Blake se volvió hacia el marqués – ¿Hay suficiente en esta carpeta para detener a Dudley?
– Habría – respondió James – si pudiéramos estar seguros de que MCD es realmente Miles Dudley. No se puede ir encarcelando a la gente basándose en sus iniciales.
– Si detienes a Oliver – dijo Caroline – estoy segura de que él incriminaría al señor Dudley, ellos son muy buenos amigos, pero dudo que la lealtad de Oliver se mantuviera firme bajo tales circunstancias. Cuando las cosas se ponen mal, Oliver no mantiene una verdadera lealtad con nadie, excepto con él mismo.
– Eso no es un riesgo, estoy preparado para asumirlo – dijo Blake severamente – no descansaré hasta ver a esos dos traidores en prisión o colgados, necesitamos pillarlos en acción.
– ¿Hay algún modo en que puedas determinar cuando planea Oliver su próxima acción de contrabando? – preguntó Caroline.
– No – contestó James, ojeando el montón de carpetas – a menos que haya sido totalmente estúpido.
Caroline se inclinó hacia delante.
– ¿Qué me dices de ésta? – preguntó ella, sacando una carpeta casi vacía marcada con 31-7-14.
Blake se la arrebató, ojeó el contenido.
– ¡Que idiota!
– En realidad no discutiré contigo sobre la idiotez de Oliver – le cortó Caroline – pero debo decir que estoy segura de que no esperaba que registraran su oficina.
– Nadie pondría esa clase de información por escrito – dijo Blake.
– Claro, Ravenscroft – dijo James enarcando sus cejas maliciosamente – con razonamiento como ese, serías un criminal excelente.
Blake estaba tan absorto con la carpeta, que ni siquiera se molesto en mirar con fiereza a su amigo.
– Prewitt está planeando algo gordo, a juzgar por las apariencias, más grande que cualquier cosa que haya hecho antes; menciona CDL y MCD y “el resto”, también señala una gran suma de dinero.
Caroline asomó cuidadosamente la cabeza por encima del brazo de él para ver la cifra escrita en la carpeta.
– Oh, Dios mío – dijo en voz baja – con ese dinero, ¿para qué quería mi herencia?
– Hay quién piensa que nunca tiene suficiente – replicó Blake con mordazmente.
James aclaró su garganta.
– Entonces, creo que deberíamos esperar a finales de mes, y atacar cuando podamos echarles el guante a todos; eliminamos a todo el equipo en una sola redada limpia.
– Suena a buen plan – asintió Caroline – incluso aunque tengamos que esperar tres semanas.
Blake se volvió hacia ella con una expresión de furia.
– Tú no participas.
– ¡Al demonio lo que tú digas! – contestó secamente con las manos sobre sus caderas – si no fuera por mí, ni siquiera sabrías que está planeando algo para ese miércoles – cerró los ojos un momento meditando – caramba, ¿tu crees que no ha pasado todos esos miércoles jugando a las cartas? Me pregunto si ha estado haciendo contrabando partiendo de esa base. Cada miércoles y tal.
Caroline se puso a ojear todas las carpetas, revisando las fechas, y sumando y restando mentalmente siete, a cada una de ellas. ¡Mira! Todas son para el mismo día de la semana.
– Dudo que haga contrabando todos los miércoles – dijo James algo distraído – pero es una tapadera excelente para cuando él realiza actividades ilegales. ¿Con quiénes juega él a las cartas?.
– Miles Dudley, el primero.
Blake movió su cabeza afirmativamente.
– Es probable que todos los que juegan estén involucrados. ¿Quién más?
– Bernard Leeson. Él es el médico de nuestro pueblo.
– Tiene sentido – murmuró Blake – odio las sanguijuelas.
– Y Francis Badeley – terminó ella – el magistrado.
– Entonces supongo que no nos dirigiremos a él para que nos ayude en nuestra detención – dijo James.
– Probablemente se detendrá él mismo – respondió Blake – tendremos que avisar a los de Londres.
