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Caroline frunció sus labios en una mueca que estaba entre medio irritada y medio divertida, recogió su bastón del suelo y se encaminó hacia la puerta. Blake estaba tan concentrado en sus pensamientos que probablemente no notaría que ella estaba ausente; pero en el momento en que su mano tocó el pomo de la puerta, ella oyó su voz.

– ¿Cuantas ventanas hay en esta habitación?

Ella se giró confundida – ¿Perdona?

Esta habitación secreta de los Prewitt, ¿Cuantas ventanas tiene?

– No estoy segura, exactamente, apenas estuve dentro alguna vez, pero con certeza conozco bien el terreno, y… déjame pensar – Caroline empezó a señalar con su dedo como si mentalmente contara las ventanas por fuera de Prewitt Hall – son tres en el salón comedor – murmuró ella – y dos en… ¡Una! – Exclamó.

– ¿Solo una ventana? ¿en la habitación de la esquina?

– Quise decir que solo hay una ventana en la pared oeste, pero en la sur – comenzó otra vez a agitar su dedo en el aire – en la pared sur hay una también.

– Excelente – dijo él, principalmente para sí mismo

– Pero os llevará un montón de tiempo entrar, si esa es vuestra intención.

– ¿Porque?

– Prewitt Hall no fue construido a nivel del suelo – le explicó – se inclina bajando al sur y al oeste, así que en esa esquina hay una buena cantidad de cimientos al descubierto, desde que yo me encargué de los jardines y planté algunos arbustos florecientes allí para ponerlos a cubierto, por supuesto, pero…

– Caroline.

– Si, por supuesto – dijo ella tímidamente terminando con sus divagaciones – lo que quise decir es que las ventanas están bastante por encima de la altura del suelo. Sería muy difícil saltar a través de ellas.

Él le brindó una sonrisa torcida.

– Donde hay voluntad, señorita Trent, hay una posibilidad.

– ¿Realmente crees eso?

– ¿Que clase de pregunta es esa?

Ella se ruborizó y apartó la mirada

– Una bastante impertinente, supongo, por favor, olvida lo que pregunté.

Hubo un largo silencio, durante el cual, él la miraba fijamente a los ojos de una manera embarazosa y finalmente, le preguntó

– ¿A que altura por encima del suelo?

– ¿Que? Oh, las ventanas – Sobre diez o doce pies, supongo.

– ¿Diez pies? ¿O doce?

– No estoy totalmente segura.

– Demonios – murmuró él.

Él habló tan decepcionado que Caroline sintió como si ella hubiera perdido una guerra para Gran Bretaña.

– No me gusta ser la parte débil – se dijo a sí misma.

– ¿Que dices?

Ella golpeó su bastón contra el suelo.

– Ven conmigo.

Él le hizo un gesto con la mano para que se fuera mientras volvía a examinar el esquema del suelo que ella había dibujado.

Caroline descubrió que no disfrutaba siendo ignorada por este hombre. ¡POM! Ella golpeó con el bastón contra el suelo.

Él levantó la vista con sorpresa

– ¿Disculpa?

– Cuando dije “ven conmigo” quise decir “ahora”.

Blake la miró intensamente por un momento claramente desconcertado por la nueva actitud autoritaria.

Finalmente cruzó sus brazos, la miró como un padre podría mirar a su hija y dijo – Caroline, si vas a formar parte de esta operación hasta la próxima semana, más o menos…

– Cinco semanas – le recordó ella.

– Si, si, por supuesto, pero vas a tener que aprender que tus deseos no pueden ser siempre lo primero.

Caroline creía que estaba siendo irritablemente condescendiente, y le habría gustado haberselo dicho así, pero en lugar de eso, de su boca brotaron violentamente las siguientes palabras

– Señor Ravenscroft, tu no conoces ni el más pequeño de mis deseos.

Él se enderezó en toda su estatura, y en sus ojos apareció un brillo diabólico que ella nunca había visto antes

– Bueno – dijo él lentamente – eso no es totalmente cierto.

