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que encontrara

un tesoro en la basura

dejo transcurrir el invierno.

No me agradezcas.

Lo que te he dado

me ha sido dado

sólo para ti.

No quiero que me ames,

quiero que ames:

los incendios no tienen dueño.

Al escucharlo, tengo la impresión de que nuestra felicidad consiste en mirar el mundo de una determinada manera.

No es una cuestión de percepción. Consiste en ser uno mismo. Cuando avanzas te percibes en tu totalidad. No se trata de delimitar la realidad. Si decimos: «Yo quisiera conocer», estamos proyectando la ilusión de tener un yo, que además conoce. Y no se trata de eso. Desde la Antigüedad clásica respetamos mucho la expresión «Conócete a ti mismo», pero en realidad es bastante confusa. La gente piensa que es algo parecido a que salgas a encontrarte. En realidad cuando decimos «conócete a ti mismo», ese «ti mismo» es el universo. El universo se conoce a sí mismo. «Conóceme», dice el universo. En la voz de Dios, conócete a ti mismo significa… conóceme. Cuidado: no pienses «Tú eres yo, yo soy tú». En verdad, «Tú no eres yo, pero yo soy tú».

Los grandes maestros sostienen que tenemos que aprender a morir en paz. Pero para eso ¿hace falta todo este viaje?

Sí, claro. La vida es aprender a morir con tranquilidad, «jugar a morir» decían los chinos. Pero morir es entrar en un proceso, como cuando lentamente de la niñez se pasa a la pubertad: el vello, las hormonas… Lo vives como un cambio. Tú avanzas en la vida y empieza a aparecer la vejez, que es otro período. El pelo se va poniendo blanco, los dientes amarillos. Si luchas contra la vejez, envejeces con angustia. Si luchas contra la pubertad, te traumatizas. En un momento dado todos entramos en el proceso de la muerte, que se puede y debe vivir exactamente como los otros cambios precedentes.

La muerte no es más que un estado. ¡Nadie está muerto! ¡Nadie muere! Todos nosotros entraremos en el proceso de la muerte, y lo maravilloso es que lo aceptemos con la tranquilidad con la que entramos en la pubertad o en la madurez.

Visiones

I

¿Qué piensa de los intermediarios del espíritu? De aquellos que se han organizado para enseñarnos los misterios de la vida.

Últimamente he dividido el mundo -a pesar de que estas decisiones son arbitrarias- en seres y monigotes. La palabra «monigote», que se me ha adherido al lenguaje, me sirve para designar todos los constructos mentales. Hay, por supuesto, monigotes útiles y monigotes inútiles. Y la utilidad de los mismos varía según pasa el tiempo o cambian nuestras circunstancias particulares. En cierto momento, un monigote inútil puede ser útil.

El monigote útil es aquel que nos conduce a las mutaciones necesarias. Los monjes, por el hecho de vivir en celibato, no son dignos de fe. Si todo el mundo fuera sacerdote, se acabaría la raza humana. En este sentido, no son buenos. No es posible llevar a Dios consigo ni comunicarlo a otros desde una vida que va contra la naturaleza humana.

Cuando estos monjes se organizan en sectas, surgen otros problemas.

Supongo que tratan de monopolizar lo que llaman verdad…

Las sectas podrían ser útiles, el problema es, efectivamente, que su realidad consiste en apropiarse de Dios. La propiedad privada de Dios. Luego declaran que quien no pertenece a la secta es infiel, digno de destrucción. Son separadoras. No unen. Yo creo que en el futuro los templos serán polivalentes. Existirán catedrales donde se celebren todos los cultos, con libre acceso y compatibilidad absoluta. Posteriormente se eliminarán los nombres de los dioses, que serán entidades anónimas. Si pones un nombre a Dios te estás apropiando de él.

La religión, igual que una Constitución, debe ser revisada, porque en la medida en que el hombre va mutando, la religión tiene que cambiar. La secta procede con prohibiciones. Aquello que el hombre no conoce lo llama Dios: es una forma de superstición. En la medida en que el cerebro evoluciona, las creencias ciegas y los tabúes se van desmoronando.

