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James asintió y paró un momento, causando el ocasional tintineo y choque, cuando le golpeó el picaporte con su lima. Saltó silenciosamente al suelo mientras Blake se agachaba e instantáneamente adoptó una postura de alerta.

Blake sacó su pistola a la vez que avanzaba lentamente hasta la esquina, pegando la espalda contra la pared, se acercaba una pequeña sombra. No habría sido perceptible de no haber dejado alguien una vela encendida en una de las ventanas de la pared de la parte oeste. Y esa sombra crecía al ir acercándose.

El dedo de Blake se cerró sobre el gatillo. Y una mano apareció a la vuelta de la esquina. Blake se abalanzó.

CAPITULO 11

pleth-o-ra (sustantivo). Demasiado lleno desde cualquier punto de vista, sobreabundancia.

Blake insiste en que hay una verdadera sobreabundancia (plethora) de razones para no poner nada importante en lo que he escrito, pero no puedo creer que haya nada en mi pequeño diccionario que pueda ser incriminatorio.

Del diccionario personal de Caroline Trent.

Un momento Caroline estaba andando a cuatro patas, y al siguiente estaba tan plana como un crepe, con un gran, pesado y extrañamente cálido peso sobre su espalda. Esto, de cualquier forma, era menos desconcertante que el arma que le presionaba contra las costillas.

– No te muevas – le gruñó una voz al oído. Una voz familiar.

– ¿Blake? – gruñó ella.

– ¿Caroline? – Él pronunció esa palabra de una forma tan estúpida como nunca antes la había oído ella, y creyó haberlas oído todas de sus diferentes tutores.

– La misma – replicó tragando saliva – y en realidad, no puedo moverme, de todas formas. Eres bastante pesado.

Él rodó apartándola y la perforó con una mirada que era un tercio de incredulidad y dos tercios de furia total. Caroline deseó en ese momento que las cosas no fueran así. Blake Ravenscroft definitivamente no era un hombre con el que poder cruzarse.

– Te voy a asesinar – siseó él.

Ella tragó saliva.

– ¿No me vas a sermonear primero?

La miró intensamente con una enorme dosis de estupefacción

– Me retracto – dijo queriendo abreviar – primero te voy a estrangular, y después te asesinaré.

– ¿Aquí? – preguntó ella dubitativamente, mirando a su alrededor – ¿no parecerá sospechoso mi cadáver por la mañana?

– ¿Qué demonios estás haciendo aquí? Tenias ordenes explícitas de quedarte…

– Lo sé – susurró con rapidez, presionando su dedo contra sus labios – pero recordé algo, y…

– Me da igual si recordaste completo el segundo evangelio de la Biblia, te dijimos…

James puso una mano sobre el hombro de Blake y dijo

– Escúchala hasta el final, Ravenscroft.

– Es el mayordomo – agregó Caroline rápidamente, antes de que Blake cambiara de idea y decidiera estrangularla después de todo. – Farnsworth, olvidé lo de su té, él tiene una costumbre muy rara, sabes. Toma té a las diez todas las noches, y pasa justamente por… – su voz se fue desvaneciendo conforme veía un rayo de luz moverse en el salón comedor. Tenía que ser Farnsworth, sujetando un farol mientras caminaba a través del pasillo. Las puertas del salón comedor se dejaban normalmente abiertas, por lo que si su farol era bastante luminoso, les sería posible ver su resplandor a través de la ventana.

A menos que hubiera oído algo y estuviera en el salón comedor investigando…

Los tres se tiraron a tierra con gran presteza.

– Tiene un oído muy agudo – susurró Caroline.

– Entonces cierra la boca – le siseó Blake como contestación.

Y ella lo hizo.

La luz cambiante desapareció por un momento, y reapareció en el salón del ala sur – Creí que dijiste que Prewitt mantenía esa habitación cerrada con llave – susurró Blake.

– Farnsworth tiene una llave – le contestó ella.

Blake le indicó con la mano que se alejara de la ventana del salón del ala sur, así que ella se arrastró sobre su vientre hasta que estuvo cerca del salón comedor. Blake estaba justo detrás de ella. Ella buscó alrededor a James, pero él se había ido cerca de la esquina en dirección opuesta.

Blake señaló el edificio y gesticuló con los labios

– Más cerca de la pared.

Caroline siguió sus instrucciones hasta que estuvo pegada a la fría piedra exterior de Prewitt Hall; al segundo, sin embargo, su otro lado estaba aprisionado contra el cálido cuerpo de Ravenscroft.

Caroline se quedó sin aliento. ¡El hombre estaba tendido sobre ella! Le habría roto los tímpanos, si no fuera porque sabía que tenía que mantener la voz baja. Sin mencionar el hecho de que estaba tendida boca abajo sobre la tierra y no deseaba tomar un bocado de hierba.

– ¿Cuantos años tiene el mayordomo?

Ella casi jadeó, sentía la respiración de él caliente contra su mejilla, y podía jurar que sintió el contacto de los labios de él contra su oreja.

– Al, al menos cincuenta – susurró – pero es un tirador formidable.

– ¿El mayordomo?

– Sirvió en el ejército – explicó ella – en las Colonias. Creo que le fue concedida una medalla al valor.

– Solo me pasa a mi – murmuró Blake – supongo que no es tan hábil con un arco y una flecha.

– Toma, no, pero yo lo vi una vez lanzando a un árbol con un cuchillo desde veinte pasos.

– ¿Qué? – Blake juró por lo bajo, otra de esas espléndidas maldiciones creativas que tanto la impresionaban.

– Estoy de guasa – dijo ella rápidamente.

El cuerpo de él se tensó completamente de furia

– Este no es el momento ni el lugar para…

– Si, ya me he dado cuenta – refunfuño.

James apareció por la esquina, andando sobre sus manos y sus rodillas, mirandolos con interés.

– No tenía ni idea de que os estabais divirtiendo tanto aquí.

– Nosotros no nos estamos divirtiendo – Blake y Caroline sisearon al unísono.

James hizo un gesto negativo con su cabeza con tal solemnidad, dejando claro que se estaba burlando de ellos.

– No, obviamente no. – entonces centró su mirada en Blake, que todavía permanecía tumbado sobre Caroline – Volvamos al trabajo, el mayordomo se ha ido a su habitación.

– ¿Estás seguro?

– Vi la luz desaparecer del salón, después se fue por las escaleras.

– Hay una ventana en el hueco de la escalera – explicó Caroline – podéis verla desde el lado sur.

– Vale – dijo Blake rodando para quitarse de encima de ella y agachándose – Volvamos al trabajo abriendo esas ventanas.

– Mala idea – dijo Caroline. Ambos se volvieron a mirarla, y en la oscuridad ella no podía estar segura si sus expresiones eran de estar interesados o desdeñosas.

– Farnsworth os oirá desde su habitación – dijo – solo son dos pisos y desde que hace calor, lo más probable es que él haya abierto las ventanas; si se le ocurre mirar hacia afuera, lo más seguro es que os vea.

– ¿Podrías habernos dicho esto antes de que intentáramos entrar por la fuerza? – dijo Blake bruscamente – aún te puedo llevar de regreso.

Ella respondió cortante.

– ¿Cómo? Gracias, Caroline – dijo ella sarcásticamente – es muy considerado de tu parte. Claro, de nada, Blake, no es ningún problema ayudarte.

El no parecía divertido.

– No tenemos tiempo para bromas, Caroline. Dinos que hacer.

– ¿Podéis forzar una cerradura?

Parecía ofendido porque ella incluso lo preguntara