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La expresión de la doctora Garrett fue tan inalterable y candida como Tiel podía esperar.

– Lo comprendo perfectamente. Estaremos esperando la llegada de la madre.

Tiel besó la cabecita de Katherine. Tenía un vínculo con aquella niña que seguramente nunca tendría con cualquier otro ser humano: había sido testigo de su nacimiento, de su primera respiración, había oído su primer llanto. Incluso así, la profundidad de sus emociones la cogió por sorpresa.

– Cuídenla mucho.

– Tiene mi palabra.

La doctora Garrett cogió al bebé y corrió con él en brazos hacia el helicóptero que estaba esperándolos, cuyas aspas giraban ya y levantaban un fuerte vendaval. El doctor Giles tuvo que gritar para hacerse oír por encima de aquel estrépito.

– ¿Cómo está la madre?

– No está bien. -Tiel le ofreció una versión resumida del parto y el nacimiento, luego describió el estado actual de Sabra-. Lo que más preocupa a Doc es la pérdida de sangre y la infección. Sabra está cada vez más débil. Su tensión arterial está cayendo, ha dicho. Con lo que le he contado, ¿cree que podría aconsejarle hacer alguna cosa en concreto?

– Llevarla al hospital.

– Estamos trabajando en ello -dijo ella con tristeza.

El hombre que se aproximaba con paso firme y decidido no podía ser otro que Calloway. Era alto y delgado, pero incluso en mangas de camisa desprendía un aire de autoridad.

– Bill Calloway -dijo, confirmando su identidad tan pronto como llegó donde estaban Tiel y el doctor Giles. Se dieron la mano.

Gully llegó cojeando con sus piernas curvadas.

– Por Dios, niña, si después de esta noche no muero de un infarto, es que voy a vivir eternamente.

Ella le abrazó.

– Nos sobrevivirás a todos.

Al margen del cada vez más numeroso grupo, se percató de la presencia de un hombre corpulento vestido con una camisa blanca de vaquero con cierres nacarados. Sujetaba en las manos un sombrero de vaquero similar al de Doc. Antes de que pudiera presentarse, se encontró toscamente arrastrada hacia un lado.

– Señorita McCoy, quiero hablar con usted.

Reconoció de inmediato a Russell Dendy.

– ¿Cómo está mi hija?

– Se está muriendo.

Aunque la afirmación parecía innecesariamente dura, Tiel no albergaba ni un mínimo de compasión por el millonario. Además, si lo que pretendía era hacer mella en aquel punto muerto, debía darle fuerte.

Kip estaba al fondo, capturando con su cámara aquella reunión llena de suspense. La luz de la cámara resultaba cegadora. Por primera vez en su carrera, Tiel sintió aversión por aquella luz y la invasión de la intimidad que representaba.

Su tajante respuesta a la pregunta tomó momentáneamente a Dendy por sorpresa, lo que permitió a Calloway presentarle a otro hombre.

– Cole Davison, Tiel McCoy. -El parecido entre Ronnie y su padre era inequívoco.

– ¿Cómo está mi hijo? -preguntó ansioso.

– Decidido, señor Davison. -Antes de proseguir, miró a ambos hombres por separado-. Estos jóvenes hablan en serio. Hicieron un juramento y pretenden mantenerlo. Ahora que ya saben que Katherine está a salvo y recibiendo atención médica, no hay nada que les detenga para llevar a cabo su pacto de suicidio. -Utilizó aquellas palabras expresamente para subrayar la gravedad y la urgencia de la situación.

Calloway mantuvo su distancia profesional y fue el primero en tomar la palabra.

– El sheriff Montez dice que ese tal Doc es un hombre alto y musculoso. ¿No podría doblegar a Ronnie y hacerse con el arma?

– ¿Y arriesgarse a tener otro herido? -cuestionó ella, de forma retórica-. Hace poco rato dos de los hombres intentaron utilizar la fuerza. Y acabó con derramamiento de sangre. Creo que puedo descartar esta idea en nombre de Doc. Está intentando convencer a Ronnie para que esto termine de forma pacífica. Si de pronto intentara saltar sobre el chico, perdería todo lo que pudiera haber ganado con él.

