– Por no mencionar – continuó la dama – que de nosotras dos, yo soy la única acompañada por un sirviente armado, así que usted debería ser la primera en revelar su identidad.
– Lleva razón – concedió Caroline, echando un vistazo al arma con gesto receloso.
– Pocas veces hablo para oír mi propia voz.
Caroline suspiró.
– Ojalá pudiera decir lo mismo, a menudo hablo sin reflexionar primero mis palabras, es una horrible costumbre – mordió su labio dándose cuenta de que estaba contándole sus defectos a una total desconocida – como en este momento – añadió tímidamente.
Pero la dama sólo se rió. Era un tipo de risa alegre, amistosa, y eso alivió a Caroline, lo suficiente para que dijera
– Mi nombre es señorita… Dent.
– ¿Dent? No me resulta familiar ese nombre.
Caroline encogió los hombros.
– No es muy común.
– Ya veo. Yo soy la condesa de Fairwich.
¿Una condesa? Por el amor de Dios, parece que un buen número de aristócratas estuvieran en este rinconcito de Inglaterra últimamente. Primero James, ahora esta condesa, y Blake aunque no tuviera título, era el segundo hijo del Vizconde de Darnsby. Caroline echó un vistazo al cielo y mentalmente dio las gracias a su madre, por asegurarse de que su hija aprendiera las reglas de la etiqueta antes de morir. Con una sonrisa y una reverencia dijo
– Encantada de conocerla, señorita Fairwich.
– Y yo a usted, señorita Dent. ¿Vive en la región?
¡Oh, Dios! ¿Cómo responder a eso?
– No demasiado lejos – dijo con una evasiva – suelo dar largos paseos cuando hace buen tiempo ¿es usted también de por aquí?
Caroline se mordió el labio al momento. Qué pregunta más tonta, si la condesa era realmente de la región de Bournemouth, todos deberían conocerla, y Caroline sería inmediatamente descubierta como una impostora.
No obstante, la fortuna estaba de su lado, y la condesa dijo
– Fairwich está en Somerset, pero hoy vengo de Londres.
– ¿De veras? Yo nunca he estado en nuestra capital. Me gustaría ir algún día.
La condesa se encogió de hombros.
– Aumenta un poco más el calor en verano con todo el gentío; no hay nada como el fresco aire del mar para hacer que una se sienta bien de nuevo.
Caroline le sonrió.
– Por supuesto. ¡Ay! Que pena, si eso pudiese arreglar un corazón roto…
Oh, estúpida, estúpida boca, ¿Porqué habría dicho eso? Ella quería hacer una broma, ahora la condesa sonreía burlonamente y la miraba de esa manera tan maternal, como queriendo decir que iba a preguntarle algo sumamente personal.
– Oh, querida. ¿tiene el corazón roto?
– Digamos que está algo magullado – dijo ella, pensando que estaba llegando a ser bastante buena en el arte de mentir – sólo es un chico que conozco de toda la vida. Nuestros padres esperaban que fuésemos pareja, pero… – encogió los hombros dejando a la condesa sacar sus propias conclusiones.
– Lástima, es una chica encantadora, debería presentarle a mi hermano, vive bastante cerca.
– ¿Su hermano? – chilló Caroline, percatándose de repente de los colores que llevaba la condesa. Pelo negro. Ojos grises.
Oh, no.
– Si, es Blake Ravenscroft de Seacrest Manor. ¿Lo conoce?
Caroline prácticamente se asfixió con su lengua, y logró apañárselas para decir:
– Hemos sido presentados.
– Iba a visitarlo en este momento ¿estamos muy lejos de su casa? Nunca he estado en ella.
– No, no, es… es justo allí sobre la colina – apuntó en dirección hacia Seacrest Manor, y dejó caer la mano con rapidez cuando se dio cuenta de que estaba temblando ¿Qué iba a hacer? No podía permanecer en Seacrest Manor viviendo con la hermana de Blake. Oh, Maldito hombre, ¡¡¡se podía ir al infierno!!! ¿Porqué no le habría dicho que su hermana le haría una visita?
