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Blake finalmente perdió la paciencia cuando Perriwick ofreció trasladar el piano dentro de la habitación (ó más bien, ofreció que lo llevara Blake, que era bastante más joven y más fuerte que él para hacerlo). Eso, había sido suficientemente malo, pero cuando Caroline preguntó si Perriwick iba a tocar para ella, Perriwick había contestado

– Dios mío, no, no sé tocar, pero estoy seguro de que el señor Ravenscroft estará feliz de agasajarla esta tarde.

En ese momento, Blake levantó sus brazos con rapidez y salió ofendido de la habitación, mascullando algo sobre como su mayordomo nunca había sido tan cortés ni se había preocupado por él.

Y eso fue lo último que Caroline había visto de él. De cualquier forma, se había dedicado a permanecer totalmente feliz esa tarde, tragando pasteles y pasando rápidamente la mirada por los números más recientes del London Times. Realmente, ella podía acostumbrarse a esa vida.

Ni siquiera su tobillo le dolía ya tanto.

Estaba bastante maravillada con las páginas de sociedad – teniendo en cuenta que ella no tenía ni idea de sobre a quién se referían, excepto posiblemente, el “Elegante y Peligroso señor R.”, que Caroline estaba empezando a sospechar que podría ser su nuevo amigo James, cuando el marqués en persona entraba a la habitación.

– Se ha ido durante un buen rato – dijo ella – ¿Le gustaría un pastel?

James miró por toda la habitación sin ocultar su curiosidad – ¿Hemos organizado otro banquete sin mi conocimiento?

– Sencillamente Perriwick quería asegurarse de que estaba cómoda – explicó Caroline.

– Ah, si, el sirviente parece bastante atontado contigo.

– Eso esta volviendo loco a Blake.

– Bueno – James cogió un pastel de un plato y dijo – ¿Adivinas lo que encontré?

– Probablemente no podría.

Él sostenía una hoja de papel – a ti.

– ¿Disculpe?

– Al parecer tu tutor te está buscando.

– Bueno, no me sorprende – comentó ella, tomando la nota y mirándola – yo valgo bastante dinero para él. Oh, esto es gracioso.

– ¿Qué?

– Esto – Caroline señaló el dibujo de ella, situado debajo de un titular que decía:

CHICA DESAPARECIDA. – Lo dibujó Percy.

– ¿Percy?

– Si, debería haber sabido que Oliver utilizaría a Percy para hacerlo. Es demasiado tacaño como para gastar dinero en un artista apropiado.

James levantó la cabeza y miró el dibujo un poco más detenidamente.

– No tiene mucho parecido.

– No, es verdad, pero espero que Percy lo hiciera a propósito. En realidad él es bastante hábil con lápiz y papel; pero recuerdo que él quiere encontrar a alguien mejor que yo.

– Que bobo – murmuró James.

Caroline levantó la vista sorprendida, segura de que debía haber oído mal.

– ¿Perdón?

– Percy, está bastante claro para mi desde que has dicho que probablemente quiere a alguien mejor que tú. Si yo fuera él, seguramente no me habría quejado de la elección de prometida de mi padre.

– Si usted fuera Percy – dijo Caroline irónicamente – Percy sería mucho más estupendo.

James se rió nerviosamente.

– Además – continuó – Percy cree que soy la más fea, pésimamente aficionada a los libros, y nunca dejó de quejarse de que yo no puedo estarme quieta.

– Bueno. No puedes.

– ¿Estarme quieta?

– Sí. Solo mira tu tobillo.

– Eso no tiene nada que ver.

– Eso tiene todo que ver.

– ¡Caramba! ¡Caramba! – se oyó una voz lenta y pesada desde la entrada – ¿estamos cómodos?

James alzó la mirada – Oh, buenos días, Ravenscroft.

– ¿Y donde te esfumaste esta mañana?

James sostuvo el cartel que había traído del pueblo

– Salí a investigar sobre nuestra señorita Trent.

– Ella no es nuestra señorita Tr…

– Discúlpame – dijo James con una sonrisa pérfida – tu señorita Trent.

Inmediatamente Caroline se sintió ofendida – Yo no soy…

– Esta es una conversación extremadamente estúpida – interrumpió Blake.

– Pienso exactamente lo mismo – murmuró Caroline. Entonces señaló la nota que se refería a ella y dijo – mire lo que trajo el marqués.

– Creí decirte que me llamaras James – dijo James.

– El marqués es perfecto – gruñó Blake – ¿y qué demonios es esto?

James le pasó el papel.

Blake lo desechó inmediatamente

– No se parece en nada a ella.

– ¿Tu crees que no? – preguntó James, con una expresión absolutamente angelical.

– No. Cualquier tonto podría ver que el artista puso sus ojos demasiado juntos, y la boca está totalmente mal, si realmente el artista quería capturarla en el papel, debería haberla mostrado sonriente.

– ¿Usted cree? – preguntó Caroline, encantada.

Blake frunció el ceño, claramente irritado consigo mismo

– No me preocuparía porque alguien vaya a encontrarla basándose en esto; y además, nadie sabe que está aquí, y no espero invitados.

– Cierto – musitó James.

– Y – añadió Blake – ¿Porque se preocuparía alguien? No se habla de una recompensa.

– ¿No hay recompensa? – exclamó Caroline – Vaya, que barata.

James rió en voz alta, e incluso Blake, con lo gruñón que era, estalló en una risa.

– Bueno, no me importa – anunció ella – No me importa nada que no ofrezca recompensa, de hecho, estoy contenta. Soy mucho más feliz aquí de lo que estaba con cualquiera de mis tutores.

– Yo también lo estaría – dijo Blake con ironía – si Perriwick y la señora Mickle me trataran así.

Caroline se volvió hacia él con una sonrisa traviesa, el deseo de bromear con él era demasiado fuerte como para ignorarlo

– A ver, a ver, no se ponga tan brusco porque a sus sirvientes les guste yo más.

Blake empezó a decir algo, y en ese momento se rió. Caroline sintió al instante que una feliz satisfacción se extendía por dentro de ella, como si su corazón reconociera que ella había hecho algo muy bueno al conseguir que ese hombre riera. Ella necesitaba a Blake, y el abrigo de su casa, pero sospechaba que tal vez él la necesitara a ella solo un poquito también.

Él tenía el alma herida, como la suya. Ella le sonrió a los ojos y murmuró

– Ojalá riera más a menudo.

– Si – dijo él ásperamente – lo ha dicho más de una vez.

– Estoy en lo cierto – en un impulso, le dio una palmadita en la mano. – Aceptaré que estoy equivocada en muchas cosas, pero estoy segura de llevar razón en esto. Una persona no puede estar tanto tiempo sin reír, como usted comprenderá.

– ¿Y usted como lo sabe?

– ¿Que una persona no puede estar tanto tiempo sin reír o que usted hace mucho, mucho tiempo que no se ríe?

Ella pensó en esto por un momento y dijo

– Con respecto a usted, bueno, todo lo que puedo decir es lo que he dicho; siempre parece un poco sorprendido cuando ríe, como si no esperara ser feliz.

Los ojos de Blake se dilataron imperceptiblemente, y sin pensarlo, susurró

– No.

– Y respecto a la otra cuestión – dijo Caroline mientras en su cara aparecía una sonrisa triste y melancólica. Hubo un largo silencio, como si intentara pensar las palabras correctas – sé lo que es no querer reír, sé como duele.