Penélope escuchaba el intercambio con interés.
– Tendrá que presentarme a su tía, señorita Dent, parece muy interesante, me gustaría tanto conocerla mientras estoy en Bournemouth.
– ¿Cuánto tiempo piensas quedarte exactamente? – interrumpió Blake.
– Me temo que no puedo presentarle a tía Hortense – le dijo Caroline a Penélope -disfrutó tanto con sus viajes a Suiza que decidió embarcarse en otro viaje.
– ¿A dónde? – preguntó Penélope.
– ¿Sí, a dónde? – repitió Blake, deleitándose de la momentánea mirada de pánico en la cara de Caroline mientras pensaba en el país adecuado.
– Islandia – dijo abruptamente.
– ¿Islandia? – dijo Penélope – que raro. No conozco a nadie que haya estado antes en Islandia.
Caroline sonrió un poco y explicó
– Ella siempre tuvo una gran fascinación por las islas.
– Lo que explicaría – dijo Blake con una perfecta voz seca – su reciente excursión a Suiza.
Caroline se volvió hacia él y le dijo a Penélope.
– Deberíamos enviar a alguien para que fuera a buscar sus pertenencias, señorita.
– Si, si – murmuró Penélope – en un momento, pero primero, Blake, antes olvidé contestar a esa pregunta tuya tan grosera. Te diré que preveo permanecer aquí aproximadamente una semana, quizás algo más, siempre que sea de tu agrado, por supuesto.
Blake le echó una mirada divertida y de descrédito.
– ¿Y cuando me has concedido decidir tus actos?
– Nunca – contestó Penélope con un encogimiento de hombros despreocupado – pero debo ser educada y disimular,¿no?
Caroline veía como hermano y hermana discutían, un cúmulo de melancólica envidia se formó en su garganta. Blake estaba claramente irritado por la llegada sin avisar de su hermana, pero estaba claro que la amaba inmensamente. Por supuesto que Caroline no había conocido jamás el compañerismo afectuoso de los hermanos, nunca lo había visto antes de ese día.
Su corazón le dolía por el deseo mientras los escuchaba a los dos. Ella deseaba que alguien le gastase bromas, deseaba que alguien la tomara de la mano cuando tuviera miedo o se sintiera insegura.
Pero más que nada, deseaba que alguien la amara.
Caroline aguantó la respiración al darse cuenta que estaba peligrosamente cerca de llorar.
– Tengo que irme – dijo bruscamente, encaminándose directamente hacia la puerta. Escapar era lo primero que tenía en mente. Lo último que deseaba era encontrarse sollozando en la puerta principal de Seacrest Manor, justo delante de Blake y Penélope.
– ¡Pero no has tomado té! – protestó Penélope.
– En realidad no tengo mucha sed. Yo, yo, yo debo irme a casa. Me están aguardando.
– Si, estoy seguro de eso – dijo Blake con voz lenta y pesada.
Caroline se detuvo sobre los escalones de la fachada, preguntándose a qué lugar sobre la tierra se marcharía – no quiero que nadie se preocupe por mí.
– No, estoy seguro de eso – murmuró Blake.
– Blake, querido – dijo Penélope – insisto en que acompañes a la señorita Dent a su casa.
– Una idea estupenda – asintió él.
Caroline asintió con la cabeza en señal de gratitud, ella no sabía muy bien como encarar la situación ahora, pero la alternativa era vagar por el campo sin ningún lugar a donde ir.
– Sí, yo se lo agradecería.
– Excelente. ¿Dijiste que no estaba lejos, no? – sus labios se curvaron tan suavemente como nunca lo habían hecho, y Caroline deseó que le dijera si su sonrisa era simple ironía o suprema irritación.
– No, no está lejos en absoluto.
– Entonces propongo que vayamos paseando.
– Si, probablemente eso sería lo más conveniente.
– Esperare aquí, entonces – interrumpió Penélope – siento no poder acompañarte a tu casa, pero estoy muy cansada debido al viaje, sería maravilloso reunirme contigo en otra ocasión, señorita Dent. ¡Oh! Pero no sé tu nombre de pila.
