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– Podrías intentar utilizarlas en el contexto, es la mejor manera de recordar lo que significan – dio media vuelta y desapareció.

Tenía que conceder que la idea era buena, pero todo esto la había dejado con un ferviente deseo de usar insufrible, arrogante e irritante, en una sola frase.

Seis horas más tarde, Caroline estaba extremadamente malhumorada, Blake y James habían permanecido toda la tarde encerrados en el despacho de Blake, planeando el “ataque” sobre Prewitt Hall.

Sin ella.

Y ahora se marchaban, tenían que salir cabalgando al abrigo de la noche sin luna. Incluso las estrellas se habían escondido oportunamente por detrás de las nubes.

Esos condenados hombres. Creían que eran invencibles, pero Caroline sabía más, cualquiera podía resultar herido.

Lo peor de todo era que ellos actuaban como si todo eso fuera endiabladamente divertido. Habían discutido sus planes bastante animadamente, debatiendo sobre el tiempo, el transporte y la mejor aproximación; y para colmo ni se habían molestado en cerrar la puerta del estudio de Blake. Caroline lo había oído todo desde la biblioteca.

En este momento, estarían probablemente acercándose a Prewitt Hall, preparándose para irrumpir por el salón del ala sur…

Sin ella.

– Estúpidos, estúpidos hombres – gruñó. Dobló su rodilla, ni siquiera una mínima molestia – evidentemente, podría haberlos acompañado. No les habría hecho aminorar el paso.

Vestidos totalmente de negro, ellos parecían apuestos rompe corazones; y cuando los vio marchar, Caroline se sintió insoportablemente desaliñada. Vestía uno de los vestidos nuevos que Blake había adquirido para ella, pero todavía se sentía como una vulgar paloma al lado de estos dos elegantes cuervos.

Se sentó en una mesa de la biblioteca sobre la que había apilado todas las biografías. Había planeado pasar la tarde ordenándolas por temas según el orden alfabético; una tarea que iba a realizar ahora con más energía de la que era realmente necesaria.

Platón antes que Sócrates, Cromwell antes que Fawkes… Ravenscroft y Sidwell antes que Trent.

Caroline puso de golpe Milton antes de Machiavelli. Esto no estaba bien. No deberían haberse ido sin ella. Les había dibujado el plano de Prewitt Hall, pero nada podía substituirlo por conocimientos de primera mano. Sin ella, corrían el peligro de adentrarse en la habitación equivocada, de despertar a un sirviente, de (tragó saliva con miedo) conseguir que los mataran.

La idea de perder a sus recién descubiertos amigos fue como hielo alrededor de su corazón. Había pasado toda una vida al margen de una familia, y ahora, que finalmente había encontrado a dos personas que la necesitaban (aunque fuera puramente a nivel de seguridad nacional) no quería quedarse de brazos cruzados y verlos meterse de cabeza al peligro.

El mismo marqués le había dicho que ella era de gran importancia para la investigación. Y en cuanto a Blake, bueno, Blake no quería admitir que de alguna manera, ella estaba implicada en su trabajo para el Ministerio de Defensa, pero le había dicho que ella había hecho un buen trabajo dándoles un breve informe sobre la casa de los Prewitt y sus costumbres.

Sabía que a ellos les iría mucho mejor con su ayuda en persona. Porque, ellos no sabían ni siquiera que…

Caroline se llevó la mano a su boca con horror. ¿Cómo podía haber olvidado hablarles sobre el té de la tarde de Farnsworth? Era un ritual para el mayordomo. Cada noche, como un reloj, tomaba un té a las diez. Era una costumbre excéntrica, pero sobre la que Farnsworth insistía. Té, caliente y humeante, con leche y azúcar torta de mantequilla y mermelada de fresa, él exigía su refrigerio nocturno, y le dolía que alguien le interrumpiera. Caroline le pidió prestada una vez la tetera y se encontró sin mantas durante una semana. En Diciembre.

