– Por supuesto, Riverdale es el más rápido, creo.
– Estupendo. Seguidme.
Él apoyó su mano fuertemente sobre el hombro derecho de ella.
– Tú no vas a entrar.
– ¿Supongo que debo permanecer aquí fuera yo sola? ¿Donde cualquiera que pase me reconocería y me volvería a llevar con Oliver? Por no hablar de ladrones, bandidos,…
– Disculpa, Caroline – la interrumpió James – pero nosotros somos los ladrones y bandidos en este pequeño escenario.
Caroline contuvo la risa.
Blake estaba furioso.
James miró de un lado a otro a los dos con abierto interés. Finalmente dijo
– Ella lleva razón, Ravenscroft, no podemos dejarla sola aquí fuera. Dirige, Caroline.
Blake pronunció maldiciendo que parecía echar sapos y culebras, pero caminó penosamente tras James y Caroline sin comentar nada más negativo.
Ella los llevó a una puerta lateral parcialmente oculta por un gran arce inglés. Entonces se agachó y puso su dedo sobre sus labios, indicando que debían permanecer quietos. Los dos hombres la miraron con confusión e interés mientras ella se enderezaba y golpeaba la puerta con su hombro, oyeron abrir un picaporte, y Caroline balanceando la puerta abierta.
– ¿El mayordomo no habrá oído esto? – preguntó James.
Ella negó con la cabeza.
– Su habitación está demasiado lejos. La única persona que vive en este lado del pasillo es el ama de llaves, y ella es totalmente sorda. Yo he salido y entrado furtivamente de esta manera muchas veces. Nunca me pilló nadie.
– Podrías habernos dicho esto antes – dijo Blake.
– No lo has entendido bien. Tienes que golpear la puerta exactamente así. Me llevó semanas aprender.
– ¿Y que hacías escapando furtivamente por las noches? – le reclamó.
– Eso no es asunto tuyo.
– Te convertiste en asunto mío cuando te quedaste a vivir en mi casa.
– Vale, ¡ yo no me habría trasladado, si tú no me hubieras raptado!
– No te habría raptado si tú no hubieras estado deambulando por medio del campo, sin pensar en tu propia seguridad.
– Seguramente estaba más segura en el campo que lo estuve en Prewitt Hall, y tú bien lo sabes.
– Tú no estarías a salvo ni en un convento – murmuró él.
Caroline puso sus ojos en blanco
– Si eso no es lo más ridículo… Oh, no importa, si estás tan molesto porque yo no te dejé abrir la puerta, venga, la cerraré de nuevo y podrás intentarlo.
Él dio un paso amenazador hacia delante
– ¿Sabes? si yo te estrangulara ahora mismo, no habría ningún tribunal en este país que no me absolviera.
– Si ambos enamorados pueden dejar de hablarse en tono brusco – cortó James – me gustaría investigar el estudio antes de que Prewitt vuelva a casa.
Blake miró enfurecido a Caroline como si todo el retraso fuera por su culpa, lo que la llevó a sisear
– No olvides que si no fuera por mí…
– Si no fuera por ti – le respondió – sería un hombre muy feliz.
– Estamos perdiendo el tiempo – les recordó James – vosotros podéis permanecer aquí, si no paráis de discutir, pero yo voy a investigar el salón.
– Yo iré delante – anunció Caroline – puesto que me sé el camino.
– Tú irás detrás de mí – la contradijo Blake – y me dirás hacia donde nos dirigiremos.
– Por el amor de Dios – soltó James finalmente – mostrando la exasperación en cada fibra de su cuerpo – yo iré delante, si los dos cerráis el pico. Caroline, sígueme y me vas guiando. Blake, tu protégela por detrás.
El trío se encaminó hasta entrar en la casa, asombrosamente sin pronunciar otra palabra salvo las instrucciones susurradas por Caroline. Pronto se encontraron enfrente de la puerta del salón del ala sur. James sacó una extraña herramienta plana y la metió en la cerradura.
