– ¿Qué? – gesticuló Blake con los labios.
– El brandy – contestó ella en la misma forma, señalando la jarra furiosamente con movimientos bruscos de su dedo.
Los ojos de Blake se abrieron desmesuradamente, y recorrió con la mirada toda la habitación, buscando otro lugar para esconderse. La luz era débil, por lo que era difícil ver.
Caroline tenía ventaja, de cualquier manera, al conocer la habitación como la palma de su mano. Sacudió su cabeza hacia un lado, en ademán para que Blake la siguiera, y avanzó agachada hacia el otro sofá, agradeciendo a su creador todo el rato que Oliver había elegido colocar una alfombra. Un piso desnudo habría resonado cada uno de sus movimientos, y entonces seguro que habrían estado perdidos.
En ese momento Oliver entro en la habitación y se sirvió un brandy. Unos cuantos segundos más tarde ella oyó caer con un ruido sordo, el vaso sobre la mesa, seguido del sonido de servirse más brandy.
Caroline se mordió el labio confusa. Era muy raro que Oliver bebiera más de una copa antes de ir a la cama.
Pero Oliver debía haber tenido una noche muy dura, porque susurró:
– Dios, que desastre.
Y entonces, para colmo, él dejó caer su cuerpo pesadamente directamente sobre el sofá tras el cual ellos se hallaban escondidos, y dejó caer sus piernas bajo la mesa.
Caroline se quedó helada, o pensó frenéticamente que lo estaría si no fuera por que ya estaba paralizada por el miedo. De eso no tenía ninguna duda.
Estaban atrapados.
CAPITULO 12
Pal-li-a-tive (sustantivo). Lo que da alivio temporal ó superficial.
Un beso, estoy descubriendo que es un débil paliativo (palliative) cuando el corazón de uno está destrozado.
Del diccionario personal de Caroline Trent.
Blake sujetó firmemente con su mano la boca de Caroline. Él sabía como permanecer callado. Llevaba años de experiencia cultivando el arte de mantenerse totalmente silencioso, pero solo Dios sabía lo que haría Caroline.
La muy loca podría estornudar en cualquier momento, o darle hipo, o ponerse nerviosa.
Ella lo miró con fiereza por encima de su mano. Sí, pensó Blake, ella estaría muy nerviosa. Él movió su otra mano hacia el brazo más elevado de ella y lo sujetó con firmeza, resuelto a mantenerla quieta. Él no se preocupó por si ella tendría magulladuras durante una semana. No había que decir lo que Prewitt haría si encontrara a su rebelde pupila escondida detrás de un sofá del salón. Después de todo, cuando Caroline escapó, efectivamente, se había llevado su fortuna con ella.
Prewitt bostezó y se puso en pie, y por un momento el corazón de Blake latió aceleradamente con esperanza, pero el condenado solo cruzó a la mesa de al lado y se sirvió otro brandy.
Blake miró a Caroline. ¿No le había dicho una vez ella que Prewitt nunca tomaba alcohol en exceso? Ella encogió los hombros, claramente tan perpleja como él por lo que su tutor estaba haciendo.
Prewitt se volvió a sentar en el sofá con un fuerte gruñido, y murmuró:
– Maldita chica.
Los ojos de Caroline se agrandaron.
Blake la señaló y gesticulo con la boca:
– ¿Tú?
Ella alzó los hombros y parpadeó.
Blake cerró los ojos por un momento e intentó comprender a quién se refería Prewitt. No había manera de estar seguro, podía ser Caroline, podía ser Carlotta De León.
– ¿Dónde demonios puede estar? – dijo Prewitt, seguido de un sonido como de tragar, que debía de ser el brandy.
Caroline se señaló a sí misma, y Blake sintió que su boca formaba la palabra ¿yo? bajo su mano, aunque él no respondió; estaba demasiado ocupado concentrándose en Prewitt, si los bastardos traidores los descubrían ahora, la misión estaría arruinada. Bueno, no del todo. Blake estaba seguro de que James y él podrían detener fácilmente a Prewitt esa noche si se veían en la necesidad de hacerlo, pero eso significaría que sus socios podrían quedar libres. Lo mejor sería ser paciente y esperar que pasaran las próximas tres semanas. Entonces el equipo de espionaje quedaría definitivamente cerrado para siempre.
