incredulidad.
– Es un milagro que nadie te haya asesinado antes.
Caminó a grandes zancadas a través del pasillo, con Caroline aferrándose a sus hombros, y entró en la habitación verde.
No había señales del servicio de té.
– ¡Perriwick! – rugió Blake.
– Oh, señor Ravenscroft – solo llegaba la voz sin cuerpo del mayordomo.
– ¿Dónde está? – no pudo evitar preguntar Caroline, moviendo su cabeza para mirar hacia atrás.
– Solo Dios lo sabe – murmuró Blake, y gritó – ¿Donde demonios, Oh, estás aquí, Perriwick.
– Te acercas sigilosamente como un espíritu – dijo Caroline con una sonrisa.
– Es una de mis aptitudes más útiles – respondió Perriwick desde la entrada – me tomé la libertad de llevar el servicio de té a la habitación azul. Creí que la señorita Trent podría disfrutar de una vista del mar.
– Oh, eso me gustaría más que nada – dijo Caroline con una fascinación obvia – gracias Perriwick. Eres tan inteligente.
Perriwick sonrió alegremente.
Blake frunció el ceño.
– ¿Hay alguna cosa más que pueda hacer para verla cómoda, señorita Trent? – inquirió Perriwick.
– Ella está bien – gruñó Blake.
– Evidentemente, ella…
– Perriwick, ¿no hay fuego en el ala oeste?
Perriwick parpadeó, sorbió aire por la nariz, y miró fijamente a su patrón con abatimiento.
– No entiendo, señor.
– Si no hay un fuego que necesite extinguirse – dijo Blake – seguramente que puedes encontrar alguna otra tarea que terminar.
– Si, por supuesto, señor Ravenscroft – con una pequeña inclinación de cabeza, el mayordomo abandonó la habitación.
– No debería ser tan perverso con él – dijo Caroline.
– No debería decirme como llevar mi casa.
– No estaba haciendo tal cosa. Sencillamente le estaba diciendo como ser una persona más agradable.
– Eso es incluso más impertinente.
Ella encogió los hombros, intentando ignorar el modo en que se había apretado contra él mientras la llevó por toda la casa.
– A menudo soy impertinente.
– No se necesita estar mucho tiempo a su lado para darse cuenta de eso.
Caroline permaneció en silencio. Probablemente no debería hablar tan descaradamente a su anfitrión, pero muy a menudo su boca creaba las palabras sin el permiso del cerebro; además ella estaba bastante segura ahora de que su permanencia en Seacrest Manor era segura durante las próximas cinco semanas. Blake Ravenscroft no la quería aquí (podía incluso no gustarle) pero sin duda alguna se sentía culpable por haberla secuestrado equivocadamente, y su sentido del honor le exigía proveerla de un lugar donde permanecer hasta que estuviera a salvo de Oliver Prewitt.
Caroline se sonrió a sí misma. Un hombre con gran sentido del honor era algo muy bueno, ciertamente.
Algunas horas más tarde Caroline todavía estaba en la habitación azul, pero la habitación azul era poco menos aburrida que la primera estancia a la que ella había entrado ese día. Perriwick, en su deseo de poner a “ la linda y graciosa señorita Trent” tan cómoda y feliz como fuera posible, había traído varias bandejas de comida, un surtido de libros y periódicos, un equipo de acuarelas, y una flauta. Cuando ella le señaló que no sabía tocar la flauta, Perriwick se ofreció para enseñarla.