— Fotografíe usted el árbol sal misma tiempo que el animal, y después determinamos la altura del primero.
Los observadores aguardaron a que el beluchisterio se apartase un paco para calcular por medio de una brújula con alidada la altura del árbol. Luego midieron las huellas de las patas del animal que, comparadas a su talla, no eran muy grandes.
Al finalizar aquella jornada advirtieron en la orilla de una gran isla a una pareja de corifodones, grandes paquidermos que, por la forma del cuerpo, se asemejaban al titanoterio.
Al divisar la balsa, el macho levantó la cabeza y abrió unas fauces enormes en cada una de cuyas mandíbulas apuntaban dos colmillos bastante largos y agudos.
No fué posible desembarcar en la isla para la caza porque, poco más abajo, un carnicero grande estaba devorando alguna presa junto a la orilla. Al ver las embarcaciones se incorporó con un rugido feroz.
Tenía el cuerpo muy grande sobre unas patas cortas y bastante finas, el hocico alargada como el de un galgo y, por el tamaño, alcanzaba las dimensiones de un tigre grande. Los viajeros no se decidieron.a acercarse a él.
O sea, que aquel día no lograron cazar a ninguno de estas animales desconocidos.
Al día siguiente en las márgenes del río y en las orillas vieron caballos, titanoterios, rinocerontes de cuatro cuernos, antílopes, creodonos carniceros y otros animales. El aspecto general de la fauna, según Kashtánov, la ha— remontar sal terciario inferior.
Después declass="underline" almuerzo, los exploradores desembarca— para realizar una excursión al interior de la estepa a fin de ver el carácter que tenía lejos del río.
Cerca de uno de los lagos encontraron a un animalque llamó particularmente su atención. Igual que los demás herbívoros pacía tranquilamente la hierba jugosa.
Esta circunstancia tranquilizó a los cazadores, que habían empuñado ya sus escopetas, cuando, sal atravesar los arbustos para llegar a la orilla del lago, descubrieron de pronto aquel monstruo. Incluso General, ya acostumbrada a los animales extraordinarios, y que distinguía a la perfección las carniceros de las herbívoros, manifestó un gran susto y buscó auxilio, gruñendo, junto a las piernas de Makshéiev.
— Es un rinoceronte de tamaño colosal — murmuró Makshéiev, deteniéndose entre la maleza para no asustar al monstruo o irritarle.
Sin embargo, únicamente el pequeño cuerno que le crecía sobre el arranque de la nariz podía hacerle confundir a primera vista con un rinoceronte. Un par de grandes astas, largas y dirigidas hacia adelante, le daban semejanza con ciertos toros. En la demás, se distinguía tanto de los unos coma de las otros. El tamaño de la cabeza era desproporcionadamente grande comparado al cuerpo, alcanzando casi dos metros de largo. La parte trasera del cráneo se ensanchaba en una especie de abanico, que se hubiera podido confundir con unas enormes orejas separadas, pera que en realidad era sólo un adorno o una protección de lea mitad superior del cuello. Este abanico, recubierto de escamas pequeñas y bordeado de puntas cortantes, debía aumentar el peso, ya de por sí enorme, de la cabeza, y no dejaba al animal que la levantara. Las patas de delante eran mucho más cortas que las de detrás, de manera que el animal se movía levantando mucho la grupa. Cuando tenía la cabeza y las patas ocultas por le hierba hacía pensar en un montículo de casi cinco metros de altura. Su cuerpo macizo, recubierto de placas redondas más grandes en el lama y los flancos y menudas en la grupa, las patas y el vientre, terminaba en un rabo corto pero grueso que servía de apoyo.a la parte posterior del cuerpo. Desde el extremo del hocico, terminado en un pico aguda, hasta el nacimiento del rabo el animal tendría unas ocho metros.
— ¡Qué monstruo, pero qué monstruo! — murmuraba Gromeko contemplando, igual que sus compañeras, aquel animal extraordinario que avanzaba lentamente como una colina a lo largo de la orilla del lago, devorando la hierba y los arbustos.
— ¿Qué será? — preguntó Pápochkin.