Calloway se pasó la mano por su escaso cabello mientras observaba cómo se elevaba el helicóptero con la doctora Garrett y la recién nacida.

– ¿Corren algún riesgo los rehenes? -preguntó.

– No creo. Aunque entre Ronnie y el agente Cain o los mexicanos no queda nada de amor.

Todos intercambiaron una mirada de incomodidad, pero antes de que Tiel pudiera preguntar qué auguraba, dijo Calloway:

– En resumen, Ronnie y Sabra ponen a cambio su propia vida.

– Exactamente, señor Calloway. Me han enviado para decirle que dispone de media hora para darles una respuesta.

– ¿Sobre qué?

– Clemencia, y libertad para seguir su propio camino.

– Eso es imposible.

– Entonces tendrá en sus manos la responsabilidad de la muerte de dos niños.

– Usted es una persona razonable, señorita McCoy. Sabe que no puedo hacer este tipo de pacto de silencio con un supuesto criminal.

Tiel se sintió inundada por la desesperación y la derrota.

– Lo sé, y, sinceramente, comprendo su postura, señor Calloway. Soy sólo la mensajera. Le digo lo que Ronnie me ha dicho. Intuyo que habla en serio y que hará lo que dice. Aunque él esté marcándose un farol, Sabra no.

Miró directamente a Dendy.

– Si no puede tener a Ronnie, vivir libremente con él, está dispuesta a quitarse la vida. Si es que antes no muere desangrada. -Y dirigiéndose de nuevo a Calloway, añadió-: Desgraciadamente para usted, mi intuición no es la que cuenta. La decisión no es mía, sino suya.

– No lo es del todo -declaró Dendy-. Yo también tengo algo que decir en todo esto. Calloway, por el amor de Dios, prométale cualquier cosa al chico. Simplemente saque a mi hija de ahí.

Calloway consultó el reloj.

– Media hora -dijo rápidamente-. Poco tiempo, y tengo que realizar algunas llamadas. -Se volvieron al unísono hacia la camioneta estacionada en el aparcamiento del establecimiento.

Gully fue el primero en darse cuenta de que Tiel no seguía el paso de todos ellos. Se volvió y la miró con curiosidad.

– ¿Tiel?

Caminaba en dirección contraria.

– Regreso allí.

– ¿No lo dirás en serio? -Gully habló por boca de todos, que la miraban con pura consternación.

– No puedo abandonar a Sabra.

– Pero…

Ella negó enérgicamente con la cabeza, hasta terminar con las protestas de Gully. Mientras desandaba sus pasos y ampliaba la distancia entre ellos, dijo:

– Estaremos esperando su decisión, señor Calloway.

Capítulo 14

Tiel se quedó frente a la puerta del establecimiento durante un buen minuto y medio antes de que se escuchara el pestillo. Cuando volvió a entrar, Ronnie la miró con cautela.

Disipó enseguida sus sospechas.

– No llevo ningún arma escondida, Ronnie.

– ¿Qué ha dicho Calloway?

– Se lo está pensando. Ha dicho que tenía que hacer algunas llamadas.

– ¿A quién? ¿Para qué?

– Me imagino que no tiene autoridad para garantizarte la clemencia.

Ronnie se mordió el labio inferior, que estaba ya en carne viva.

– Está bien. ¿Pero por qué ha regresado?

– Para hacerte saber que Katherine está en buenas manos. -Le explicó que la había dejado con la doctora Emily Garrett.

– Cuénteselo a Sabra. Le gustará saberlo.

La joven madre tenía los ojos entrecerrados. Respiraba de forma superficial. Tiel no estaba segura de que estuviera totalmente consciente y escuchándola, pero despues de describirle a la especialista en neonatos, Sabra susurró:

– ¿Es agradable?

– Mucho. Ya lo verás cuando la conozcas. -Tiel miró de reojo a Doc, que estaba tomándole la tensión arterial a Sabra con las cejas casi juntas, formando una mueca que Tiel empezaba ya a reconocer-. Ahí fuera hay otro médico muy agradable que está esperando ocuparse de ti. Se llama doctor Giles. No tendrás miedo a volar en helicóptero, ¿verdad?

– Lo hice una vez. Con mi padre. Estuvo bien.