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Levantó interrogativamente el sable amenazando a Harripen. El inglés se alzó de hombros y, habiendo arrancado la pequeña daga de su brazo, la arrojó a los pies de Ruark.

– Estoy herido -gruñó, y permaneció sentado.

El sable apuntó al holandés, quien todavía se sostenía la barriga con ambas manos. El hombre sacudió la cabeza con tanta energía que sus mofletes temblaron. El mulato arrugó la frente y hubiera aceptado el desafío, pero vio la pequeña pistola con la cual Shanna seguía apuntándole y retrocedió lentamente hacia la puerta. Los otros se apresuraron a seguirlo, pero una vez que salieron, un silencio mortal cayó sobre la posada.

Ruark se acercó a la puerta y disparó la pistola. Oyó que el proyectil silbaba y rebotaba en las paredes del pasillo. Rió satisfecho cuando el lugar se llenó con el ruido de pisadas apresuradas.

– Con esta muchacha -gritó- han perdido más que cualquier otro tesoro que hayan buscado jamás. Corran, mis buenos amigos. Huyan de ella.

Ruark se volvió hacia Shanna y la miró.

– He soportado cosas peores que ellos -dijo ella-. ¿Pero ahora, mi capitán pirata Ruark, que haremos?

Ruark envainó su acero y observó los daños mientras cargaba sus pistolas. El pirata joven estaba tendido de espaldas, con los ojos hacia arriba; la puerta estaba destrozada y ya no brindaba protección. Otro pirata era un montón informe en el pasillo. -Debemos marchamos -afirmó- antes de que se recuperen y junten nuevamente coraje bebiendo.

Ya estaban terminados los preparativos. Ruark sacó del arcón la escala de cuerdas y la aseguró en la ventana con nudos que podrían desatarse desde abajo. Shanna tomó los atados de ropa que Gaitlier había sacado del fondo del armario.

Ruark miró hacia el patio antes de arrojar los líos de ropa. Indicio a Shanna que saliera por la ventana. Mientras ella bajaba, él saltó sobre el antepecho y cerró los postigos tras de sí. Era un pequeño engaño pero haría que los piratas registraran el resto de la posada antes de empezar a perseguirlos. Shanna tomó los líos y, como le dijo Ruark, fue hacia la parte posterior de la posada y el borde del pantano. Ruark tiró de la cuerda y la escala cayó a sus pies. Dejó que la escala fuera arrastrando se tras de él para borrar las pisadas y siguió a Shanna. Cuando estuvieron entre los densos arbustos, ocultó la escala y se unió a Shanna. Tomó 1os bultos de ropa. Aferró una mano de Shanna y la condujo rápidamente colina abajo hasta que estuvieron con el agua cubierta de lodo hasta 1os tobillos. Del pantano elevaba se un olor fétido y Shanna, quien seguía Ruark, sintióse al borde de la sofocación.

Se oían ruidos extraños, graznidos y gruñidos a medida que las criaturas de esta ciénaga oscura huían de los intrusos que invadían sus dominios. Shanna respiraba con dificultad.

Por fin Ruark se detuvo y la subió sobre un tronco retorcido de enorme ciprés. El se ubicó a su lado y ambos descansaron apoyados en el árbol que se elevaba como un alto contrafuerte.

Momentos más tarde oyeron gritos en la cima de la colina y aguardaron en silencio. El ruido de la persecución desapareció gradualmente cuando los piratas comprendieron que sería inútil buscarlos en el pantano.

Ruark abrió uno de los líos, sacó una calabaza llena de agua, 1a abrió y se la tendió a Shanna. Ella bebió un gran sorbo y se ahogó cuando descubrió que estaba mezclada con ron bebió más lentamente. La bebida calmó el ardor de su garganta y contribuyó a darle tranquilidad. Él le dio un trozo de carne seca, dura y correosa, pero en este momento, tan apetitosa como cualquier cosa que ella hubiera probado. Shanna mordió otro pedazo y Ruark, saciada su sed, la imitó.

– Gaitlier y la muchacha estarán aguardándonos -dijo él-. Nuestros buenos amigos no son muy pacientes y saben que a la larga tendremos que salir del pantano, pero esperarán que 1o hagamos mañana por 1a mañana, o más tarde. Ahora estarán lamiéndose sus heridas y bebiendo, para darse ánimos. Nos cambiaremos de ropa en terreno seco. -Levanto el otro lío-. No estarán alertados acerca de dos marineros comunes. ¿Ya has descansado 1o suficiente para seguir?

Shanna asintió. Ruark se metió nuevamente en el agua, se echó los líos al hombro y ayudó a, Shanna a bajar. Ahora avanzaron más lentamente, porque cualquier ruido podría delatados.

