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– Hace un día precioso -exclamó, dando un suspiro y sonriendo después de servirse una generosa taza de café.

Era agradable volver allí a pasar unos días.

– Como anoche volviste muy tarde -comentó Connie-, creí que te levantarías más tarde.

¿Levantarse tarde? No era lo que tenía pensado para esa mañana. Estaba en un día fértil y tenía que intentar quedarse embarazada.

– ¿No te dijo Jake que estuve ayudando a Derek con unos clientes?

– Sí -contestó Connie.

– Me alegra verte tan contenta -aseguró la abuela, tocando en el brazo a Robin cuando esta pasó a su lado para sentarse a la mesa.

– Buenos días, abuela -Robin se inclinó para darle un beso en la mejilla-. ¿Cómo estás?

– Estupendamente. Los chicos de Connie me van a llevar esta mañana de paseo a ver a los cisnes. En eso Sammy es la viva imagen de su bisabuelo, ¿no crees? Eunice, ¿encontraste mi jersey de lana?

– Sí, mamá.

– No le digas a los niños que la abuela ya sabe cómo son los cisnes -advirtió Connie-. Están muy contentos porque creen que la van a sorprender.

– No les diré nada -prometió Robin.

– ¿Cómo va la búsqueda de esposa de esos dos? -quiso saber Connie.

– No muy bien.

– Deberían habernos pedido ayuda -añadió Eunice.

Robin pensó en que, como en cualquier pueblo, en Forever era imposible guardar ningún secreto.

– ¿Qué te parece Derek? Es un buen chico, ¿verdad? -comentó la abuela-. Es muy simpático y tiene su propia empresa.

– Sí, abuela.

– También es guapo.

– No voy a casarme con Derek, abuela.

– Y tiene dinero.

– Lo siento, abuela.

– Bueno, siempre hay esperanza, ¿no?

– No voy a casarme con nadie. Voy a empezar a trabajar en una nueva empresa el lunes.

Aunque eso no impediría que fuera a tener también un niño, pero nada de casarse.

De pronto, se oyó un grito en el salón.

– ¡Mamá! Sammy me ha pegado.

Bobbie irrumpió en la estancia y se arrojó en los brazos de Robin.

– Sálvame, tía Robin -suplicó, abrazándola.

– Me ha tirado el camión -protestó Sammy, parándose también delante de Robin.

– ¿Le has tirado el camión? -preguntó Robin a Bobby al oído.

– Pero sin fuerza -contestó Bobby.

– ¿Lo ves? -interrumpió Sammy.

– ¿Queréis tortitas antes de ir al río? -quiso saber Connie.

Al oír aquello, los niños se olvidaron inmediatamente de la pelea.

La fiesta de cumpleaños sería el sábado, pero Jake había dejado que fueran el jueves por la tarde a ayudarlo a hacer los preparativos. Iban a ir como veinte personas para colocar la enorme carpa bajo la que se pondría la pista de baile, el escenario y la mesa dónde comerían. Como había invitado a casi todo el mundo, la carpa era el único espacio suficientemente grande para albergar a tanta gente.

Mientras Jake esperaba a las personas que iban a ayudarlo, no pudo evitar recordar lo mucho que se había divertido la noche anterior con Robin. Al acordarse de ella, el salón se le antojó de repente muy vacío sin su presencia.

Sonó el timbre de la puerta y Jake, tratando de sacudirse aquella sensación de soledad, fue a abrir.

Media hora más tarde, el salón estaba lleno de gente. Cuando finalmente llegó Robin, con su madre y Connie, Annie Miller se levantó y fue hacia ellas.

– Estás guapísima -exclamó Annie, abrazando a Robin.

Jake sintió celos.

Robin frunció el ceño y se miró el vestido.

– No me había traído nada y tuve que ir al desván y sacar el traje de la fiesta de graduación.

Era el vestido ceñido que había vuelto loco a Jake quince años antes. Si Robin tenía planeado ponerle al límite aquella noche, no lo podía haber hecho mejor.

– ¿Te está bien? -dijo Annie-. Te odio.

