– ¿Te sientes mejor? -preguntó Ruark.
– Si -suspiró Shanna, cerró a medias los ojos, echó la cabeza hacia atrás y dejó que él contemplara su cuello largo Y suavemente curvado.
Ahora él le diría en cualquier momento cuanto la deseaba Y le rogaría que se le entregase Y ella seguiría el juego hasta que llegara el momento de separarse. A través de los párpados entrecerrados no dejó de
Observado y se sintió picada por el desencanto cuando él pareció inmune a sus encantos.
Ruark buscó dentro de su chaqueta Y sacó los documentos atados con la cinta escarlata.
– Estos son los documentos matrimoniales -informó él Y le enseñó el paquete-. Los necesitarás para probar que estás casada.
Shanna se incorporó Y estuvo por tender la mano para tomados, pero él los puso fuera de su alcance.
– Ah, ah -lujo Ruark- el precio aún no ha sido pagado. Con algo parecido al horror en los ojos, Shanna lo miró fijamente. ¿La amenazaría con destruidos si ella no se rendía? Si los arrojaba al camino lleno de lodo quedarían tan estropeados que no servirían de nada.
– ¿Ruark? -:-preguntó, y retiró los pies- no irás a…
– Oh, no, Shanna. El pacto está hecho Y aceptado.
La miró de pies a cabeza con atrevimiento y Shanna se preparó para lo peor. El sonrió lentamente.
– y no cuestionaré tus intenciones ni tu honor. Pero esto es algo nuevo. Exigiré de ti… -hizo una pausa Y se golpeó el mentón con los documentos-…un beso -dijo súbitamente, con decisión-. Un amoroso beso como debe darle una esposa a su flamante esposo. ¿Es un precio demasiado elevado?
Levantó las cejas en un gesto burlón.
Shanna sintió cierto alivio, se cubrió con la capa para protegerse de los ojos hambrientos de él y sintió con irritación que sus rodillas rozaban los muslos de él.
– Muy bien -suspiró, como de mala gana-. Si insiste. Estoy demasiado cansada para resistirme. -Se inclinó ligeramente hacia adelante-. Cuando guste, señor. Estoy lista.
Cerró los ojos para esperar Y los abrió nuevamente cuando oyó la risa suave de él. Ruark no se había movido. Mientras ella lo miraba, él se abrió despreocupadamente la chaqueta Y se desabotonó el chaleco antes de recostarse en su rincón del asiento.
– Shanna -dijo con una sonrisa provocativa- lo convenido fue que tú darías el beso. ¿Necesitas ayuda o instrucciones especiales?
Shanna se enfureció Y le dirigió una mirada asesina. ¿Creía él que ella era una simple sirvienta incapaz de descubrir sus trapacerías? Se incorporó sobre sus rodillas, decidida a demostrarle lo que sabía. ¡Le daría un beso digno de llevárselo a la tumba!
Tímidamente, le puso los brazos sobre los hombros. Nuevamente la mirada de él descendió hasta donde ella quería. Lo haría retorcerse de frustración antes de que esto terminara. Le acarició ligeramente la nuca con los dedos y se acercó más. Entonces, él levantó súbitamente la cabeza, la miró a los ojos y sonrió con cierta preocupación.
– Trata de hacerlo bien -advirtió-. Comprendo que puede faltarte experiencia, pero un beso de esposa a esposo tiene que ser motivo de orgullo y no de vergüenza.
Shanna se puso un momento rígida por la furia que le causaron las palabras de él y sintió deseos de arañarlo en la cara.
– ¿Cree que nunca he besado a un hombre? -siseó al ver la mirada divertida de él.
Ruark enarcó las cejas y se alzó levemente de hombros. -En verdad, Shanna -dijo, y movió su cuello contra las manos de ella- estaba preguntándome eso. Un besito infantil en la mejilla sólo estaría bien para un tutor paternal.
Shanna, deliberadamente, se inclinó hasta que sus pechos descansaron en el pecho de él, y echando mano a toda su imaginación, acercó sus labios a la boca entreabierta de él y empezó a moverlos lentamente, cálidamente. Sus ojos se dilataron cuando la boca de él se abrió y se retorció sobre la de ella. El la rodeó con sus brazos y la estrechó con fuerza. El mundo de Shanna giró locamente cuando él se volvió lentamente hasta que la tuvo a medias sobre su regazo, con la cabeza apoyada en su hombro. La boca de Ruark era insistente, exigente, implacable, y la dejaba sin aliento y le hacía perder la compostura. Sintió se atrapada en el centro de una batalla que no podía tener esperanzas de ganar. Su armadura fue atravesada, embotadas sus armas y su ingenio. Este beso quemante hubiera debido resultarle repulsivo, pero, en realidad, ella lo encontraba sumamente excitante. El pecho firme, musculoso de Ruark, apretábase contra sus pechos apenas cubiertos y Shanna sentía los fuertes latidos del corazón de él mientras el suyo palpitaba con un nuevo y frenético ritmo.
