– Yo no creo que Patrón en esos momentos haya visto el infierno -dijo Guiador con gravedad-. No se trata de que Patrón elija las cosas que quiere ver luego, ni de que actúe como quien pretende interpretar una fotografía espacial; sino de que él capta como totalidad esa enorme estructura reticular que despide velados destellos blanquecinos. Ése es básicamente su proceder cuando entra en trance.
"Patrón me hizo mención directa desello después de uno de sus grandes trances. Eso que despide velados destellos blanquecinos no es que se proyecte al espacio exterior, sino que más bien es como una oquedad sin fondo: toda ella es una enorme red en forma de huso de hilandera. Como dicha red consta de muchas capas superpuestas, constituye una pantalla que muestra de una vez todo el mundo de los humanos, desde su comienzo hasta su final; y cada uno de los puntos mostrados por esa estructura reticular está en realidad avanzando. Siendo esto así, su alcance cubre desde el principio de los tiempos, cuando no había otra cosa que un presagio orientado al Big Bang originario, hasta la época en que todo refluya de nuevo al último y único ser. A esa gigantesca oquedad en forma de huso se la puede llamar -en su conjunto- Dios, según me ha dicho Patrón. Este hombre, tal como está ahora, con la cabeza hundida entre las rodillas, con ese aspecto de feto humano comprimido, se dispone a entrar en un gran trance que lo pondrá cara a cara con Dios.
Kizu notó que Guiador, cuando hablaba, lo hacía dirigiéndose más bien a Ikúo, el cual iba conduciendo. Ikúo a su vez captó con agudeza la.situación, y también él mostró una reacción a Guiador, que era incluso de enfado.
– Si Dios es algo así como eso, lo único que tenemos ahí es otra manera de decir que Dios no existe -objetó Ikúo.
Aun cuando estuviera hablando, Ikúo seguía conduciendo, la mirada orientada al frente. Su atlética espalda, el doble de ancha que la de Patrón -la que tan recientemente había visto Kizu en torno a sus cervicales-, también acusaba la tensión generada por el sentido de las palabras que acaba de pronunciar.
– ¿Qué es eso de que Dios no existe? -exclamó Guiador, devolviendo la pregunta.
– Decir que Dios es esa misma oquedad del mundo, ¿no es acaso igual a decir que no existe?
– Pero al decir tú que es esa oquedad, ¿no estás reconociendo que existe?
– Para la gente dispuesta a acoger a ese Dios como una gran oquedad, y con eso ya se siente llena, así será sin duda -respondió Ikúo-. Sin embargo, para otro tipo de gente eso equivale a decir que no hay Dios.
– O sea, para ti; ¿no es lo que quieres decir?
– Efectivamente. Eso supuesto, para mí no hay Dios.
– Pero la cuestión, para ti, no se resume en un debate general sobre si Dios existe o no. Lo que a ti te interesa es si Dios actúa positivamente en ti, o no.
– Así es. Ésa es la cuestión -reconoció sumisamente Ikúo, sin dejar al mismo tiempo su actitud obstinada.
Guiador se mantuvo callado. Tampoco Kizu podía terciar en el tira y afloja de Ikúo y Guiador. Por un rato el microbús siguió adelante llevando a los tres silenciosos pasajeros a bordo. En ese intervalo, Kizu volvió a oler a alcohol. Advirtió que Guiador se había sacado furtivamente un pequeño frasco de whisky del bolsillo del abrigo. Tras emitir una tosecilla seca, Guiador rompió el silencio:
– Lo que es seguro es que esa cosa que despide velados destellos blanquecinos y representa una confrontación para Patrón, operando de ese modo, ha determinado su propia vida.
– Pues yo, en mi caso, si me viera confrontado por ese Dios como gran oquedad, y eso determinara mi vida, no me apuntaría a ese tedioso juego.
– En tu caso, ese Dios que Patrón acoge interiormente de un modo omnicomprensivo, ¿puede ser ese Dios que te habla directamente? ¿Es así, o no?
