– ¿Tienes frío? -preguntó él, recogiendo los zapatos de ella.
– No mucho -contestó, frotándose los brazos.
Él se quitó la chaqueta y se la puso por encima de los hombros.
– Gracias.
Echaron a andar junto al río en dirección a la casa de él.
Cuanto estuvieron suficientemente lejos de la carpa, Jake se volvió y la abrazó para besarla apasionadamente. Cuando ella respondió al beso con igual ardor, él se separó y le apartó un mechón de pelo de la frente.
– Robin, ¿sigues queriendo quedarte embarazada?
Capítulo Nueve
Robin se quedó boquiabierta.
– ¿Qué?
– ¿Que si sigues queriendo tener un hijo conmigo? -le preguntó Jake con ojos brillantes.
– S… sí -tartamudeó ella.
– Muy bien.
– ¿De veras? -dijo ella, sin entender el repentino cambio de actitud de Jake.
– Sí, de hecho no se me ocurre nada que me apetezca tanto ahora mismo como hacerte un niño.
– Pero… -Robin no terminó la frase, al darse cuenta de que sería una estupidez empezar a hacer preguntas.
Lo único que importaba era que él había aceptado. Así que al verano siguiente estaría estrechando a un pequeño Jake entre sus brazos.
– ¿Te parece que vayamos a mi casa? -le preguntó él.
– Sí, claro.
La tomó de la mano y volvieron a ponerse en marcha. Robin se preguntó qué le habría hecho cambiar de opinión.
Jake no había cerrado la puerta con llave. De hecho, había gente en Forever que ni siquiera tenía cerraduras en las puertas. Algo que sería impensable en una gran ciudad.
– ¿Te lo has pasado bien en la fiesta? -le preguntó, dejando los zapatos de ella junto a la puerta.
– Sí, ha sido estupenda -replicó ella.
– Estupenda, sí -asintió él mientras le quitaba la chaqueta de los hombros y la metía en el armario de la entrada.
– Hacía mucho tiempo que no me lo pasaba tan bien en una fiesta.
– Lo mismo digo -añadió él, quitándole las horquillas que le sujetaban el pelo, con lo que este cayó como una cascada sobre sus hombros desnudos.
Él se lo apartó y comenzó a acariciarle la espalda, a besarle los hombros…
– Sí, creo que va a ser la mejor noche de mi vida -dijo Jake-. ¿Quieres tomar algo? ¿Champán quizá?
¿Champán? De pronto, a ella empezó a molestarle la actitud de él.
– No, gracias.
– Muy bien. ¿Te apetece que nos demos un baño, entonces?
– Eh… ¿Jake?
– ¿Qué? -preguntó él mientras la besaba en los labios.
– Esto… es solo por el niño, ¿recuerdas?
– Sí, claro, por el niño. ¿Por qué? ¿Es que estoy haciendo algo que no debiera?
– No.
De hecho, lo estaba haciendo demasiado bien. Por lo que Robin corría el peligro de olvidarse de su verdadero objetivo y dejarse cautivar por el encanto de él.
– Bien -dijo Jake, levantándola en brazos-. Yo quería que nos tomáramos nuestro tiempo, pero si la dama desea que pasemos a la acción, tendré que complacerla.
Entonces ella, incapaz de contenerse más, se inclinó sobre él y lo besó apasionadamente. De pronto, pareció que le faltaba el aire en los pulmones y su cuerpo se estremeció de placer.
– ¿Te he hablado alguna vez de la jovencita que casi me hizo perder la cabeza una noche en el río Forever? -le preguntó él una vez se separaron.
– No.
– Pues te aseguro que nunca la olvidé.
– Oh, Jake…
– Todo este tiempo he estado pensando que ninguna otra podría igualarse a ella, pero al parecer me equivoqué -dijo él, subiendo las escaleras en dirección a su dormitorio.
– ¿Sí?
Robin se sintió de repente celosa.
– Sí -contestó él, entrando en el dormitorio y encendiendo la luz de la mesilla-. Quince años después, he conocido a una mujer comparable a aquella muchacha o incluso mejor.
Robin sintió que el corazón le iba a estallar.
