– Saldremos cuando termines.
– No llevo ropa adecuada para montar.
– Pero no tendrás que montar. Irás sentada cómodamente en el trineo. Vamos, Jamie, ya sabes lo que dicen sobre trabajar mucho y divertirse poco.
– ¿Que sirve para pagar las facturas?
– Sí, exactamente.
Kurt apareció en el vestíbulo, se cerró la cazadora y dijo:
– Te llamaré después. Convendría que tu hermana colaborara un poco.
– Lo intenta.
– Sí, claro -ironizó-. Habla con ella y haz que entre en razón. Antes de que la maten.
El detective privado se marchó inmediatamente, sin despedirse.
– Gran tipo -comentó Jamie.
Randi, que se había acercado, declaró:
– Un cretino de primera categoría.
– Es justo lo que necesitamos -lo defendió Slade.
– ¿Desde cuándo necesitamos a un matón grosero?
– Desde que alguien intenta asesinarte y tú no puedes o no quieres decirnos lo que ha pasado -respondió.
– ¿No crees que yo sería la primera en ir a la policía y contarles lo que sé si me acordara?
– No lo sé, Randi. Sinceramente, no lo sé.
– Eres un miserable…
– Es un asunto muy serio -insistió Slade-. Al principio, quise convencerme de que el asunto de la carretera había sido un simple accidente; pero luego pasó lo del hospital. Tú no te acuerdas, pero yo sí… nos llevamos un buen susto, así que deja de discutir con nosotros. Conozco a Striker desde hace años. Es un profesional. Si colaboras con él, encontrará a ese tipo.
Randi apretó los dientes, miró a su hijo y suspiró.
– Está bien, lo intentaré. Pero hay algo en él que no me gusta.
El bebé abrió los ojos en ese momento y empezó a quejarse. Su madre le dio un beso en la frente y se lo llevó al piso de arriba.
– No la presiones tanto, Slade -dijo Matt, apartándose de la ventana-. Ha perdido la memoria.
Slade miró hacia la escalera.
– Eso dice.
– ¿Es que no la crees?
– No, no la creo -confesó-. Nuestra hermana nos oculta algo.
– ¿Qué?
– Esa es la pregunta del millón.
Randi ya había acostado al niño, que se estaba quedando dormido. Mientras lo miraba, se preguntó qué iba a hacer con su vida. Nunca habría imaginado que se pudiera querer tanto a un hijo, pero recordó lo que le había dicho su padre, John Randall, en cierta ocasión. Era un día de primavera, y él estaba sentado en el porche. Las yeguas cuidaban de sus potrillos mientras los caballos jóvenes y las potrancas corrían por la pradera.
– Cuando seas madre, lo entenderás; sabrás lo que significa querer a alguien más que a ti misma. Ahora te crees invencible y piensas que nada te puede hacer daño; pero cuando tengas un hijo, te sentirás vulnerable por él y entonces conocerás el miedo.
Randi no entendió sus palabras en aquel momento; pero ahora, mientras miraba a J.R., supo lo que había querido decir.
Pensó en el padre del pequeño y lo maldijo. Al contrario de lo que le había dicho a sus hermanos, se acordaba perfectamente de él.
– Lo siento -susurró-. Yo cuidaré de ti, Joshua, te lo prometo. No permitiré que te hagan daño.
Cuando se giró, vio que Slade estaba en la entrada de la habitación, con los brazos cruzados y apoyado en el marco.
– ¿Hay algo que quieras contarme?
Randi caminó hacia él, apagó la luz y lo llevó al pasillo.
– No sé lo que quieres decir.
Slade frunció el ceño.
– Lo sabes de sobra.
– ¿Tú crees?
– Estás ocultando algo, no lo niegues. Te conozco perfectamente. Te has inventado lo de la amnesia porque te has metido en algún lío. Crees que si no hablas de ello, desaparecerá como por arte de magia.
– Oh, vamos…
Slade entrecerró los ojos.
– Nos has mentido a todos. Has mentido a Thorne, a Matt, a mí e incluso a los médicos… y creo que lo has hecho para que se corra la voz de tu amnesia. Eres periodista y sabes cómo funcionan estas cosas. Crees que si ese tipo se entera, ganaras tiempo.
