— ¿Y si Plutón deja de arder par falta de oxígeno? Porque es probable que el oxigena que consume proviene de la.atmósfera de nuestro planeta aspirada por el orificio polar.
— Me parece muy dudoso ya que, en los millones de años de su combustión, Plutón habría debido consumir todo — el oxígeno de nuestra atmósfera y los habitantes de lea tierna se habrían asfixiado en el nitrógeno. Los procesos de combustión de los cuerpos celestes luminosos permanecen todavía demasiado ignorados de nosotras y quizá se desenvuelvan de manera distinta a lo que observamos en la tierra. Es posible que el oxígeno vuelva a formarse en ellos como producto de la desintegración de otros elementos químicos. Las recientes descubrimientos sobre las transformaciones del radio nos obligan a cambiar de punto de vista acerca de la estabilidad de estos elementos, antes considerados como verdad irrefutable.
— En fin, como decía Hamlet, «amigo Horacio, en la Tierra hay todavía muchas cosas que no conocen nuestros filósofos». Nuestro viaje por Plutonio confirma cada día la fuste.a de esta máxima — declaró Gromeko y luego propuso acostarse aprovechando la oscuridad y el descenso de la temperatura.
El reino animal del bosque también notaba que algo insólita ocurría en la naturaleza. Las aves se habían callado y a sus gorjeas y su canto sucedían los gritos inquietos de diferentes animales. En algunos momentos General se ponía a aullar levantando la cabeza.
Pero los viajeros, que habían encendida una hoguera delante de la tienda, durmieran profundamente, sin hacer ningún — caso de aquellas sonidos, mucho más tiempo que de costumbre.
Paco a poco fueron despertándose, aunque la oscuridad seguía siendo la misma. Todo estaba envuelto en un crepúsculo rojizo y el disco de Plutón tan cubierto de manchas oscuras que su luz perdía las nueve décimas partes de su fuerza. Con Raquel alumbrada, las hojas y la hierba parecían casi negras, lo mismo que el cielo. En torna reinaba un silencio profundo: ni las aves, ni los animales ni las insectos daban señales de vida y solamente los soplas de la brisa agitaban a veces la enramada. Aquel silencio tenía algo lúgubre.
Después de consultarse decidieron que sería peligroso navegar en las tinieblas por un río desconocido entre las murallas de un bosque lleno de diferentes fieras que podrían atacar a las viajeros. Era fácil tropezar con un bajío o con alguna raíz, cosa de gran peligro para las lanchas de lana.
— Pero, ¿y si el crepúsculo dura semanas o meses enteros? — preguntó Gromeko-. ¿Vamos a quedarnos aquí sin movernos? Los víveres que tenemos sólo bastan para tres o cuatro días.
— ¡Qué cosas se le ocurren! — replicó Kashtánov-. Siempre llega usted a las conclusiones más tristes. Vamos a esperar un par de días y luego veremos si nos conviene seguir el viaje o volvernos.
— Y mientras tanto nos dedicaremos ¡a reparar las barcas, a construir una balsa y a otras labores domésticas
— propuso Makshéiev-. Las embarcaciones dejan ya entrar el agua.
Todos aprobaren la prepuesta y, a la luz de la hoguera, pusieron manos a la obra. Repararon las barcas y cortaran algunos grandes bambús que crecían cerca del campamento. Este trabaje; exigió bastante tiempo porque las viajeros disponían sólo de una pequeña sierra de mano. Luego arrancaron las ramas de los troncos que serraron en trozos del mismo largo que las lanchas, haciendo con ellos una balsa de metro y medio da ancho que debía navegar entre las dos embarcaciones. Se destinaba la balsa a transportar los objetos más voluminosos, recubiertos con pieles. Las embarcaciones y la balsa formaban un conjunto sólido, ligero y bastante fácil de manejar.