Lentamente, Ruark apartó su cara. Trémula por el esfuerzo, Shanna trató de recobrar su compostura. El la miró fijamente y ella soltó un profundo y entrecortado suspiro. Trató de librarse de los brazos de él, lo logró y en seguida se encontró sentada sobre el regazo de Ruark..
– ¿No ha sido cumplido el pacto, señor mío? -preguntó Shanna con voz temblorosa..
Sin comentarios, Ruark le entregó los documentos y ella los guardó dentro de su manguito de pieles. Entonces quiso levantarse pero él la retuvo sobre su regazo. Como su tontillo le estorbaba los movimientos no pudo escapar de él.
– ¿Acaso espera más de lo que dijo de nuestro pacto? -preguntó Shanna y miró las llamas doradas en los ojos de él.
– No -repuso Ruark y sonrió lentamente-. Pero ahora quiero que se cumpla nuestro pacto anterior, el primero.
Shanna luchó por liberarse pero él la retuvo estrechamente contra su cuerpo Y le habló al oído con un ronco susurro.
– Shanna, piensa un poco y trata de imaginar lo que es permanecer en una habitación pequeña y gris y contar las piedras por milésima vez, conocer de memoria su largo, su ancho y su altura, ver nuevamente los días que han pasado como marcas en la puerta de hierro y saber que mañana habrá que añadir otra marca y que cada instante que pasa te acerca a la horca y preguntarse, sin ninguna esperanza, si el dolor será terrible o si tendrás una muerte rápida. Y entonces, en ese mundo tan estrecho, irrumpe una belleza como tú y provoca sueños y esperanzas. Sí, Shanna, esposa mía, deberé regresar a mi mazmorra -dijo Ruark y acercó su cara a la de ella- pero antes de que la puerta se abra otra vez, tú serás mi esposa en todo sentido.
Y Shanna sintió que la mano de él ya estaba debajo de sus faldas y atrevidamente apoyada en la parte superior de su muslo. Ahogó una exclamación, lo tomó de la muñeca y trató de apartar esa mano pero entonces se percató de que él, con su otra mano, estaba desatando los lazos de su vestido.
– ¡Ruark! -Se retorció y apartó el brazo de él.
Súbitamente pareció que él tenía una doble, cantidad de manos. Shanna se veía en dificultades para conservar su recato. Finalmente le tomó ambas manos y las apretó contra su pecho en un esfuerzo por tenerlas quietas. Y entonces cayó en cuenta de otra cosa. En la lucha, sus faldas habían sido levantadas y ahora sus nalgas desnudas descansaban directamente sobre los muslos de él. Debajo de los calzones cortos de seda, la virilidad de Ruark se apoyaba, atrevida y erecta, contra la carne de ella. Y ahora él conseguía liberar sus manos y la estrechaba con más fuerza.
– ¡Ruark, tú no eres un caballero! -exclamó indignada.
– ¿Esperabas encontrar un caballero en un calabozo?
– ¡Eres un grosero! -jadeó ella, tratando de apartar las manos de él.
Ruark rió suavemente y su respiración rozó el cuello de ella. -Soy nada más que un marido -replicó él- ardiente y bien dispuesto.
Shanna trató de alcanzar la ventanilla a fin de abrirla y gritar, pero él se lo impidió con firmeza. Ella se resistió con renovadas energías.
El le apoyó una mano sobre el pecho desnudo y ella trató de abofeteado pero él la detuvo a tiempo aferrándola con una mano de hierro, aunque sin causarle dolor. Shanna aspiró profundamente para gritar enfurecida pero él le tapó la boca con sus labios.
Shanna sintió que su cabeza empezaba a girar en un torbellino cada vez más rápido y trató de resistir la embriaguez que le producía el beso de Ruark.
– ¡Ruark! ¡Aguarda! -jadeó cuando él apartó un poco su boca.
Mientras tanto, los dedos de él se afanaban con las delicadas cintas de la camisa y dejaban los pechos de Shanna completamente ex puestos.
– Vamos, Shanna, amor mío, entrégate a mí ahora -murmuró él roncamente contra su cuello, y su cara bajó. Su boca pareció quemar el pecho de ella. Shanna Sintióse devorada por una llama abrasadora que la atravesó como un ardiente relámpago.