¿Cómo afecta esto a lo que usted llama salud…?

Tenemos que ser muy conscientes de que debajo de cada enfermedad hay una prohibición. Una prohibición que viene de una superstición.

Por tanto, no recomienda ninguna Iglesia…

No, pero tampoco esos templos de los maestros zen, ya sean españoles, americanos o mexicanos. Son monigotes que imitan tradiciones, lenguajes y comidas japonesas.

Pero las sectas poseen técnicas y conocimientos interesantes.

Claro. Pero para adquirir esas técnicas y conocimientos no hace falta tanto circo. Cuando Ejo Takata me hizo llegar un bastón zen, se lo devolví diciéndole: «No soy un maestro zen, no me des esto. Nunca voy a ser un maestro ni voy a andar dando palos a nadie, me haces un gran honor, pero no lo quiero. Mi vía es otra».

¿Qué sentido tiene que la humanidad haya producido seres como Jesús o Buda?

Cuando dices Jesús y Buda estás hablando de seres que para mí son imaginarios. Es como si me dices Don Quijote o Hamlet. Lo mismo. Pero que sean imaginarios no me importa. Lo que me importa es la calidad de su mensaje, que es maravillosa.

En cierta manera están ahí, casi pueden ser tocados.

Están ahí, míticos, pero ahora hablamos de seres humanos. No sabemos si algunos seres humanos han recibido la revelación. Nunca sabremos si el santo es un loco o si tiene alucinaciones.

Y de las apariciones o revelaciones, ¿qué opina?

Ver apariciones de la Virgen no me interesa. No me prueba nada. Ver a una muchachita transparente que me sonríe subida a un árbol es para mí lo mismo que ver a un gorila subido a un árbol. Es tan curioso como eso: no te sirve para nada.

¿Y qué explicación da a esos fenómenos?

Se producen porque la gente anhela que existan, se trata de una alucinación colectiva. Jung decía que los platillos volantes son un producto del inconsciente colectivo. Son sueños colectivos.

¿Por qué tenemos la sensación de que las religiones son trampas para el espíritu?

Las religiones se convierten en trampas desde el momento en que son límites. La divinidad no tiene nombre ni nacionalidad, y es para todos. La religión viene a establecer parcelas en la realidad mística y, al final, sientes los límites de cada religión y éstas se convierten en trampas. Por otro lado, los libros sagrados llevan siglos siendo interpretados de forma aberrante por monjes para quienes la mujer es el demonio, y acaban infectando los textos santos con sus interpretaciones desviadas; luego, esto pasa a las escuelas, la política, la sociedad… y acaba creando agobio. La religión, que debería ser la panacea universal, se convierte en el veneno universaclass="underline" todas las religiones.

Usted estudió la Cábala, que además de tener una interpretación religiosa es un lenguaje.

Sí, un lenguaje que produce muchos locos: en hebreo cada letra tiene un valor numérico, y cada palabra que lees es, y suma, una determinada cifra. Entonces haces combinaciones y dices: «El número 87 es luna (levana, en hebreo) pero también la palabra carroña (nevela) suma 87, luego luna y carroña serían lo mismo». Es un sistema delirante; la Cabala te lleva al delirio. Nosotros somos adultos. No necesitamos creer en cuentos de hadas. No podemos decir que un libro fue escrito por Dios. No podemos decir que la Biblia, el libro sagrado, sea la palabra divina. Podemos decir que es una novela, una obra de arte. Y los lenguajes son obras de arte. Pero todos, no sólo el hebreo o el sánscrito. Puedo jugar con todos los lenguajes de igual manera.

¿Qué relación ha tenido con el sufismo?

En el sufismo, cuando lo conoces, descubres grandes bellezas. Es como la crema del Islam. Es un profundo misticismo, pero están presos del Corán.