– Llámeme Caroline.
Blake le lanzó una mirada de soslayo, un poco sorprendido y desconcertado porque ella no hubiera usado un alias.
– Si eres Caroline – contestó Penélope – entonces yo soy Penélope; cogió sus manos y las oprimió cariñosamente – tengo la sensación de que vamos a ser muy amigas. Caroline no estaba segura, pero creyó oír a Blake murmurar – que Dios me ayude – entre dientes, y entonces ambos sonrieron a Penélope y salieron de la casa.
– ¿Dónde vamos? – susurró Caroline.
– A la mierda con eso – respondió siseando, echó una mirada por encima de su hombro para asegurarse de que estaban fuera del alcance del oído de la casa. Aun cuando sabía que había cerrado la puerta principal detrás de él.
– ¿Quieres decirme que demonios está pasando aquí?
– No fue por mi culpa – dijo ella con rapidez, siguiéndole mientras se alejaba de la casa.
– Porque yo me pregunto ¿tengo que preocuparme aceptando esta situación?
– ¡Blake! – exclamó ella tirando con fuerza de su brazo y regañándole furiosamente para que se parase – ¿Qué crees? ¿Que yo envié a tu hermana una nota diciéndole que te hiciera una visita? No tenía ni idea de quién era. Nunca supe que tenías una hermana, y ella no me habría visto si yo no hubiera pisado una rama seca.
Blake suspiró, comenzando a darse cuenta de lo que había sucedido. Fue un gran percance; un grande, tremendo, enormemente inconveniente y engorroso percance. Su vida parecía una confusión en estos días.
– ¿Qué narices voy a hacer contigo?
– No tengo ni idea. Desde luego, no puedo permanecer en la casa mientras tu hermana esté de visita. Tú mismo me dijiste que tu familia no sabía nada de tu trabajo en el Ministerio de defensa ¿doy por sentado que eso incluye a Penélope?
Ante un brusco asentimiento de Blake, ella añadió:
– Si ella descubre que he estado viviendo en Seacrest Manor, sin duda descubrirá tus actividades clandestinas.
Blake maldijo por lo bajo.
– No estoy de acuerdo con que ocultes tus actividades como corresponde a tu familia – dijo Caroline – pero respeto tus deseos. Penélope es una dama encantadora, no desearía preocuparla por ti, eso la alteraría, y ello te alteraría a ti.
Blake la miró fijamente, incapaz de hablar. De todas las razones por las que Caroline no debería dejar que su hermana supiera que había permanecido en Seacrest Manor, ella había escogido la única que no tenía ningún interés; podría haber dicho que estaba preocupada por su reputación, podría haber dicho que temía que Penélope la volviera a llevar con Oliver, pero no, ella no estaba preocupada por eso, estaba preocupada por si su forma de actuar lo dañaba a él.
Él tragó saliva, sintiéndose repentinamente torpe ante ella; Caroline lo miraba a la cara, evidentemente esperando una respuesta, y él no tenía ni idea de qué decir. Por fin, después que ella lo alentara con una pregunta.
– ¿Blake?
Logró contestar.
– Eso es muy considerado por tu parte, Caroline.
Ella parpadeó asombrada.
– ¡Oh!
– ¿Oh? – la imitó sacando su barbilla ligeramente hacia ella en forma interrogante.
– Oh. Oh… Oh. – le sonrió débilmente – imagino que creía que ibas a reñirme más tarde.
– Yo también creí que lo haría – dijo tan sorprendido como ella.
– Oh – se retuvo y dijo – lo siento.
– Ohs aparte, vamos a tener que resolver lo que hacemos contigo.
– ¿No se supone que tu tienes algún sitio en donde guardar la caza por aquí cerca?
Él negó con la cabeza.
– No hay un lugar en la región en donde puedas esconderte, supongo que podría enviarte en un carruaje a Londres.
– ¡No! – respondió Caroline. Hizo muecas, un poco avergonzada por la energía de su respuesta – Ahora mismo no puedo ir a Londres.