– ¿Por qué iba a hacer algo así?
– Porque estás asustada, porque intentas proteger a alguien… o por tu libro. ¿Es por eso, por el libro? Striker y la policía ya han interrogado a todos los del periódico, e incluso han comprobado todos tus artículos viejos, incluidos los que aparecieron firmados bajo el seudónimo de R.J. McKay.
– ¿R.J.?
– Sí, los que escribiste por tu cuenta…
Randi tuvo la sensación de que esas siglas le resultaban familiares, pero no supo por qué.
– Tu director cree que los escribiste para ganar un sobresueldo.
– No sé, es posible…
– Pero ni en ellos ni en el resto de tu trabajo periodístico hay nada que justifique lo sucedido. Francamente no entiendo de qué huyes…
– No huyo de nada -aseguró-. Simplemente me estoy recuperando. En cuanto esté bien, me llevaré a Joshua y volveré a Seattle. Ya he hablado con mi jefe. Bill quiere que vuelva tan pronto como sea posible. Y no estoy huyendo.
– Muy bien, como quieras, pero estás asustada. Y te has metido en algo peligroso -afirmó Slade-. ¿Es por el libro? ¿Es que estás escribiendo sobre algún caso de corrupción política o del crimen organizado? ¿O es por el padre de J.R., es decir, de Joshua?
– Cuando recuerde algo importante, te lo haré saber.
Slade la miró con desconfianza.
– ¿Por qué tengo la impresión de que estás mintiendo?
– Porque no eres capaz de confiar en nadie -respondió su hermanastra-. Descuida, todo se aclarará. Ten paciencia.
– No soy un hombre paciente. Pero está bien, te concederé el beneficio de la duda. Con la condición de que hables conmigo cuando recuerdes algo.
– Te lo prometo.
– No me engañes, Randi…
– No te engañaré. Pero hay otros asuntos de los que debemos preocuparnos.
Slade arqueó una ceja.
– ¿Otros asuntos?
– El traspaso de la propiedad -contestó ella-. Cuando Matt compre tu parte, ¿qué vas a hacer con tu vida?
– Aún no lo he pensado.
– Pues será mejor que lo pienses -dijo ella, alejándose hacia las escaleras-. Y mientras lo piensas, incluye a Jamie Parsons en la ecuación.
Capítulo 9
Jamie miró a Thorne por encima de la mesa.
– Veamos si lo he entendido -dijo ella-. Pretendes que usemos los recursos del bufete para investigar a tu hermana y localizar al padre de su hijo. Y a cambio de nuestra ayuda, permitirás que seamos tus representantes legales en más negocios. ¿Eso es lo que quieres hacer?
– Por supuesto.
Thorne apoyó los codos en la mesa. El despacho de la casa era pequeño y no estaba pensado para albergar ordenadores, impresoras, faxes, escáneres, fotocopiadoras y hasta un teléfono con varias líneas, pero no parecía abarrotado de cosas; sólo compacto y eficiente.
– La policía es demasiado lenta -continuó-. Striker no logra avanzar, Randi no recuerda o no quiere recordar nada que nos pueda servir de ayuda y yo tengo la sensación de que nos estamos quedando sin tiempo. No quiero esperar a que ese tipo la ataque otra vez.
– Pero es asunto suyo. Ella sabrá lo que hace.
– Randi es mi hermana, Jamie. No me perdonaría que le pasara algo malo a ella o a su hijo -afirmó-. Pero no te preocupes, no lo haremos a sus espaldas. Se lo diré.
– ¿Le dirás que has ofrecido más trabajo a Jansen, Monteith y Stone a cambio de que investiguen sus secretos más personales? ¿Eso es lo que le vas a decir? -preguntó, asombrada-. Menos mal que no eres hermano mío…
– Sabrá entenderlo.
– Lo dudo.
Thorne apretó los dientes.
– Da igual. Hazlo de todas formas. Tu bufete ganará mucho con nuestro acuerdo; he echado el ojo a un par de negocios importantes en el condado… uno en Grand Hope y otro cerca de Carver, pero eso sólo es el principio. Y además, tengo derechos de perforación en campos petrolíferos de Colorado -le recordó-. Habla con Chuck y dile que me llame.