– ¿De veras?
– Y sé que tiene que aprender a encontrar su risa, y su tranquilidad, allí donde pueda. Yo la encuentro en… – se sonrojó – no importa.
– No – dijo él con urgencia – dígame.
Caroline miró alrededor
– ¿Qué le pasó al marqués? Parece que se ha esfumado otra vez.
Blake ignoró su pregunta. James tenía un talento natural para desaparecer cuando era conveniente, no se pondría delante de su amigo para hacer de casamentero.
– Dígame – repitió.
Caroline miró fijamente a la derecha de la cara de él, sin comprender porque se sentía tan obligada a desnudar su alma ante este hombre.
– Encuentro mi tranquilidad en el cielo nocturno, es algo que me enseñó mi madre; nada más que un pequeño truco – ella cambió su mirada hasta encontrarse con sus ojos – Probablemente cree que esto es ridículo.
– No – dijo Blake, sintiendo alrededor de su corazón algo muy extraño y cálido – creo que podría ser lo menos estúpido que he oído desde hace años.
CAPITULO 9
e-gre-gious (adjetivo). Digno de mención en un mal significado; vulgar, flagrante, escandaloso.
A menudo mi boca hace un gran despliegue de una desatención ilustre (egregious) por cualquier tipo de discreción, recato y buen tino.
Del diccionario personal de Caroline Trent.
El tobillo de Caroline estuvo mucho mejor al día siguiente, aunque ella todavía necesitaba un bastón para caminar. Acabar su trabajo en la biblioteca, sin embargo, estaba fuera de lugar, ella estaba lo suficientemente torpe sin intentar mover las inmensas pilas de libros, mientras se equilibrase sobre un pie; no había que decir el desorden que podría ocasionar mientras que estuviera minusválida por su tobillo hinchado.
Durante la cena de la noche anterior, James había mencionado que ella podría dibujar un plano de Prewitt Hall. Blake, que había estado más reservado durante toda la cena, había refunfuñado una respuesta afirmativa cuando ella le preguntó si pensaba que era una buena idea. Deseosa de impresionar a su anfitrión, se sentó en una mesa de despacho en la habitación azul y comenzó su esquema.
Organizar el plano del suelo, no obstante, demostraba que era más difícil de lo que ella había pensado, y pronto el suelo quedó esparcido de papeles arrugados y rotos cuyos dibujos le parecieron inaceptables. Después de treinta minutos de intentos infructuosos, finalmente ella declaró, a si misma y en alta voz
– Tengo una nueva apreciación y respeto por los arquitectos.
– ¿Disculpa?
Caroline levantó la vista sofocada al haber sido pillada hablándose a sí misma. Blake permanecía en la entrada, pero ella no podía decir si su expresión era divertida o molesta.
– Estaba hablando conmigo misma – titubeó ella.
Él sonrió y ella determinó con alivio que el estaba contento
– Si, eso está muy claro – dijo – ¿referente a los arquitectos, no?
– Estoy intentando dibujar un plano de Prewitt Hall para usted y el marqués – explicó – solo que no me sale bien.
Él fue caminando hacia la mesa de despacho y se inclinó sobre el hombro de ella, para analizar su último dibujo.
– ¿Cuál es el problema?
– No consigo aplicar las dimensiones exactas de las habitaciones, Yo… yo… – ella tragó saliva, él estaba terriblemente cerca, y su fragancia le trajo de vuelta el poderoso recuerdo de su beso robado. Olía a sándalo y menta y a algo más que ella no pudo identificar.
– ¿Sí? – le instó él.
– Yo… er… bueno, verá, es terriblemente difícil aplicar la configuración y las dimensiones correctas de las habitaciones al mismo tiempo – señaló el esquema – Empecé dibujando todas las habitaciones del lado oeste del vestíbulo principal, y pensé que las había puesto bien…
El se inclinó un poco más cerca, lo que provocó que ella perdiera el hilo de sus pensamientos.
– ¿Entonces que sucede? – murmuró él.
Ella tragó saliva.
– Puse la última habitación antes de dibujar la pared sur, y me di cuenta que no había dejado suficiente espacio – ella indicó con un movimiento brusco del dedo la diminuta habitación de atrás – parece que aquí no hay nada más que un armario, pero en realidad es más grande que ésta habitación – ella apuntó otro recuadro en el esquema.
– ¿Que habitación es ésa?
– ¿Esta? – preguntó Caroline ocupando todavía con su dedo el recuadro más grande.
– No, el que dice que debería ser más grande.
– Oh, ese es el salón de la zona sur. No sé mucho sobre él aparte que debería ser más grande que el que yo le he mostrado. No me estaba permitido ir allí.
Blake aguzó el oído inmediatamente.
– ¿¡No me diga!?
Ella afirmó con la cabeza.
– Oliver la llamaba su Casa del Tesoro, lo que yo siempre pensé que era bastante tonto, viendo que no era en absoluto una casa, sino una habitación.
– ¿Que clase de tesoros guardaba allí?
– Eso es lo extraño – replicó Caroline – no lo sé. En cualquier momento, compraba algo nuevo, cosa que hacía frecuentemente, y yo tendía a pensar que él estaba echando mano de mi dinero – ella parpadeó, perdiendo la pista completamente de lo que estaba salvando.
– Cuando compraba algo nuevo – Blake la instó, con lo que le parecía una paciencia asombrosa.
– Oh, si – respondió ella – bueno, cuando compraba algo nuevo le gustaba alardear de ello y admirarlo durante semanas; y siempre se aseguraba de que Percy y yo también lo admiráramos. Así que, si compraba un nuevo candelabro, uno podía estar seguro de que sería exhibido en el salón comedor; y si compraba un jarrón de gran valor, bueno vale, estoy segura de que entiendes lo que quiero decir. No le sentaría nada bien adquirir algo caro y excepcional y esconderlo fuera de la vista.
Blake no dijo nada, así que ella añadió:
– He estado divagando ¿verdad?
Él miró el esquema atentamente, después la miró fijamente a ella.
– ¿Y dice que mantiene esta habitación cerrada?
– Todo el tiempo.
– ¿Y a Percy no le está permitido entrar tampoco?
Ella movió la cabeza negativamente.
– No creo que Oliver tenga en mucha estima a Percy.
Blake dio un respiro, sintiendo como un arrebato familiar de excitación lo atravesaba. Era en ocasiones como ésta, que recordaba porque se había involucrado al principio con el Ministerio de Defensa, y el porqué había permanecido en él durante muchos años, incluso pensó que había tardado demasiado tiempo en salir de él. Se había dado cuenta hace mucho tiempo que le gustaba resolver problemas, unir las piezas de un puzzle hasta plantear el cuadro completo en su mente.
Y Caroline Trent le acababa de decir donde escondía Oliver Prewitt sus secretos.
– Caroline – dijo sin pensarlo – podría besarte.
Ella lo miró de repente.
– ¿Cómo?
Pero la mente de Blake ya había dado un salto y no solo no oyó a Caroline, ni siquiera había advertido que le había dicho que podía besarla. El ya estaba pensando en la pequeña habitación de la esquina de Prewitt Hall, y cómo él la había visto desde fuera cuando estuvo espiando la casa, y cual era el mejor camino para entrar dentro, y…
– ¡Señor Ravenscroft!
Él parpadeó y levantó la mirada hacia Caroline.
– Creí decirte que me llamaras Blake – dijo distraídamente.
– Lo hice – replicó ella – tres veces.
– Oh, lo siento mucho – entonces él volvió a mirar el mapa y la ignoró otra vez.