Justo cuando Blake sintió que sus pies comenzaban a quedarse dormidos por debajo, Prewitt dejó caer el vaso con fuerza sobre la mesa y salió a grandes pasos de la habitación. Blake contó hasta diez, y entonces quitó la mano de la boca de Caroline y exhaló un suspiro de alivio.
Ella suspiró también, pero fue algo más rápido y seguido de una pregunta.
– ¿Crees que estaba hablando de mí?
– No tengo ni idea – dijo Blake honestamente – pero no me sorprendería si lo hubiera hecho.
– ¿Crees que descubrirá a James?
– Él movió la cabeza negativamente – si lo hubiera descubierto, habríamos oído algún alboroto. Aunque eso no significa que estemos a salvo aún. Por lo que sabemos, Prewitt está dando un paseo tranquilo por el pasillo antes de entrar en el salón de la zona sur.
– ¿Que hacemos ahora?
– Esperaremos.
– ¿Para qué?
Él volvió su cara bruscamente hacia ella.
– Preguntas demasiado.
– Es la única manera de aprender algo útil.
– Esperaremos – dijo Blake con un suspiro impaciente – hasta que Riverdale nos haga una señal.
– ¿Y si él esta esperando que nosotros hagamos la señal?
– No espera eso.
– ¿Cómo puedes estar seguro?
– Riverdale y yo hemos trabajado juntos durante siete años, conozco sus métodos.
– En realidad, no veo como podéis haberos preparado para esta operación en particular.
Él le lanzó una mirada con tal irritación que ella cerró su boca de golpe, pero no antes de ponerle los ojos en blanco.
Blake la ignoró durante algunos minutos, lo que no fue fácil; el simple sonido de su respiración lo excitaba. Su reacción era completamente inapropiada dadas las circunstancias, y algo con lo que no tenía experiencia incluso con Marabelle. Desafortunadamente, no parecía haber nada que pudiera hacer para evitarlo, lo que empujaba a su mal genio a ser incluso todavía más detestable.
Entonces ella se movió, y su brazo acarició accidentalmente la cadera de él; y Blake se negó totalmente a dejar que el pensamiento llegara más lejos. Bruscamente la cogió de la mano y se puso de pie.
– Vamos.
Caroline miró alrededor confusa
– ¿Hemos recibido alguna clase de señal del marqués?
– No, pero ya hemos estado el tiempo suficiente.
– Pero, creí que habías dicho…
– Si quieres ser parte de esta operación – siseó – necesitas aprender a recibir ordenes. Sin preguntar.
Ella elevó las cejas.
– Estoy tan contenta de que hayas decidido dejarme participar.
Si Blake hubiera podido arrancarle la lengua en ese momento, lo habría hecho, o al menos lo habría intentado.
– Sígueme – le ordenó bruscamente.
Caroline le dio un pequeño beso y realizó una pequeña marcha de puntillas detrás de él hasta la puerta. Blake creyó que se merecía una medalla por no levantarla del cuello y tirarla por la ventana. Al menos, iba a solicitar algún tipo de plus por peligrosidad al Ministerio de defensa; si no podían darle dinero, tendría que ser alguna pequeña propiedad en algún lugar que hubiera sido confiscado a un criminal.
Seguramente se merecía algún pequeño extra por esta misión; Caroline podía ser un encanto para besarla, pero para asignarle una misión era endiabladamente molesta. Él llegó hasta la puerta abierta, y le hizo un ademán para que ella permaneciera detrás de él. Con la mano sobre el arma, se asomó para ver en el pasillo, descubriendo que estaba vacío, y salió andando con rapidez, Caroline le siguió sin que le diera instrucciones verbales, ya que él sabía que ella le seguiría. En eso seguramente no necesitaba pincharle para que caminara de cara al peligro.