Estos trabajos ocuparan la jornada entera. Las obserbaciones hechas entre tanto demostraron que el número y las dimensiones de las manchas oscuras del disco de Plutón no habían disminuido, pero tampoco habían aumentado. Los exploradores se acostaron temprano. Una pequeña hoguera quedó encendida junto.a la tienda. General estaba tendido a la entrada de la tienda y los cuatro hombres tenían el propósito de dormir apaciblemente, levantándose sólo de vez en cuando pana alimentar el fuego.
Sin embarga, estas esperanzas quedaron frustradas. En cuanto se estableció el silencia dentro de la tienda se empezaron a escuchar roces en la espesura que les rodeaba. Alerta, General gruñía. Los roces cesaban y el perro se tranquilizaba. Otra vez,se escucharon los roces como si algún animal rondase por los matorrales alrededor del campamento, acechando una presa pero sin atreverse a salir. Para no estar todos alerta, decidieron montar la guardia por turna, y fué Pápochkin quien primero se sentó junta ala hoguera, con una escopeta. Los roces se acercaban unas veces y se alejaban otras, y el zoólogo se habituó tanto a ellos que se quedó profundamente dormido.
El fuego iba extinguiédose y la hoguera quedó convertida en un montón de brasas.
Súbitamente, el perro se puso a ladrar frenético. Pápochkin se despertó y vió, al borde del calvero, un,animal grande semejante a un león aunque con la melena más corta. De sus fauces entreabiertas asomaban colmillos perecidos a los del tigre macairodo El,animal, inmóvil, parecía indeciso y, General ladrando frenéticamente, se replegaba con el rabo entre las piernas detrás de la hoguera, hacia la tienda.
El zoólogo se rehizo en seguida, levantó lea escopeta y disparó contra el animal que se encontraba a unos. veinte pasos. La bala le pegó en el pecho, pero la fiera tuvo todavía fuerzas para saltar. Cayó entre las brasas, se quemó el vientre y rodó hacia la tienda. Pegó con una.de las patas traseras contra la loma, que desgarró de arriba abajo, y enganchó las botas de Makshéiev, colocadas a su cabecera. Una pata de delante, contraída convulsivamente, estuvo a punta de pegarle a Kashtánov en la cara, rompió el reloj de bolsillo colocado en el gorro sobre el suelo y redujo el gorro a pedazos. General, encogido ala entrada de la tienda, fué lanzado al interior de otro zarpazo que le costó unas cuantos arañazos y cayó pesadamente sobre Gromeko, que dormía con sueño apacible en el fondo de la tienda.
Fué una barahunda indescriptible. Junto.a la tienda, en lea penumbra, un cuerpo enorme se estremecía y rugía y bajo sus golpes quedaba hecha jirones la tela de la tienda. Al fondo.de la tienda Gromeko luchaba can General, que intentaba ocultarse detrás de él y al que el botánico había confundido con alguna fiera. Kashtánov buscaba inútilmente las cerillas, que había dejado en el gorro con el reloj, y no encontraba el gorro. Desde fuera, Pápochkin gritaba:
— Salgan pronto por la parte trasera. Es un león, y no pueda rematarlo por miedo a herirles a ustedes.
El animal se inmovilizó al fin con un última estremecimiento de las patas; Makshéiev encontró una caja de cerillas y encendió una vela; Gromeko soltó a General y los tres, medio desnudos y asustados, salieron ¡a rastras levantando la parte trasera de la tienda y miraron a su alrededor. Empezaron las explicaciones junto.al fuego apagada. Pápochkin hube de confesar que se había quedado dormido, dejando morir la hoguera, lo que había permitido,acercarse a la fiera.
El animal muerto era un león macairodo, aunque por su constitución se pareciese también a un oso. Unicamente la forma.de la cabeza y de las garras traicionaban su pertenencia a los félidos. La corta melena era casi negra, el pelo, amarillo pardusco y la cola, sin borla. Las gorras de las patas poderosas correspondían a los terribles colmillos de la mandíbula superior. La tienda exigía serías reparaciones, lo mismo que las botas de Makshéiev. Sólo sal cabo de largas búsquedas se encontró en un rincón de la tienda el reloj de Kiashtánov hecho una oblea y, con él, el gorro en jirones y el cerillera aplastado.