Las mejillas de ella prácticamente estallaron en llamas

– Estúpida, estúpida boca – murmuró ella – siempre diciendo…

– ¿Estas hablando conmigo? – le preguntó sin siquiera molestarse en esconder su sonrisa arrogante.

No había nada que hacer sino defenderse con argumentos descarados – estoy enormemente avergonzada señor Ravenscroft.

– ¿De veras? No me había dado cuenta.

– Si fueras un caballero – dijo haciendo rechinar los dientes – lo harías.

– Pero yo no soy siempre un caballero – interrumpió él – solo cuando me apetece.

Evidentemente, ahora no le apetecía. Ella masculló unas cuantas palabras sin sentido por lo bajo, y entonces dijo

– Creo que podríamos salir fuera para que pueda comparar la altura de estas ventanas con las de Prewitt Hall.

El se puso de pie de repente

– Esa es una excelente idea, Caroline – le ofreció su brazo – ¿necesitas ayuda?

Después de su vergonzosa reacción al besarlo unos días antes, Caroline era de la opinión de que tocarlo era siempre una mala idea, pero esto era un comentario bastante embarazoso para hacerlo en voz alta, así que negó con la cabeza y dijo

– No, voy bastante ágil con este bastón.

– Ah, si, el bastón, parece la antigüaya que mi tío George trajo de Oriente. ¿Dónde lo conseguiste?

– Perriwick me lo dio.

Blake movió su cabeza negativamente mientras mantenía abierta la puerta para ella

– Debería haberlo sospechado.

– Perriwick te daría la escritura de esta casa si supiera donde encontrarla.

Ella soltó una risa traviesa por encima de su hombro mientras cojeaba hasta el vestíbulo

– ¿Y donde dijiste que estaba?

– Zorra engañosa, la he tenido bajo llave desde el día en que llegaste.

La boca de Caroline se abrió de golpe y se rió

– ¿Tan poco confías en mí?

– En ti, confío. En cuanto a Perriwick…

Para entonces, ellos ya salían a la puerta trasera del jardín, Caroline estaba riendo tontamente tan fuerte que tuvo que sentarse en los escalones de piedra

– Debes admitir – dijo con un movimiento magnánimo de su mano – que los jardines se ven bastante espléndidos.

– Supongo que debo – su voz era en parte un gruñido y en parte una risa, así que Caroline supo que no estaba enojado con ella realmente.

– Sé que solo lleva dos días – dijo entrecerrando los ojos hacia las plantas – pero estoy convencida de que las flores están más sanas en su nueva ubicación.

Cuando ella miró a Blake su cara mantenía una expresión curiosamente tierna. El corazón de ella se entibió, se sintió tímida de repente.

– Vamos a examinar las ventanas – dijo ella precipitadamente, dándose la vuelta. Ella fue cojeando por encima de la hierba y se paró enfrente de la ventana del estudio.

Blake la observó mientras ella levantaba la cabeza para calcular la altura de la ventana. La cara de ella resplandecía de lozanía y rubor por el aire matutino, y su pelo era casi rubio con el sol de verano. Parecía tan condenadamente impetuosa e inocente, que eso le producía dolor de corazón.

Ella le dijo que necesitaba reír más; estaba en lo cierto, él se dio cuenta, fue maravilloso reír junto a ella esta mañana; pero eso no era nada comparado con el placer que él había sentido cuando la había hecho reír a ella. Hacía tanto tiempo que él no había conseguido la felicidad de alguien, que había olvidado lo agradable que era.

Había cierta libertad en permitirse a sí mismo ser claramente estúpido de vez en cuando. Blake decidió no olvidar eso, cuando finalmente rompiera sus vínculos con el Ministerio de Defensa. A lo mejor era el momento de dejar de ser tan endemoniadamente serio todo el tiempo, a lo mejor era el momento de permitirse un pequeño placer.