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Evidentemente, «Wenge Hongqi» no era un nombre auténtico. Podía traducirse como «bandera roja en la Revolución Cultural», un apodo poco habitual en los años noventa.

Bandera roja en la Revolución Cultural -leyó Yu-. Sue na como el nombre de una organización rebelde de aquella época.

– Espere un momento -lo interrumpió Liao-.Hongqi también suena como las dos primeras sílabas de hongqipao, vestido mandarín rojo.

Liao se puso en contacto de inmediato con el periódico. El director comentó que el anuncio no le había parecido incorrecto. Lo habían pagado al contado y llegó a la redacción por «entrega rápida», uno de los servicios más nuevos de la ciudad. Cualquiera que tuviera un coche o una bicicleta lo podía proporcionar, y posiblemente sin licencia. Era imposible localizar a la empresa de mensajería rápida. El hombre que escribió el anuncio no dejó su dirección ni su teléfono. No solían exigirse cuando se pagaba al contado.

Era evidente que se trataba de un mensaje del asesino. Además de un desafío inadmisible.

No pensaba dejar de matar, pese a todos los esfuerzos de la policía. Además, les había comunicado cuándo sucedería, y también dónde.

Pronto llegó la información sobre el club Puerta de la Alegría. La sala de baile estaba en un edificio de seis plantas situado en la calle Huashan, cerca de la calle Nanjing. Tenía un pasado esplendoroso: en los rutilantes años treinta, los más ricos y modernos de la ciudad acudían en masa a su pista de baile. Después de 1949, sin embargo, el baile fue prohibido como actividad social por considerarse atributo de un estilo de vida burgués y decadente. Convirtieron el edificio en un cine, y como tal sobrevivió a la Revolución Cultural. Durante aquellos años el nombre del club Puerta de la Alegría cayó casi por completo en el olvido, salvo por un incidente. Su enorme letrero de neón en letras inglesas, rotas y apagadas desde hacía muchos años, se desprendió y mató a un viandante que pasaba por debajo. Se consideró entonces que el incidente simbolizaba el fin de una época. Sin embargo, a principios de los noventa el club Puerta de la Alegría fue redescubierto debido a la ola de nostalgia colectiva que invadió la ciudad. Un hombre de negocios de Taiwan quiso devolverle al edificio su antiguo esplendor e intentó conservar el aspecto que tenía en los años treinta. Volvieron a colgarse viejos adornos y carteles amarillentos por el paso del tiempo, se contrató de nuevo a los antiguos músicos de la banda, se restauraron lámparas y candelabros oxidados, y las acompañantes para bailes, jóvenes y guapas, regresaron a la sala ataviadas con vestidos mandarines.

En resumen, el negocio volvía a ser boyante. Las guías turísticas de Shanghai describían el club Puerta de la Alegría como uno de los lugares de visita obligada de la ciudad.

Yu y Liao se miraron. No les quedaba otra alternativa. Hong se había preparado para actuar como señuelo, y ahora había surgido la oportunidad perfecta para pasar a la acción.

Yu seguía reticente a que Hong interviniera, pero sus compañeros habían presionado para que el plan se llevara a cabo. Como dice el proverbio chino, el que esté gravemente enfermo pedirá ayuda a cualquier matasanos. Hong, vestida como una mariposa, había recorrido un club nocturno tras otro luciendo sus encantos y flirteando. Un número considerable de clientes la habían abordado, según sus informes, pero ninguno resultó ser realmente sospechoso. A fin de no ahuyentar a su auténtico objetivo, Hong se vio obligada a seguirles la corriente hasta el último momento. Sus informes no mencionaban, comprensiblemente, las insinuaciones que tuvo que aguantar de todos aquellos clientes libidinosos.

Ahora la situación había cambiado.

– Es un tipo diabólico -se limitó a afirmar Yu.

– Hong lleva dos años en la policía. Ha recibido una excelente formación en la academia, y después con nosotros -murmuró Liao, como si intentara imbuirse de confianza antes de marcar la extensión de Hong-. Es una muchacha lista y muy capaz.