Robin dio un paso hacia atrás para observar a Annie.

– Tú también estás estupenda.

Era cierto que Annie estaba guapa, pero era Robin la que le alteraba el pulso a Jake, quien fue hacia ellas.

– ¿Quieren las señoritas un poco de vino?

Annie sonrió e hizo un gesto afirmativo.

– Suena bien. ¿Necesitas ayuda?

– Te ayudaré yo -se ofreció Derek.

Jake le sonrió, agradeciéndoselo, aunque con quien le hubiera gustado ir de verdad a la bodega a buscar el vino habría sido con Robin.

Jake no obtuvo más que unas cuantas miradas de Robin a lo largo de la noche, mientras que ayudaba a poner la carpa. Robin estuvo con el grupo encargado de la decoración y estuvo casi todo el rato hablando y riendo con Annie y Connie.

Pero mientras hablaba, miraba constantemente a Derek. Lo hacía por jugar simplemente, pero hizo que a Jake le entraran unos celos enormes. Apretaba los dientes y trataba de concentrarse en lo que estaba haciendo.

La colocación de la carpa fue complicada. Patrick Moore era el experto, ya que siempre que se había montado, desde que se comprara cinco años antes, él se había encargado de supervisar el trabajo.

– ¿Jake? -la voz de Robin hizo que se le alterara el pulso.

– ¿Sí?

– ¿Crees que podremos bailar esta noche?

– Claro.

«Cuando quieras», pensó para sí.

– Lo que pasa es que… -Robin miró a su alrededor con un gesto nervioso.

Luego le hizo un gesto a Jake para que se apartaran de la mesa.

Jake la siguió alegremente hacia el salón. Así estaba mejor, se dijo, pensando en que Robin en ese momento estaba con él y no con Derek.

– La cosa es que creo que Annie está interesada en Derek.

– ¿Por qué dices eso?

– Hemos estado hablando y… bueno, creo que sí. ¿De acuerdo?

– Claro.

Por él no había problema, siempre que de verdad fuera Annie quien estuviese interesada en Derek.

Pero Jake no estaba interesado en hablar de Annie y de Derek. Prefería volver al tema de bailar con Robin. Quería apretarse contra aquel vestido negro y morir de placer.

– Pensé… -continuó Robin-. Pensé que si ponías algo de música, quizá podríamos hacer que bailaran esta noche.

– ¿Por qué quieres emparejar a Annie y a Derek?

Aspiró el perfume de ella. Le encantaba que le prestara atención. Seguía siendo muy contenida, pero no le importaba.

– Derek está buscando novia y creo que Annie le gusta, pero no va a hacer nada porque trabaja para él.

– Creí que me estabas buscando novia a mí -replicó Jake.

A Robin se le cayó el tirante y él pensó en ponérselo en su sitio, pero luego pensó que sería mejor dejarlo como estaba. Así podría contemplar su piel suave y bronceada.

– ¿Es que te gusta Annie?

– ¡No!

– Entonces déjame que ayude a Derek. ¿Qué clase de amigo eres? ¿Querías darle la carta de la mujer de las serpientes, pero no estás dispuesto a ayudarlo con Annie? -preguntó ella con tono de burla.

Jake soltó una carcajada.

– Él y Annie llevan trabajando juntos cinco años. ¿No crees que si tuviera que pasar algo, habría pasado ya?

– Pon algo de música -sonrió y parpadeó con sus largas pestañas-. ¿De acuerdo?

– Claro, ahora mismo.

– Y di a Derek que saque a bailar a Annie.

– Le das a una mujer la mano y…

– Gracias, Jake -le dio un golpecito en el hombro-. Eres un buen amigo.

¿Un amigo? Jake fue hacia el equipo de música. Derek pronto tendría a una mujer guapa en sus brazos para bailar con ella. Él, sin embargo, solo sería un amigo para Robin.

Ya habían acabado casi con los preparativos, así que ayudaron a Jake a quitar la mesa para despejar el salón. Luego, después de poner un vals, se fue hacia Derek.

Al escuchar la música, la gente se puso inmediatamente a bailar.