Se paró en seco.
– ¿Qué pasa? -preguntó Monique deteniéndose también.
– Nada -respondió él y siguió corriendo.
Pero había algo. Estaban las palabras de Qurong, las que alcanzó a oír en el campamento de las hordas. Podía oírlas ahora.
– «Te lo digo, la brillantez del plan está en la audacia -había comentado Qurong-. Ellos podrían sospechar, pero con nuestras fuerzas a sus puertas se verán obligados a creer. Hablaremos de paz y escucharán porque deben hacerlo. Para el momento en que hagamos actuar la traición en él, será demasiado tarde».
Para el momento en que hagamos actuar la traición en él, será demasiado tarde.
¿Quién era «él»? Cuando Thomas supo que no había matado a Martyn, que el hombre con quien Qurong había estado hablando no era Martyn, había supuesto que «él» tenía que ser Martyn. El pensamiento se le cruzó por la mente cuando Justin llevó a Martyn al anfiteatro. En parte por eso Thomas no tenía intención de creer en ninguna paz que esos dos negociaran. Sus guardianes estarían listos.
Pero, ¿y si «él» fuera Justin del Sur?
¡Por supuesto! ¿Quién mejor para traicionar que un héroe entre el pueblo, un poderoso guerrero que montara como un rey por el Valle de Tuhan y derrotara al comandante de los guardianes en un combate cuerpo a cuerpo?
¡Fue una trampa! Justin podría tener ya una alianza con Martyn. Había negociado la retirada de los encostrados del Bosque Sur. Luego había regresado al campamento principal de las hordas con Martyn y llegó a tiempo para salvar a Thomas y su grupo en una demostración de buena fe. El hombre en lo alto de la colina que observaba a Thomas y sus hombres había sido Martyn.
¡Todo tenía perfecto sentido! La batalla en el Bosque Sur, las palabras en la tienda de Qurong, que Justin salvara a Thomas en el desierto, la victoria de Justin en el careo y ahora esta revelación de Martyn como Johan. Incluso la marcha por el Valle de Tuhan.
Y todo enfocado a este fin. Una trampa. Una traición.
¿Y si la traición terminaba en la matanza de su poblado? ¿La muerte de los niños? ¿La muerte de Rachelle? ¿Moriría Monique? ¿Y si las hordas lo mataban? Él era necesario aquí.
Thomas no sería engañado por la traición de ellos. Cortaría el asunto y rechazaría cualquier paz ofrecida por Johan y Justin. Esto acabaría en una terrible batalla, quizás, pero…
Otro pensamiento lo sorprendió. ¿Y si él utilizaba este conocimiento contra las hordas? ¿Y si creaba un cambio total, uno que pudiera evitar por completo la guerra? Su propia paz en sus propias condiciones.
Thomas se volvió a detener, el corazón le palpitaba con ansiedad por volver a soñar. ¡Debía regresar y tratar con la traición de Justin!
Adelante, al borde de un claro, había una pequeña cantera. Las luces de una casita de granja brillaban a varios cientos de metros en el valle.
– ¿Qué pasa ahora? -inquirió Monique, jadeando.
– Está casi completamente oscuro. No sabemos cuán lejos debemos seguir o adonde estamos yendo en realidad. Debemos detenernos para pasar la noche.
– ¿Y si él nos atrapa?
– No creo que Carlos espere que nos detengamos para pernoctar… irá a la ciudad o investigará en establos y pueblos -dedujo él y señaló hacia las luces de la granja adelante.
– ¿Quieres que nos detengamos aquí? -preguntó ella mirando alrededor.
Thomas corrió sobre la cantera. El terreno bajaba cerca de siete metros, como un tazón. En el fondo había varias rocas enormes.
– Podemos tender algunas ramas o paja.
El creyó que ella protestaría. Pero después de un momento estuvo de acuerdo.
– Está bien.
Diez minutos después habían cubierto el terreno con pasto y apoyado.