Los ojos de Caroline se dirigieron velozmente hacia el reloj de pié. Eran las nueve y cuarto, Blake y James se habían ido quince minutos antes, llegarían a Prewitt Hall a las…

Oh, Dios mío, llegarían justo cuando Farnsworth estuviera preparando su refrigerio. El mayordomo podría adelantarles en años, pero ciertamente no era débil, y era bastante hábil con armas de fuego; y él tenía que pasar por el salón del ala sur en el camino de sus habitaciones a la cocina.

Caroline permanecía de pie, con los ojos enormemente abiertos y expresión decidida. La necesitaban. Blake la necesitaba. No podría vivir consigo misma si no iba a avisarlos.

Sin prestar atención a su tobillo, salió violentamente de la habitación, dirigiéndose directamente hacia los establos. Cabalgó como el mismo viento, no era el mejor jinete, en realidad, la mayoría de sus tutores no le habían dado muchas oportunidades de practicar, pero ella era capaz y podía mantenerse en la silla.

Sin duda nunca había tenido una razón tan buena para montar a galope tendido.

Para cuando ella alcanzó los lindes de la propiedad de Oliver, el reloj de bolsillo que había cogido del despacho de Blake daba exactamente las diez en punto. Ató a la yegua (que también había tomado prestada de Blake) a un árbol, y avanzó agachada hacia la casa, escondiéndose por detrás de los altos setos que estaban colocados al lado del camino. Cuando llegó a Prewitt Hall se agachó; dudó que hubiera alguien despierto, salvo Farnsworth en la cocina, pero parecía prudente mantener su silueta lejos de cualquier ventana.

– Blake tendría que tener esto muy en cuenta – se susurró para sí misma. No sólo parecía totalmente estúpida, andando a cuatro patas, se le acababa de ocurrir que estaba de vuelta en Prewitt Hall, ciertamente el único lugar en el que ella no quería estar durante las siguientes cinco semanas. ¡Y había vuelto por su propia voluntad! Qué idiota. Si Oliver ponía sus manos sobre ella…

“Oliver esta jugando a las cartas. Oliver esta haciendo trampas con las cartas. Oliver no estará de vuelta durante algunas horas”. Era fácil murmurar esos pensamientos, pero eso no le hacía más segura, de hecho, sentía su estómago como si hubiera tragado un par de perros de caza.

– Recuérdame que no me moleste si me dejan sola – se dijo a sí misma. Se había irritado mucho cuando Blake y James se habían ido sin ella, pero ahora que estaba aquí, en el fondo de la acción, todo lo que quería era estar de vuelta en Seacrest Manor, quizás con una taza de té caliente, y a ser posible con un gran trozo de pan tostado…

Llegado este punto, Caroline decidió que no estaba hecha para una vida de espionaje. Alcanzó la esquina noroeste de la casa y echó un vistazo alrededor, su mirada recorrió a lo largo del muro de la parte oeste. No vio ni a Blake ni a James, lo que probablemente significaba que estaban accediendo a la habitación por la ventana del lado sur. Si ellos no lo habían conseguido ya.

Caroline se mordió el labio. Si estaban dentro del salón del ala sur, Farnsworth seguramente los oiría, y Oliver guardaba un arma cargada en un armario de la sala. Si Farnsworth sospechaba que había intrusos, seguro que cogería el arma antes de investigar y Caroline dudaba bastante que el mayordomo les hiciera preguntas antes de apretar el gatillo.

Un nuevo pánico nació en su interior, se deslizó al lado de la hierba, moviéndose más rápido de lo que pensó que podía hacerlo a gatas.

Y entonces dobló la esquina.

– ¿Oíste algo?

James bajó la mirada desde su puesto en el picaporte de la ventana y negó con la cabeza. Estaba subido sobre los hombros de Blake para poder llegar hasta la ventana.

Mientras que James continuó con su tarea, Blake miró a derecha e izquierda, y volvió a oírlo otra vez, un ruido como de escabullirse, golpeó ligeramente a James en los pies y puso su dedo índice sobre los labios.