A menos que él no lo supiera. Oh, no, Blake se iba a poner furioso. Caroline tragó saliva nerviosamente y dijo:
– No sabía que el señor Ravenscroft tuviera una hermana.
La condesa agitó su mano de una forma que a Caroline le recordó al instante a Blake.
– Es un miserable, siempre ignorándonos. Nuestro hermano mayor acaba de tener una hija. He venido a darle la noticia.
– Oh, yo… yo… yo estoy segura de que él estará encantado.
– Entonces es la única. Estoy totalmente segura de que se pondrá más que contrariado.
Caroline parpadeó con furia, sin comprender a esta mujer para nada.
– ¿Me… me… me disculpa?
– David y Sarah tuvieron una hija, su cuarta hija, lo que significa que Blake todavía es el segundo en la línea para el vizcondado.
– Ya… veo – en realidad, ella no lo entendía pero era tan feliz por no haber tartamudeado, que no le importó.
La condesa suspiró.
– Si Blake llega a ser Vizconde de Darnsby, lo cual no es probable en absoluto, tendría que casarse y tener un heredero. Si vive en esta zona, estoy segura de que sabe que es un soltero consumado.
– De hecho, realmente no lo conozco muy bien – Caroline se preguntaba si sonaría demasiado decidida de querer convencerla, así que añadió – solo en… en los actos locales y todo eso. Ya sabe, el baile del condado, etc.
– ¿De veras? – preguntó la condesa con abierto interés – ¿mi hermano ha asistido al baile del condado de la región? No me lo imagino. Supongo que lo próximo que va a decirme es que recientemente la luna cayó sobre el Canal.
– Bueno – añadió Caroline, tragando saliva dolorosamente – sólo asistió una vez.
En… una pequeña aldea, aquí, cerca de Bournemouth, y naturalmente por eso sé quién es. Todos saben quién es.
La condesa guardó silencio por un momento, y luego dijo bruscamente:
– ¿Dice que la casa de mi hermano no está muy lejos?
– ¡Oh! no, señorita. No le llevaría más que un cuarto de hora llegar hasta allí – Caroline miró el portaequipajes – Tendrá que dejar las cosas ahí atrás, por supuesto.
La condesa movió su mano en el aire en lo que Caroline denominaba ahora la ola Ravenscroft.
– Simplemente haré que mi hermano envíe a un hombre a buscarlas más tarde.
– Oh, pero él… – Caroline comenzó a toser a lo loco, intentando ocultar que había estado a punto de soltar que Blake sólo tenía tres sirvientes, y de ellos, sólo el ayuda de cámara era lo suficientemente fuerte como para levantar algo pesado.
La condesa la golpeó fuertemente en la espalda.
– ¿Estás totalmente bien, señorita Dent?
– Sólo… sólo tragué un poco de polvo, eso es todo.
– Sonaba igual que una tormenta.
– Si, bueno, de vez en cuando soy propensa a los ataques de tos.
– ¿De verdad?
– Una vez incluso me quedé sin voz.
– ¿Sin voz? No puedo imaginarlo.
– Nadie podía – dijo Caroline honestamente – hasta que sucedió.
– Bueno, estoy segura de que su garganta debe estar muy lastimada. Nos acompañará a casa de mi hermano, una taza de té la dejará como nueva.
Caroline volvió a toser, esta vez de verdad.
– No no no no no no no – dijo, bastante más rápidamente de lo que a ella le habría gustado – no es necesario, no me gustaría abusar.
– Oh, pero no estaría abusando; después de todo, la necesito para que nos lleve a Seacrest Manor. Ofrecerle una taza de té y algún alimento es lo menos que puedo hacer para recompensar su amabilidad.
– En realidad no es necesario – se apresuró a decir Caroline – y la dirección hacia Seacrest Manor es bien sencilla; todo lo que tiene que hacer es seguir el…
– Tengo muy mal sentido de la orientación – interrumpió la condesa – la semana pasada me perdí en mi propia casa.