– Rachelle ya ha experimentado eso mismo. No podemos permitir que te ocurra algo.
– Porque afectará también a Rachelle. Thomas suspiró y se volvió a recostar en la roca. -¿Está Rachelle en peligro de muerte?
– En realidad, sí. Todos lo estamos.
– Entonces supongo que sería mejor que soñaras y salvaras al mundo.
Por el tono de ella él supo que le frustraban estas ideas de los sueños, pero él no tenía energías para persuadirla ahora. Decidió darle un pensamiento diferente.
– Simplemente podría. Pero creo que deberé ir tras Justin para hacerlo. Ella no preguntó quién era Justin.
La luna brillaba y la noche era fría cuando finalmente convinieron en que debían dormir. La enramada significaba ocultarse de todo ojo entrometido en el cielo y Thomas insistió en que los dos durmieran bajo las frondosas ramas.
A pesar de sus intentos iniciales y del pudor, ambos aceptaron el hecho de que en ese momento era más importante la comodidad y el calor que obligarse a estar en posiciones que los mantuvieran separados la mitad de la noche. Yacían hombro con hombro, brazo con brazo, en la oscuridad y empezaron a dormirse.
Thomas se hallaba casi dormido cuando sintió la mano de ella sobre la suya. Abrió los ojos. Al principio se preguntó si le tocaba la mano en su sueño. Debía apartar el brazo.
Tardó otros quince minutos en comenzar a dormirse otra vez. Así se quedaron profundamente dormidos, muñeca con muñeca.
CARLOS CUBRIÓ el terreno en una caminata firme y rápida. La luna se hallaba bastante alta para iluminarle el camino, lo cual le hizo más fácil la marcha durante la primera hora de oscuridad, antes de que la luna se ocultara.
Viajaba solo porque este asunto de Thomas Hunter se había vuelto algo muy personal y también por tener la seguridad de poder tratar con el problema sin siquiera revelar toda la verdad de lo que ocurrió en la casa.
En su mano portaba un receptor que recibía una señal de la mujer. Una semana antes le habían cosido el transmisor a la banda de la cintura… no había motivo para no mantener controlado un activo tan valioso. Carlos tendría problemas si ella se despojaba de los pantalones, pero no tendría oportunidad, a menos que llegara a un pueblo. Y, basándose en el curso que seguían, eso no sucedería antes de la mañana.
Se habían detenido. Incluso en ese lugar los alcanzaría en cuestión de horas.
Levantó la mano y se volvió a tocar el cuello. La sangre se había secado; la cortada era poco más que un rasguño. Pero en la mente se le representaba todo el tiempo la manera en que la recibió.
Igual pasaba con lo que Thomas había dicho acerca de su propio fallecimiento después de que ya no fuera útil. Había considerado la posibilidad de que Fortier simplemente dispusiera de él una vez que tuviera lo que quería… nunca habría garantías con tipos como Fortier.
Pero Carlos no era un hombre sin planes propios. Podía encargarse de esta contingencia con Hunter. En principio, esto le daba un motivo perfecto para matarlo de una vez por todas. Pero también podría asegurarle su propio crédito hasta tener la oportunidad de eliminar tanto a Svensson como a Fortier. Les diría que antes de morir Hunter había confesado algo nuevo acerca de estos cuentos de él, que un intento importante de golpe seguiría inmediatamente a la transición de poder a Fortier. Lo mantendrían vivo al menos el tiempo suficiente para combatir el golpe.
Hunter no haría tal afirmación, por supuesto, pero había algo de verdad en eso. Habría un intento de golpe.
Los musulmanes, no un francés impío, terminarían siendo los ganadores en esta guerra de Alá.
Fortier no era el único hombre que sabía cómo pensar.
20
THOMAS JADEÓ en su sueño y despertó al instante. Se levantó bruscamente. Oscuridad. Silencio.
Parpadeó y forzó la vista. Lentamente comenzó a distinguir las paredes. Monique estaba en la cama a su lado, respirando firmemente.