— Debe ser un triceratops, de la especie de los dinosaurios — contestó Kashtánov —, a las que pertenecieron diferentes reptiles gigantes.
— Pero es un reptil? ¿Acaso ha habido reptiles astados? — preguntó Makshéiev.
— El grupo de los dinosaurios ofrece formas muy variadas de reptiles grandes y pequeños, tanta carniceros como herbívoros, que vivieron entre el triásico y el cretáceo.
— ¡De manera que nos encontramos ya en el triásico! — exclamó Pápochkin-. Y cuanto más avancemos río abajo más monstruos de éstos hemos de encontrar.
— Sólo pido que sean tan inofensivos como éste — observó Gromeko-. Porque no debe tener ninguna gracia encontrarse con un animal carnicero de estas dimensiones. Nos haría pedazos antes.de que tuviésemos tiempo de disparar.
— Los animales grandes suelen ser torpotes — objetó Kashtánov-. A mi entender el tigre macairodo es más peligroso que estos gigantes.
— Habría que hacerle levantar la cabeza — dijo Pápochkin-. O hacerle salir a un sitio más despejado. Le he hecho ya das fotografías, pero en ninguna se ve el hocico ni las patas.
— ¿Y si le disparamos un tiro? — propuso Makshéiev;
— No, porque huirá asustado a se lanzará sobre nosotros. Me parece que ni con una bala explosiva se le podría abatir fácilmente.
— ¡Vamos a azuzarle a General!
Costó mucho trabajo convencer al perro, que gruñía tembloroso, de que atacase.al monstruo. Por fin corrió a él con ladridos feroces aunque deteniéndose a prudente distancia. El efecto del ataque del perro fué absolutemente inesperado. El monstruo se tiró al lago levantando enormes surtidores de,agua, y desapareció entre el cieno removido.
Todas estallaron en carcajadas al ver.aquella fuga vergonzosa. Muy orgulloso de su victoria, General corrió
a la orilla y se puso a ladrar frenéticamente contra las aguas turbias, en leas que se formaban grandes círculos. A los pocos minutos aparecieron en el centro del lago las astas y el cuello del saurio que asomaba para respirar. Pápochkin tenía el aparato fotográfico preparado, pero hubo de limitarse a fotografiar la cabeza porque, al ver en la orilla a sus extrañes perseguidores, el animal volvió a sumergirse en cuanto respiró.
En otro lago General hizo salir de entre las malezas a toda una bandada de extrañas,aves. Alcanzaban el tamaño de un cisne muy grande, pero tenían el cuerpo más largo, el cuello más corto y un pico alargado y puntiagudo provisto de pequeños dientes cortantes. Nadaban y se zambullían muy bien para alcanzar las peces. Los viajeros lograron abatir uno.
Después de haberlo examinado, Kashtánov dijo que debía ser un hesperornis, ave dentada del cretáceo que, por la estructura del cuerpo, se asimilaba a los pingüinos contemporáneos. Las alas, en estado embrionario, se disimulaban por entero en un plumaje de aspecto piloso.
Capítulo XXV
UN CINTURÓN DE PANTANOS Y LAGOS
Después de tres días de descender el río por entre estepas secas, los viajeros llegaron a su extremo meridional donde la vegetación cambió súbitamente. Las orillas estaban ahora cubiertas de una tupida muralla de coníferas, de palmeras y de helechos de especies muy variadas, en su mayoría desconocidas, que alcanzaban la estatura de un hombre. En el agua, cerca de lía orilla, crecían unas plantas altas semejantes a los juncos, y los bajíos estaban cubiertos de colas de caballo de metro y medio de altura y más de 25 milímetros de diámetro. De entre la maleza llegaba un zumbido permanente y unos extraños insectos giraban sobre el agua. Eran semejantes a las libélulas, pero la envergadura de las alas llegaba a cuarenta centímetros. El cuerpo, de reflejo metálico, medía unos veinte centímetros de longitud. Unos eran amarillos con matices dorados, otros, de color gris acero; los había verdes como la esmeralda, azul añil y encarnados. Aleteaban, planeaban y se perseguían en los rayos del sol con un estridor melodioso que recordaba el sonido de las castañuelas.