– ¿Jake?
– ¿Qué? -preguntó él antes de besarle el cuello.
– ¿Por qué no se lo contaste a nadie?
– ¿Contar el qué?
– Ya sabes, lo que pasó aquella noche en el río.
– ¿Que te vi desnuda?
– Sí, recuerdo que durante la fiesta de fin de curso estaba aterrorizada, pensando que se lo contarías a todo el mundo.
– ¿Y por qué no me preguntaste si pensaba hacerlo?
– Bueno, apenas te conocía.
– Pues yo a ti sí te conocía -volvió a besarla en el cuello y ella se inclinó hacia un lado para facilitarle la tarea.
Jake era sin duda el hombre que mejor besaba del planeta. Podía sentir su deseo y le resultaba muy erótico el que un hombre la deseara de ese modo.
– Y la próxima vez que quieras saber algo, solo tienes que preguntármelo.
– De acuerdo.
Jake comenzó a bajarle la cremallera del vestido y ella levantó los brazos para facilitar que este cayera al suelo. Debajo solo llevaba unas braguitas de encaje y unas medias negras.
Jake respiró hondo mientras la abrazaba por la cintura. Luego volvió a besarla y las lenguas de ambos se enredaron en un baile apasionado.
Él la apretó más fuertemente contra él y, al notar el tacto de la camisa contra sus pechos desnudos, ella sintió como una ola de deseo recorría todo su cuerpo. Le pasó los brazos por detrás del cuello y dejó escapar un gemido de placer.
Jake se separó el primero, respirando pesadamente, y luego la condujo hasta la cama, donde la tumbó sobre el edredón de plumas.
– Eres preciosa -dijo, devorándola con la mirada.
Seguidamente, se quitó la camisa y el resto de la ropa antes de tumbarse a su lado. Comenzó a acariciarle el vientre y jugueteó con su ombligo, antes de bajar hasta cubrirle el sexo con la palma de la mano.
Ella lo miró a los ojos y el aire pareció cargarse de electricidad.
– Oh, Robin… -susurró él con voz ronca mientras comenzaba a acariciarte los senos.
Ella lo besó y comenzó también a acariciarlo.
Jake respiró hondo y deslizó a su vez la mano por debajo de las braguitas hasta alcanzar el centro de su femineidad. Robin apenas pudo contener su excitación.
Luego él se incorporó y se colocó entre sus piernas. Por un momento el tiempo pareció detenerse y Robin sintió la boca seca.
Finalmente, la penetró y ella cerró los ojos al sentir que se hacían uno.
– ¿Robin?
– ¿Sí? -preguntó ella, dominada por un gran placer, y dándose cuenta de que aquel no era buen momento para ponerse a hablar.
– Tú me dijiste la verdad, así que creo que es justo que yo haga lo mismo. Robin, te amo y quiero casarme contigo -dijo mientras se movía dentro de ella.
A Robin se le nubló la vista.
– No, eso no puede ser -contestó ella, asustándose al escuchar aquello.
– Pero no es algo que yo pueda controlar.
– Por favor, Jake…
Aquello no era justo. Él no podía amarla, pensó con los ojos llenos de lágrimas. No sabría qué hacer con su amor.
– Confía en mí, Robin -susurró él, limpiando las lágrimas de ella-. Te amo y te prometo que haré cuanto esté en mi mano para hacerte feliz. Incluso si eso significa dejarte marchar.
Ella se sintió invadida por múltiples sensaciones. Se abrazó a él con más fuerza aún y lo besó apasionadamente.
Ya hablarían de todo aquello más tarde.
Mucho más tarde.
En esos momentos, solo podía pensar en dar rienda suelta a su pasión.
– ¿Estás seguro? -le preguntó Jake a Derek. Jake, sentado frente al escritorio de este, contemplaba la caja que contenía un anillo con un enorme diamante.
– Por supuesto que estoy seguro -afirmó Derek.
– Quiero decir, que esto parece demasiado rápido -al fin y al cabo, su amigo estaba hablando de casarse-. Pero si hace tres días hasta te daba miedo pedirle que bailara contigo.