"A poco de conocerte, Ikúo, me di cuenta de que tú considerabas a Dios como una gran fuerza que hacía presa de ti. Mi deseo es que ese concepto de Dios en que te asientas se convierta para ti en un pasadizo que te conduzca a aquel inmenso panorama sin fondo de Patrón; quiero decir que a partir de ahí te encamines a ese Dios que lo confronta a él en sus grandes trances visionarios.
– El Dios en que piensa Ikúo -terció Kizu-, ¿sería, según eso, una parte de esa totalidad de Dios que concibe Patrón?
– Hablar de una parte de Dios no casa bien con la definición del Dios de Patrón. Yo he hablado de un pasadizo, pero me refería más bien a un haz de fibras lumínicas funcionando como línea de comunicación. Ikúo estaría aquí en uno de los terminales, tratando de lanzar señales hacia ese inmenso Dios, siendo Él la estructura receptora de todas las líneas.
– Suponiendo que desde aquel terminal del otro extremo fluye la comunicación hasta los innumerables terminales que hay en esta parte, ¿quiere decir eso que Dios puede hacerme llegar mensajes directamente? -preguntó Ikúo.
Guiador quedó silencioso, reflexionando. Su cabeza, con la agitación del microbús, que aceleraba su marcha, sufría continuas sacudidas. Kizu supo que Guiador iba ya un poco bebido, aunque tampoco parecía en modo alguno que Guiador no controlara sus palabras, por efecto de la embriaguez.
– Sin duda me expreso de un modo muy egocéntrico, pero creo que el único camino de experimentar a Dios es que desde aquel otro lado me lleguen sus señales -dijo Ikúo-. Cuando alguna vez su voz me alcanza, y yo procedo según esa voz, pero luego no hay respuesta por su parte, creo que irremediablemente se me corta el camino para un reencuentro con Dios. En la voz de Ikúo, quien mantenía la vista fija al frente, ya no había el tono de indignación de antes, sino más bien un deje de tristeza, que Kizu percibió como una punzada íntima. Guiador pudo haber experimentado lo mismo, pues habló ahora con un tono de voz diferente: -Ikúo, ¿le has hablado a Patrón de esto?
– No. Puede decirse que acabo de estrenarme como chófer suyo, y no ha habido ocasión de que le exponga lo que pienso. A partir de ahora tendré que irme preparando, pues si no, por más que le consulte cosas, creo que acabará cansándose de mí.
– Sin embargo -insistió Guiador-, ¿no te acercaste tú a Patrón con la esperanza de que él podría tal vez colmar tu ansia de Dios?
– Así es. Todo empezó por un encuentro que tuve con Bailarina a raíz de ciertas circunstancias pasadas que me relacionaban con ella; y entonces noté que Patrón tiene la facultad de acceder a un mundo que trasciende el de nuestras propias limitaciones. "Eso" no puede quedar al margen de Dios. Al oír Kizu la cabal confesión de Ikúo, no puede decirse que ésta le resultara inesperada, pero sí que él la acogió con cierta sorpresa y, sobre todo, sintiéndose solidario.
– En tal caso, debes hablarle a Patrón con toda franqueza -dijo Guiador a Ikúo, con el ánimo que también habría querido transmitirle Kizu y, es más, con las mismas palabras-. Patrón, al parecer, se encuentra ahora en la fase preparatoria para revivir una de sus grandes visiones, lo cual se le había negado durante mucho tiempo; pero en cuanto le sea posible, seguramente podrá leer, en esa red que despide velados destellos, la comunicación que Dios te envía. Por ahora hablaré provisionalmente de "tu Dios", y no creo que entre en contradicción con el Dios omnicomprensivo de Patrón.
A Kizu le resultaron incomprensibles las últimas palabras de Guiador. Ikúo a su vez volvió sobre la primera parte del discurso de Guiador, con la intención de asegurarse sobre los puntos del mismo que para él eran esenciales:
– ¿Qué puede significar para mí que Patrón me lea e interprete aquello? ¿Es que debo contentarme con pensar que se me está interpretando la comunicación por la que Dios me llamó una vez, para mantenerse luego en silencio?
– ¿Qué hay de malo en ello? Si tú le pides eso a Patrón, estando él a punto de entrar en un gran trance visionario después de tanto tiempo, seguramente le darás ánimo. Tu consulta le va a servir de estímulo para seguir adelante.