– ¿Esa cosa en realidad funciona? – susurró Caroline a Blake.
Él afirmó con un movimiento de cabeza brusco.
– Riverdale es el mejor, el puede forzar una cerradura con más rapidez que cualquiera, mira, observa, tres segundos más, uno, dos…
Clic. La puerta de pronto se abrió.
– Tres – dijo James con una sonrisa ligera de satisfacción hacia sí mismo.
– Bien hecho – dijo Caroline.
El se giró para sonreírle.
– Nunca he encontrado una mujer o una cerradura que se me resista.
Blake murmuró algo entre dientes y pasó delante de ellos a grandes zancadas
– Tú – dijo volviéndose y señalando a Caroline – no toques nada.
– ¿Quieres que te diga también lo que Oliver no quería que tocara? – preguntó con una sonrisa evidentemente falsa.
– No tengo tiempo para juegos, señorita Trent.
– Oh, nunca se me ocurriría hacerte perder el tiempo.
Blake se volvió hacia James.
– Voy a matarla.
– Y yo voy a matarte – le contestó James – a los dos – pasó por delante de ellos bruscamente y se dirigió directamente hacia el escritorio – Blake, tu examina las estanterías. Caroline, tú… bueno, no sé que deberías hacer pero intenta no gritar a Blake.
Blake sonrió satisfecho.
– Él me gritó a mí primero – murmuró Caroline, totalmente consciente de que estaba comportándose como una niña.
James movió su cabeza negativamente y se puso a trabajar sobre los cajones cerrados del escritorio. Con mucho cuidado abrió cada una de las cerraduras, y examinó el contenido de cada cajón, arreglándolo todo después para que Oliver no se diera cuenta que los habían forzado.
Cuando había pasado alrededor de un minuto, sin embargo, Caroline se compadeció de él y le dijo
– Deberías concentrarte en el último de abajo a la izquierda.
El se volvió para mirarla con interés.
Ella encogió los hombros, inclinando la cabeza para un lado a la vez que se movía.
– Es el único por el que Oliver siempre tenía más manía. Una vez casi le arranca la cabeza a Farnsworth por limpiar la cerradura.
– ¿No podías habérselo dicho antes de que examinara los demás cajones? – le preguntó Blake furiosamente.
– Lo intenté – le replicó ella – y amenazaste con matarme.
James ignoró sus puyas y forzó la cerradura del cajón más bajo de la izquierda. El cajón se deslizó de pronto, dejando ver un montón de carpetas, todas ellas etiquetadas con fechas.
– ¿Qué es eso? – preguntó Blake.
James dejó salir un profundo silbido.
– Es el billete de Prewitt para la horca.
Blake y Caroline se agolparon alrededor, impacientes por echar un vistazo. Había quizás unas tres docenas de carpetas, cada una de ellas pulcramente registrada con una fecha. James tenía una de ellas abierta encima del escritorio y estaba examinando su contenido con gran interés.
– ¿Qué pone? – preguntó Caroline.
– Son documentos de las actividades ilegales de Prewitt – respondió Blake – el muy imbécil las ha puesto por escrito.
– Oliver es muy organizado – dijo ella – siempre que se le ocurre cualquier clase de proyecto lo pone por escrito para seguirlo a la perfección.
James señaló una frase que empezaba por las iniciales CDL
– Debe ser Carlota – susurró – pero ¿de quién serán estas?.
Los ojos de Caroline siguieron su dedo a MCD
– Miles Dudley – dijo ella.
Los dos hombres volvieron su cara hacia ella.
– ¿Quién? – preguntaron los dos.
– Creo que es Miles Dudley, no conozco su inicial de en medio, pero es el único con iniciales MD en quien puedo pensar. Es uno de los compinches de más confianza de Oliver. Se conocen desde hace años.
Blake y James se miraron el uno al otro.
– Lo encuentro detestable – continuó Caroline – siempre babeando tras las criadas, y tras de mí. Siempre me las ingenio para estar ausente cuando llega.