Yu no conocía demasiado bien a Hong, pero tenía muy buena opinión de ella. Era aguda, realista y muy trabajadora, cualidades no siempre habituales en una agente joven. La brigada de homicidios estaba soportando una presión excesiva, por lo que la decisión de Liao se entendía.

– El anuncio también podría ser una trampa -señaló Yu-. Si enviamos a nuestros agentes al club Puerta de la Alegría puede que cometa un asesinato en otra parte.

Liao asintió con la cabeza sin responder de inmediato. Segundos después, el secretario del Partido Li irrumpió en el despacho jadeando.

– ¡Esto es demasiado! -exclamó con voz estridente-. Hay que impedir que siga matando. Cuentan con el apoyo de todo el Departamento. Díganme cuántos agentes necesitan y los tendrán.

Hong también entró en el despacho y se sentó frente a ellos, cruzando las manos sobre el regazo. Iba vestida de «acompañante», con un vestido de tiras finas y aberturas laterales hasta el muslo. No llevaba maquillaje y su rostro parecía sereno y radiante bajo la luz matinal.

– Quiero que entienda que es un trabajo voluntario -comenzó a decir Liao, empujando el recorte de periódico hasta el otro lado del escritorio-. A diferencia de lo que ha hecho hasta ahora, no está obligada a esta misión. Puede negarse, aunque es la persona más cualificada para el trabajo.

Hong le echó un vistazo al recorte, se apartó el pelo de la frente con la mano y asintió, mientras su negro flequillo oscilaba con suavidad sobre sus arqueadas cejas.

– Si va a la sala Puerta de la Alegría esta noche -siguió explicando Liao- nosotros también estaremos allí. Sólo tiene que hacernos saber que el sospechoso se acerca.

– ¿Cómo puedo saber si es él? Todos esos hombres emplean las mismas artimañas con las chicas.

– No creo que intente hacerle nada en el interior del club, tendrá que sacarla de allí. Cuando lo intente, se lo impediremos. Estaremos preparados para cualquier eventualidad.

Pero sólo les quedaba medio día para prepararse, pensó Yu. Los policías apenas tendrían tiempo. Quizás Hong no tuviera dificultades para interpretar ese papel, gracias a su anterior experiencia como señuelo.

– Hagámoslo -ordenó Li-. Esta noche me quedaré en el despacho. Manténganme informado en todo momento.

Así que tendrían que ir al club Puerta de la Alegría. Hong tomó un taxi para volver a su casa y cambiarse de ropa. Yu y Liao solicitaron una furgoneta con el letrero «Servicio de calefacción y de refrigeración» pintado en un costado, que serviría como campo de operaciones. Varios agentes se reunirían con ellos más tarde frente al club.

Puesto que el asesino podía tener algún contacto entre el personal del club Puerta de la Alegría, Yu y Liao decidieron entrar sin revelar su identidad y así poder echar un vistazo como si fueran clientes.

Según un folleto muy vistoso que Yu cogió en la entrada, las tres primeras plantas del edificio, destinadas exclusivamente al baile, albergaban salas de distintos tamaños y ofrecían servicios como «parejas de baile masculinas y femeninas», de distintos precios. Además de la entrada, según un particular sistema de tarifas era preciso pagar por cada unidad, equivalente a un baile, de 25 a 50 yuanes. Esta cantidad no incluía la propina, por supuesto.

– Además de esas «parejas de baile profesionales» -dijo Liao-, también hay «acompañantes para bailes», que no ganan dinero bailando, sino con los servicios que ofrecen después de bailar.

Aún era temprano, por lo que sólo estaba abierta al público la primera planta. La sala de baile tenía hileras de mesas a ambos lados y un escenario en el extremo opuesto. Una cantante ataviada con un llamativo vestido mandarín actuaba acompañada de una pequeña orquesta. Las luces de neón producían un espejismo nostálgico de sueños dorados y quimeras de riqueza. La mayoría de las parejas que bailaban eran de mediana edad, y las acompañantes para bailes tampoco parecían demasiado jóvenes.