Entre sus rasgos faciales destacaba una nariz enérgica, aunque no excesivamente ancha; y sobre su labio superior, lleno de resolución, lucía un bigote rectilíneo. Un par de cejas también netamente cortadas se alzaban hacia aquella frente envuelta en tejido.
– Usted, profesor, leyó en América los reportajes periodísticos relativos a nuestra apostasía, ¿verdad? Se lo oí decir a Ikúo, y me pareció interesante. Sobre todo porque no he tenido ocasión de conocer las impresiones ni las críticas de la clase intelectual en torno al Salto Mortal.
Guiador orientaba hacia Kizu sus grandes ojos negros, cuyo blanco era visible a ambos lados del iris, y debajo del mismo.
– El reportero del New York Times que escribió sobre usted y sobre Patrón, a juzgar por su nombre, es judío. No se puede reducir a simples términos los conocimientos que ha reunido este hombre; pero en todo caso él sacó a relucir el nombre de Sabbatai Zevi. Es un personaje del siglo XVII que, a pesar de ser reconocido por su.pueblo como el Mesías, dio un giro al Islam en su trayectoria. Según le oí a un compañero mío, especialista en Historia de las Religiones, aquel líder había apostatado, pero sus seguidores, que aún creían en sus enseñanzas, mantuvieron durante muchos años su fe en él, dentro de un área que, a partir Turquía, se extendía desde Europa Oriental a Asia Menor y llegaba a Rusia. Y a propósito de eso, yo incluso he venido a pensar si, después de que Patrón y usted protagonizaran el Salto Mortal, no quedarían abandonados ciertos creyentes que aún mantuvieran viva su fe; y en el caso de haberlos, si ustedes serían capaces de ignorarlos indefinidamente.
– Precisamente ése es el punto sobre el que pensaba consultarle, profesor -dijo Guiador en tono enérgico pero sosegado-. Hace diez años Patrón y yo, no sólo abandonamos a los creyentes de la secta, sino que incluso renunciamos a la propia fe que teníamos. Por medio de la televisión, Patrón se dirigió a los creyentes de todo el país, para comunicarles que cuanto habíamos venido diciendo hasta el momento era disparatado, y que queríamos acabar con aquella farsa.
"Patrón es una persona que aun cuando dé la impresión de tratar las cosas en plan de broma, jamás se pronunciará a favor de algo que él no considere verdadero. Es cierto que se ha visto acorralado por las circunstancias, pero en ningún caso lo han podido forzar a decir lo que para él no fuera verdad.
"En tanto que Patrón se debatía angustiosamente pensando qué camino seguir, yo estuve a su lado todo el tiempo. También yo me devané los sesos hasta lo imposible. Y sacamos como conclusión que no teníamos más remedio que actuar como lo hicimos. Llegamos al punto en que esa conclusión se nos impuso como inevitable, y tuvimos que persuadirnos de ello. Se puede decir que en ese momento estábamos muertos. Habiendo dado el Salto Mortal, no éramos más que muertos vivientes. Tal vez sería más exacto decir que habíamos sobrevivido, pero como cadáveres puestos de pie.
"Desde entonces, para nosotros se había borrado todo lo anterior al Salto Mortal. Nos tocaba, pues, vivir como si nos hubiéramos quedado amnésicos tras pasar por aquello, y sin conservar traza alguna de lo anterior en nosotros. Ciertamente habíamos apostatado. Como habíamos librado aquel combate mortal, no nos cabía otra expectativa que continuar en esta vida como autómatas; pero como unos autómatas sensibles al sufrimiento. Esto le sucedía a Patrón, y me sucedía a mí. Él llegó a decir que esa situación era como caer en el infierno. Yo me siento solidario con él, pero a lo largo de estos años nunca hemos hablado sobre qué tipo de infierno era ése. Aunque hemos vivido todo el tiempo juntos, la verdad es que hemos llegado hasta hoy sin haber hablado entre nosotros de los temas más importantes.
"A partir del Salto Mortal hemos vivido hasta ahora como si estuviéramos muertos. Como cadáveres vivimos, según ya he dicho, pero, por expresarlo de otra manera, diré que estamos en un letargo invernal. Como un oso delicado de salud que dentro de su guarida puede morir en cualquier momento de su letargo. Patrón es una personalidad compleja, y su experiencia interna quizás haya sido otra. Sin embargo, por lo que a mí respecta, jamás en mi vida he pasado por una década tan ociosa como esta última. Tan ociosa ha sido, que tal vez hayamos quedado en muy mal lugar. Si la actividad mental ayuda a eliminar el colesterol, en nuestro caso es como para que esa sustancia se nos pegue a las venas del cerebro hasta hacerlas reventar.
