Hasta media noche avanzaron, unas veces con lentitud y otras con bastante rapidez. Pero luego, el sol, que había brillado desde el mediodía aunque con pausas, fué ocultado en el horizonte septentrional por un manto de niebla que pronto avanzó sobre elEstrella Polar. Aquella noche fué menos tranquila que la anterior: soplaba un ligero viento del Norte y los témpanos se movían, se empujaban los unos a los otros, chascaban y se partían. La niebla en remolinos no dejaba distinguir el camino y la mayor a del tiempo había que permanecer inmóviles, constantemente alerta para no ser aprisionados entre los grandes bloques de hielo.
Por la mañana arreció el viento del Norte, se disipó la niebla, pero en cambio los hielos cobraron gran movimiento y la jornada transcurrió en enorme tensión. El capitán tuvo que recurrir a toda su pericia para avanzar lentamente, regateando entre los campos, retrocediendo y girando unas veces a la derecha y otras a la izquierda. Armados de largos bicheros, los marineros montaban la guardia a una y otra borda para alejar el barco de los hielos que avanzaban sobre él. Felizmente, los extremos de los campos de hielo estaban ya bastante quebrados, no había icebergs y sólo a veces lostorós*, cadenas de pequeños bloques de hielo amontonados en algunos sitios sobre los campos, ofrecían un peligro más grave.
Al llegar la noche, todos los pasajeros tuvieron que participar en la lucha contra los hielos para que los marineros pudiesen descansar por turno. No había niebla, soplaba un viento del Norte bastante frío y el barco fué avanzando. Por la mañana divisaron una bandada de aves que volaban hacia el Norte y dos osos andando por un gran campo a un kilómetro del barco. Aquéllos eran indicios de la proximidad de la tierra.
Alrededor de mediodía se tomó la latitud: 75 12 5». Por consiguiente, y a pesar de los hielos, elEstrella Polarhabía avanzado en tres días l 33 5» al Norte.
Cuando el capitán trazó en el mapa el rumbo del barco, Trujánov observó, dirigiéndose a los miembros de la expedición reunidos en torno a la mesa:
— Hasta ahora tenemos una suerte extraordinaria. En 1879, elJeantiette, que salió, igual que elEstrella Polar, del estrecho de Bering, se pasó todo el verano entre los hielos sin llegar siquiera al 73 de latitud Norte y a principios de septiembre fué definitivamente aplastado un poco más al Nordeste de la isla de Wrángel. Nosotros, en cambio, hemos logrado llegar en cuatro días y medio más allá del 75 sin gran contratiempo.
— Ahora se puede llegar hasta la tierra incluso a pie si los hielos obstaculizan definitivamente la navegación — dijo el capitán-. Calculo que no quedarán más de ochenta a cien kilómetros.
* Torós: Bloque de hielo formado por la compresión de los bancos de hielo. (Nota de la trad.)
Capítulo VII
A TIERRA DE FRIDTJOF NANSEN
Al día siguiente, ya muy tarde, el horizonte septentrional quedó limpio de niebla y de nubes en contra de lo habitual, y cuando el sol descendió hasta casi tocar su línea, pudo verse sobre el fondo purpúreo del cielo una lejana sierra de dientes pequeños.
— ¡Eso tiene que ser tierra! — exclamó el capitán; que observaba la sierra con un catalejo-. Los campos de hielo no tienen esta configuración y, además, sobre el fondo blanco se ven numerosas manchas oscuras.
— ¡Y está más cerca de lo que pensábamos! Me parece que no nos separan más de cincuenta o sesenta kilómetros — observó Makshéiev.
— O sea, que el continente polar existe y nuestra expedición no ha sido organizada en vano — resumió satisfecho Trujánov.
Todos estaban agitados por la vista de la tierra y tardaron mucho en acostarse. La ausencia de niebla permitió presenciar un espectáculo poco corriente: el sol de la media noche, después de hacer rodar su globo de fuego sobre la cresta de la lejana sierra, comenzó de nuevo al ascender.
ElEstrella Polaravanzó toda la noche y toda la mañana abriéndose paso como antes por entre los hielos más o menos compactos. Al mediodía, al ser tomada la latitud, se comprobó que en un día el barco había vuelto a avanzar hacia el Norte casi medio grado.
Al caer la tarde, el sol, que había brillado casi ininterrumpidamente desde por la mañana, cosa muy poco frecuente en esas latitudes, se ocultó entre las nubes. Al poco tiempo estaba nublado todo el cielo y se desencadenó una nevasca como las que se producen en pleno invierno. La nieve menuda cegaba y lo ocultaba todo en su manto blanquecino. En aquel mar, profusamente cubierto de hielos, el viento no podía producir una gran agitación; sin embargo, los campos de hielo se habían puesto en movimiento, entrechocaban, y los bancos, amontonados los unos sobre los otros, formaban en sus bordestorósque alcanzaban cuatro y hasta seis metros de altura. El barco se encontraba en situación peligrosa. Hubo que permanecer casi en el mismo sitio, aunque con la máquina bajo presión, rechazando los hielos y unas veces avanzando un poco y otras retrocediendo. Todos estaban alerta y únicamente gracias a la construcción especial de su casco pudo soportar el barco la horrible presión de los hielos.
Finalmente, elEstrella Polarlogró acogerse a una gran cavidad situada en la parte oriental de un enorme campo de hiero y protegida de la presión directa, donde el barco pasó tranquilo el resto de la noche.
Hacia el mediodía amainó la nevasca, asomó el sol y se pudo tornar la latitud. Todos quedaron desagradablemente sorprendidos al comprobar que el viento había vuelto a empujar el barco hacia el Sur con los hielos. Pero ese mismo viento había despedazado y separado los campos de hielo, de manera que en los días siguientes, con un tiempo nublado y quieto, elEstrella Polarse abrió camino bastante fácilmente y, desde luego, progresó de manera sensible hacia el Norte.
La tierra debía hallarse cerca, a juzgar porque la sonda que hasta entonces había marcado invariablemente en el mar de Beaufort una profundidad de quinientas a setecientas brazas marinas, encontraba ahora el fondo a ochenta brazas. Evidentemente, allí comenzaba ya la plataforma submarina del continente polar. Pero, a consecuencia del tiempo gris, de las nubes bajas y de la llovizna, aquella tierra próxima quedaba absolutamente oculta.
Por la tarde del mismo día, 2 de junio, la sonda marcó sólo veinte brazas de profundidad. Delante Vanqueaban hieles compactos. El Marco avanzaba a pequeña marcha para no tropezar con algún bajío, cosa muy posible cerca de la tierra. Durante la noche tuvieron que permanecer inmóviles algunas horas porque la espesa niebla no dejaba ver absolutamente nada alrededor.
Por la mañana sopló un viento oriental y, al quedar disipada la niebla, resultó que elEstrella Polarse encontraba a poca distancia de un muro de hielo de unos veinte metros de altura que se extendía al Este y el Oeste hasta el horizonte.
— Será probablemente una barrena de hielo continental que circunda la tierra polar exactamente igual que ocurre en el Polo Sur — opinó Trujánov, dirigiéndose a los miembros de la expedición congregados en cubierta.
Como el lugar era incómodo para desembarcar la expedición de trineos, el barco puso rumbo al Este con la esperanza de encontrar una bahía o un accidente en la barrera por donde fuera posible subir a la superficie del hielo. La sonda marcaba dieciséis brazas de profundidad y no era descabellada la idea de que el muro de hielo se asentaba en el fondo del mar.