IV
Me gustaría preguntarle por la muerte…
¿La muerte qué es? Solamente un cambio, una mutación. No tememos a la muerte, sino al cambio que supone.
¿Dónde aprendió eso?
(Risas.) La muerte es una palabra, y empecé a aprenderlo con el tarot. La muerte es el arcano XIII y no tiene nombre. Está situado en mitad de la baraja. Yo me he dado cuenta de que una vez tuve 15 años y desaparecí. Luego tuve 30, después 40, y seguí desapareciendo. En este momento tengo 74, soy otro pero sigo contento. Cuando tenga 90 estaré alegre, cuando tenga 100 seguiré contento, cuando tenga 300 estaré estupendo, cuando tenga un millón de años seré una fiesta.
¿Cree que queda algo de nosotros cuando morimos?
Le preguntaron a un maestro zen: «¿Qué hay después de la muerte?». Y él dijo: «No lo sé, todavía no me he muerto». Yo estoy aquí. Pero sé que lo que soy avanza.
El Carro de la carta del tarot está hundido en la tierra. ¿Hacia dónde se dirige? La tierra se mueve y lo desplaza. Nosotros avanzamos con el universo. ¿Qué me importa el después? Nunca me importó cómo sería a los 80 años, o a los 100, o a los 1.000 o a los 60.000. Lo que me importa es saber quién soy ahora, no adonde voy…
Cuando empiezas poco a poco a desprenderte de tu identidad, a ser un humano genérico, dejas de verte en una edad determinada. Luego dejas de identificarte con el tiempo en general. Después ya no te reconoces originario de una patria o hablante de una lengua determinada. No te ves en tu nombre, no te confundes con las cosas que posees, vas cesando en la identificación.
¿Pero dónde sostenernos en esa visión de uno mismo?
Te agarras a lo que eres. A la alegría de la vida. Eres cada vez más feliz y no necesitas el traje rígido del carácter o de la personalidad. Te haces fluido, como el agua. Lao Tse dice: «Hay que ser como el agua que toma la forma del vaso que la contiene». Vas por la vida tomando formas y eso es magnífico. Hay un momento en que lo aceptas y te dices «Esto que soy yo desaparece». Y una vez que eres consciente, todo el tiempo estás ahí. Sientes en tus talones un abismo de vacuidad total, y vas avanzando como una luz. Y esa luz que eres sabes que se la va a tragar el abismo. Existe la esperanza de que te disuelvas con un goce infinito en el océano cósmico, y eres tú, pero siempre que aceptes ceder tu conciencia. El último don que tú das es tu conciencia.
Cuando lleguemos a la muerte, lo mejor que podemos ofrecer es una perfecta y luminosa conciencia, una conciencia clara que hay que saber crear, porque si no, como decía Gurdjieff, mueres como un perro, sin ofrendar la conciencia ni construir un alma.
Se dice que la potencia está encerrada entre las paredes del cráneo… Pero ¿dónde situaría usted nuestra conciencia?
Fuera del cuerpo. El cuerpo es como el hueso de un melocotón, sin embargo la conciencia no tiene límites y está en constante expansión.
Usted sugiere que en un esfuerzo de imaginación podemos liberarnos de lo aparente, de la misma forma que oyendo música o jugando con la memoria nos podríamos trasladar a otro lugar. Sin embargo, no basta con que juguemos con un puñado de imágenes… hay que cambiar para mejorar, cambiar al sujeto que imagina, ¿no?
Hay un tipo de imaginación que es casi industriaclass="underline" son los delirios. No hay que confundir la imaginación con el delirio constante. Puedo imaginarme cualquier cosa todo el tiempo sin profundizar en nada: cuentos y cuentos y cuentos sin ahondar en su sentido… O podemos, como Kafka, sumergirnos hasta cierto nivel y estancarnos. Nunca accedió a la felicidad. Se plantó en la neurosis.