En una parte más alta encontraron un pequeño claro donde se quitaron la ropa. Las prendas que había encontrado Gaitlier eran camisetas rayadas de marinero, calzones hasta las rodillas, sombreros alados y sandalias. El problema de Shanna se hizo evidente en seguida, porque aun con la suelta camisa de marinero y los calzones cortos de su traje, era indudablemente una mujer.

Ruark sonrió y le indicó que volviera a quitarse la camisa. Desgarró la tela en la que había estado envuelto el lío en tiras anchas y vendó el pecho de ella hasta que quedó lo más plano posible. Metió más tela dentro de los calzones para disimular la curva de las caderas, hasta que ella se pareció más a un marinero, aunque un poco regordete.

Shanna metió su cabello dentro de su sombrero y bajó las alas para ocultar su rostro. Ruark añadió un pañuelo de colores para ocultar las líneas delicadas del cuello y retrocedió un paso para contemplar el resultado de sus esfuerzos.

– Inclina los hombros un poco -dijo él-. Ahora camina. -Soltó un gruñido-. Hum, nunca ningún marinero caminó así

Shanna lo miró, dejó caer más un hombro y torció un pie, como si fuera patizamba.

Ruark sonrió.

– Ajá, pirata Beauchamp. Nadie podría ahora adivinar quién eres. -Gaitlier está esperando con la muchacha -le recordó Shanna, y le entregó el justillo que él había arrojado sobre un arbusto.

Ruark extendió el justillo y puso dentro de el la comida que había quedado, la daga de plata y la pistola pequeña. El resto de la ropa lo metió debajo de un arbusto. Aseguró sus pistolas debajo de su cinturón. Después tomó un poco de lodo y ensució con él los brazos y piernas de Shanna, para disimular aún más la gracia femenina de ellos. Como no quiso desprenderse de su sable, tomó un palo de la misma longitud, envolvió los dos objetos con tiras de tela y embadurnó el conjunto con barro. Quedó un bastón de extraño aspecto, pero cuando las pistolas hubieran sido disparadas, le quedaría un arma que podría serle muy útil.

Así, un marinero pequeño, sucio y patizambo empezó a caminar con otro, muy apuesto, pero que cojeaba y se apoyaba en un bastón retorcido. La extraña pareja pasó a lo largo de la colina, saludó con la cabeza a un anciano de gafas y finalmente se detuvo en un lugar cercano a la goleta. Se tendieron a la sombra de una palmera y pareció que se quedaron dormidos.

La isla estaba silenciosa bajo el intenso calor de la tarde.

En el muelle, un hombre de gafas permanecía cerca de una joven y si uno observaba con atención, parecía que el hombre miraba frecuente y nerviosamente hacia la cima de la colina, donde un ojo alerta hubiera descubierto un delgado hilo de humo que se elevaba hacia el cielo. Entonces se oyó una explosión sorda y el humo aumentó. Toda la ladera pareció estallar en llamas.

De la aldea se elevaron gritos cuando una enorme bola de fuego se separó del resto y rodó pesadamente hasta detenerse contra el costado del blocao lleno de pólvora. Toda la población de la isla corrió a apagar el incendio. Desde el arroyo cercano se formaron brigadas que se pasaban cubos de agua de mano en mano.

Nadie notó al hombre que ayudó a la muchacha a subir a un pequeño bote que estaba junto al muelle. Los dos empezaron a remar hacia la goleta. Cuando los guardias a bordo del Good Hound fueron al otro lado del barco donde se acercaba la pareja, los dos marineros dormidos bajo la palmera se pusieron de pie, arrojaron sus sombreros entre los arbustos, se quitaron las sandalias y echaron a correr hacia la playa.

Ruark había desenvuelto su sable y hecho una bandolera con la tela embarrada, de modo que ahora el arma iba a su espalda, con la empuñadura cerca de su cuello. Al ver que estaba solo, se volvió y comprobó exasperado que Shanna estaba sacando frenéticamente una larga tira de tela de abajo de su blusa.

– No puedo respirar -jadeó ella- y menos podré nadar con esto-.

Por fin Shanna se libró de la venda y aspiró profundamente.

Tomados de la mano, se metieron en el agua y se zambulleron simultáneamente. Nadaron rápidamente hasta que estuvieron cerca del barco. Entonces avanzaron con cuidado, haciendo el menor ruido posible. Junto al casco, Ruark se izó lentamente por las cadenas. Después tendió una mano y tomó a Shanna de una muñeca. Gradualmente la izó del agua. Ella encontró una saliente y se apoyó contra el casco.