Bailarina entretanto se mantenía cerca de Guiador para atenderle con toda la solicitud de un camarero experimentado; sobre una bandeja con diseño de flores, que se apoyaba sobre el pecho, llevaba ella una copa de agua y varias medicinas. Mientras Guiador hablaba de la década ociosa, ella movía la cara -con su boca entreabierta-, levemente, de un lado a otro. Cuando en alguna pausa de la conversación Guiador se volvía hacia Bailarina para coger el vaso de agua, ella giraba hábilmente la bandeja, y le ponía por delante una medicina, como inculcándole la idea de que no debía beber agua hasta que no se metiera en la boca los granulos del medicamento correspondiente.
– Con todo, como ha dicho usted, profesor, no sólo están los que se han quedado en la iglesia, sino también los que, habiendo salido, han organizado sus vidas en común, y de este modo han continuado el movimiento como creyentes. Un poco antes de los sucesos recientes que me llevaron a ingresar en el hospital, hubo personas que dieron el primer paso para contactar conmigo, y yo por mi parte ya tenía planeado verme con un grupo que dentro de nuestra iglesia había constituido a su vez una secta. De esto no le había hablado a Patrón, pero cuando me han dado de alta en el hospital y he vuelto aquí, he visto que él particularmente estaba también orientándose a los pequeños grupos, tratando de tomar contacto con quienes nos habían escrito directamente.
"Todavía no hemos hablado entre nosotros de ese tema, pero pasados estos diez años, lo que Patrón se ha puesto ahora a pensar, y lo que yo por mi parte pienso, todo discurre por el mismo camino, ¿no es así? Creo que el trato en común continuado durante mucho tiempo arroja estos resultados.
"Por la época del Salto Mortal, tanto Patrón como yo esperábamos que nuestra iglesia desaparecería. Sin embargo, con posterioridad al salto, el centro de Kansai tomó las riendas de la iglesia como corporación religiosa reconocida. Ellos no aplicaron sus energías a atacarnos por nuestra apos-tasía; más bien se concentraron en defender a la organización de todas las críticas y burlas con que los medios de comunicación se le han enfrentado. Pero en contraste con esta actitud está la de otro grupo que se independizó de la iglesia con ocasión del Salto Mortal, que nos ha censurado duramente. Otros antiguos creyentes que se han dispersado en mil direcciones, o bien se han afiliado a veces al Shinrikyoo (o "doctrina de la verdad") de Oom, o bien a confesiones cristianas fundamentalistas. A Patrón y a mí nos han llegado mensajes de estos hombres y mujeres a la oficina, tratando de ganarnos para su causa.
"Por supuesto que a lo largo de estos diez años el interés que tenían dichas personas hacia nosotros ha ido desapareciendo por sí solo, y sus cartas han dejado de llegar. No sé qué habrá sido de ellos ni de ellas. Ahora, de quienes nos consta que aún siguen en pie es de los grupos que, habiéndose salido de la iglesia, no se han desintegrado. Hay concretamente un grupo de mujeres que siguen creyendo dócilmente en las enseñanzas de Patrón, y que ahora, lejos de criticarnos, permanecen -por lo que sabemos- en una actitud de desear compartir nuestros sufrimientos.
"Si nosotros hemos caído en pecado, ellas dicen que quieren compartir nuestro pecado y nuestro pesar. Y es que nos están viendo a nosotros como los llamados a atraer la salvación sobre toda la humanidad pecadora; y todo ese proceso tiene lugar al caer nosotros, como apóstatas, en el infierno. Lo que parecen estar diciendo es que van a orar para que llegue el día en que nosotros salgamos liberados de ese infierno. La oración que hacen consistirá seguramente en el hecho mismo de imaginarse el infierno en que hemos caído, y de entenderlo. El punto que no tengo claro es si Patrón se vio influido por esta mentalidad de ellas, y por eso habló de nuestra caída al infierno, o bien si eran palabras originales de Patrón que por algún camino llegaron hasta ellas.