El esfuerzo es siempre necesario, pero ¿por qué se nos exige este esfuerzo permanente que es la existencia?
En la vida hay que estar siempre atento, no en tensión. Noto que cuando dices «esfuerzo» lo sientes como algo desagradable, pero yo no creo que haya que hacer cosas que detestamos sino cosas que nos gustan. Cuando yo hablo de «esfuerzo» hablo de esfuerzo agradable: pintar, danzar, vivir, son esfuerzos totalmente placenteros. Debemos hacer lo que nos agrada en la vida y esforzarnos en ello.
¿La vida es una prueba?
No. La vida es una escuela iniciática. O como decía Castaneda: un desafío. Para el guerrero, esto es lo importante.
¿Sirve de algo teorizar sobre la vida?
Quien hace teoría de la vida es porque no la conoce. Pero el que la conoce, debe comunicar sus experiencias, enseñar lo que ha vivido.
Volvamos una vez más a la vieja y obstinada pregunta de ¿por qué existe lo que existe?
Me llamó desde el hospital una mujer que estaba muy enferma de cáncer, y me preguntó: «¿Cuál es la finalidad de la vida?». Pensé y le respondí lo que ella esperaba: «La vida no tiene sentido». Entonces suspiró y dijo: «Eso es lo que esperaba oír». Al día siguiente, murió. Le contesté aquello para consolarla, porque esa mujer no tenía remedio. Aunque yo creo que la vida sí tiene sentido, un sentido que no tenemos por qué conocer. Es un misterio. Esa idea de que todas las cosas tienen una finalidad es muy mental. Por supuesto que tenemos un fin, pero no lo conocemos. Si no fuera así, yo no estaría aquí. Tenemos una finalidad como humanidad en el universo. Tenemos un destino y, sin embargo, no tenemos por qué conocerlo racionalmente. Y esto hay que aceptarlo de la manera más sana posible. Convertir nuestro planeta en un jardín. Enriquecerlo y enriquecernos.
¿En qué consiste eso de ser uno mismo? ¿Acaso podemos llegar a saber quiénes somos?
El conócete a ti mismo significa, en realidad, que tú eres el universo. Yo no tengo límites porque estoy unido al universo como un organismo: el tiempo es mi vida, lo que sucede es mi vida y es la vida. Si me conozco a mí mismo soy el actor y el espectador. Lo conocido y el conocedor al mismo tiempo. Hasta cierto punto puedo pasar de actor a espectador, pero hay un momento supremo en que el actor y el espectador se funden. Eso ya no es conocimiento. Es conciencia pura, estado.
¿Qué significa realizarse a través de lo transpersonal? ¿No se ha abusado de esta palabra?
No es palabrería, es simplemente un constructo útil. Lo que entendemos por personal se corresponde con la actitud de encerrarte en tu propia psicología y analizar todo a través de ti mismo. Lo transpersonal significa aceptar que existe el otro, tenerlo en cuenta para percibir el mundo y entender las cosas.
En este sentido, lo transpersonal trasciende los límites. Tendríamos, por ese camino, que llegar al pensamiento andrógino. Si tú fueras una persona común pensarías primero como español, luego como hombre y, después, como terráqueo. El ideal es pensar sin nacionalidad, sin definición sexual y sin estar deformado por el sistema solar.
¿Podemos llegar a pensar que un día nos realizaremos?
Eso es una trampa, porque nadie se realiza plenamente. ¿Qué es realizarse? Se va avanzando como se puede. Por ejemplo, hoy he estado escribiendo todo el día Los Technopadres, una serie en forma de cómic que me encanta. Soy feliz porque me gusta la escena que inventé. Estoy eufórico porque estoy creando. Aunque sea una historia para niños o para jóvenes, me fascina. Y cada mañana escribo un poema de cuatro o cinco líneas, no tengo tiempo para más. Son pequeñas cosas que hago y que me gustan:
Cuarto abandonado
casa sin dueño
el vacío acecha
bajo mis palabras.
Como un ciego