James asintió.
– Moreton querrá alguna evidencia antes de desplegar a sus hombres a tan elevada escala. Vamos a necesitar llevarnos estas carpetas.
– Si yo fuera tú, no me llevaría todas – se interpuso Caroline – Oliver pasa a esta habitación casi a diario, estoy segura de que se dará cuenta si le faltan carpetas.
– Se te da bien esto – respondió James con una risa ahogada – ¿estás segura que no quieres un contrato?.
– Ella no está trabajando para el Ministerio de Defensa – gruñó Blake. Caroline tuvo la sensación que él habría dicho a gritos esa afirmación de no haber estado rondando por el estudio de Oliver.
– Nos llevaremos un par de ellas – replicó James, ignorando la intromisión de Blake – pero no podemos llevarnos ésta – levantó la carpeta de la próxima misión – querrán revisarla un poco antes.
– Dale a Caroline un trozo de papel – dijo Blake hablando lenta y pesadamente – estoy seguro de que será feliz de anotar la información. Después de todo, tiene una caligrafía exquisita.
– No sé dónde tiene Oliver el papel en blanco – contestó Caroline, ignorando su sarcasmo, casi nunca me permitió entrar en esta habitación. De cualquier modo, sé donde conseguir un poco, abajo en el vestíbulo, y también pluma y tinta.
– Buena idea – dijo James – cuanto menos registremos aquí, menos cambios notará Prewitt de que alguien ha estado mirando sus cosas. Caroline, ve a conseguir el papel y la pluma.
– De acuerdo – se despidió con garbo, y salió corriendo hacia la puerta.
Pero Blake se movió rápidamente.
– Tú no te vas sola – siseó – despacio.
Caroline no disminuyó su paso en absoluto, no dudaba de que él la seguiría hasta el vestíbulo, y hasta entrar en el salón de la zona este, era la sala que tenía que usar para recibir a las señoritas de la vecindad.
No es que hubieran venido muchas, pero de todas formas, Caroline, había mantenido papel, plumas y tinta allí, en caso de que alguien necesitase apuntar una nota o correspondencia.
En el momento en que iba a meterse en la habitación, oyó un ruido que venía de la puerta principal. Un ruido que sonaba sospechosamente como una llave girando en una cerradura. Se volvió a Blake y siseó.
– ¡Es Oliver!
Él no perdió el tiempo hablando. Antes que Caroline se percatara de lo que estaba pasando, la empujó dentro del salón de la zona este y la agachó detrás del sofá. Su corazón latía tan ruidosamente, que se sorprendió de no despertar a la casa entera.
– ¿Qué pasa con James? – susurró ella.
Blake puso su dedo en los labios de ella.
– Sabrá que hacer, ahora cállate, está entrando.
Caroline apretó los dientes para evitar que rechinaran de miedo, mientras escuchaba el sonido de los zapatos de Oliver taconeando por el vestíbulo, ¿Qué pasaría si James no lo había oído entrar?¿Y si lo hubiera oído pero no le diera tiempo a escapar? ¿Y si le hubiera dado tiempo a escapar pero olvidara cerrar la puerta?.
Le dolía la cabeza con la miríada de posibilidades para un desastre.
Pero los talones de Oliver no se dirigían hacia el salón de la zona este, ¡Se dirigían directamente hacia ella! Caroline sofocó un grito y le dio un codazo a Blake en las costillas. El no tuvo ninguna reacción salvo por que aún se puso más rígido de lo que ya estaba.
Caroline echó un vistazo por encima de una mesa cercana. Sus ojos cayeron sobre una jarra de brandy. A Oliver le gustaba llevarse una copa a la cama; si él no se giraba mientras lo echaba, no los vería, pero si se giraba…
Aterrorizada hasta los más hondo, tiró del hombro de Blake. Duro.
El no se movió.
Con movimientos frenéticos ella golpeaba en el pecho de él y señalaba la jarra de brandy.