– ¡Ruark! -El susurro salió entre sus labios entreabiertos.
El le volvió la espalda, pateó la hierba con un pie calzado con sandalia Y se alejó despreocupadamente, silbando una tonada que pareció quedar flotando detrás de él. Ahora Shanna estuvo segura. Conocía ese andar, esos pasos llenos de una gracia casi animal.
– ¡Maldito bribón! -susurró.
Shanna dio media vuelta y entró en el dormitorio con el orgullo súbitamente picado porque él no había venido a detenerse debajo de su balcón para rogarle ardientemente que le concediera sus favores. Sopló la vela, se tendió en la cama.
¿Cómo podría dormir sabiendo que él está siempre cerca, deslizándose bajo mi balcón, espiándome en todo momento?
Fastidiada, giró hasta quedar boca abajo Y apoyó el mentón en sus brazos cruzados.
¿Qué quería de ella el canalla? ¡Ja! Eso no era ningún misterio.
¡El pacto! ¡Ah maldito pacto! y él estaba empecinado en salirse con la suya. ¿El precio? Una noche con él, cuando él lo quisiera.
Shanna trató de sentirse ultrajada Y ofendida pero el pensamiento de una noche así le provocó algo similar a…
– Es solamente curiosidad -murmuró-. He probado apenas ese licor y ahora quiero probarlo más ampliamente. Es 1o que desearía cualquier mujer y yo soy una mujer Y me encuentro bien y en condiciones de poner seriamente a prueba el ardor de ese bribón. El dice que yo soy menos que una mujer que no quiero entregarse a ningún hombre. Es un tonto, porque ansío fervientemente encontrar un hombre noble que venga y me tome en sus brazos Y así doblegue toda mipasi6n a sus encantos.
Shanna cerró los ojos y trató de imaginar a ese hombre. La imagen acudió, con cabello renegrido y una mirada sonriente Y de color ámbar. Shanna abrió los ojos y frunció el ceño fastidiada.
“¡El hasta espía mis pensamientos!”
Furiosa, arrojó una almohada al suelo. ¿Qué clase de hombre era este Ruark Beauchamp que se introducía subrepticiamente en sus sueños?
Pasaron quince días y en la tarde del sábado Shanna montó a Attila sin silla ni brida y galopó siguiendo la playa hasta una distancia más allá de la aldea. Llevaba un vestido liviano y un sombrero de paja de anchas alas que protegía su piel de los ardientes rayos' del sol. Ningún calzado cubría sus delicados pies. Llevó al animal hasta el agua, subió el borde de sus faldas hasta arriba de sus rodillas y lo metió debajo de sus muslos. El viento jugó con su cabello hasta que quedó completamente libre en una masa de rizos dorados que volaban detrás de ella. Shanna se caló el sombrero y rió alegremente.
Súbitamente, un silbido atravesó el aire y el caballo redujo el paso. El agudo llamado llegó otra vez, y pese a sus esfuerzos por controlar a. Attila, Shanna debió dejar que el animal la llevara hacia un grupo de árboles que crecía al borde de la marisma. Sin brida no podía imponer su voluntad al semental.
Ruark salió a la luz del sol y silbó otra vez, ahora suavemente, y tendió una mano al caballo. Attila resopló y se acercó para tomar el azúcar que le ofrecían.
Shanna apretó la mandíbula y dirigió una mirada penetrante a los ojos divertidos y burlones de Ruark. El acarició afectuosamente la nariz de Attila mientras sus ojos se demoraban atrevidamente en los muslos de ella y en el vestido mojado que se le adhería a los pechos. -
¡Has arruinado a un buen semental! -gritó Shanna, enfurecida al ver que él se había ganado la confianza de Attila.
Ruark sonrió lentamente. -Es un caballo hermoso y listo. Con otro me hubiera llevado muchos meses. Yo solo le enseñé a venir cuando le silbo. Es más de lo que harías tú.
Shanna hervía de furia y su pecho subía y bajaba, trémulo de indignación.
– ¡Si crees que yo alguna vez acudiré a tu llamado, entonces eres un estúpido!
Fue como si él no hubiera oído esas palabras. Su lenta mirada se movía acariciadora sobre el cuerpo escasamente vestido de ella. Ruark sentía que su deseo se aceleraba. Recordaba muy bien la morbidez de la piel desnuda de ella.
– ¿Quieres dejar de mirarme así? -gritó Shanna, sintiéndose devorada por esos ojos quemantes.
Sin decir palabra, Ruark dio un salto y montó, sentándose detrás de ella. Shanna ahogó una exclamación de indignación, luchó brevemente, pero los brazos de él la rodearon y sus manos tomaron las crines del caballo.
– ¡Baja! ¿Estás loco? -protestó ella, pero su mente se sintió invadida por la presión del pecho duro y desnudo de él contra su espalda y los muslos largos y atezados contra los suaves y blancos de ella La entrepierna de él presionaba íntimamente las nalgas de ella y Shanna sintió se sofocada al sentir el contacto de esa virilidad.
– ¿Qué te propones? -Shanna trató de liberarse-. Si esto es una violación, haré que te persigan hasta matarte. Juro que lo haré.
El le habló roncamente al oído.
– Quédate quieta, Shanna y déjame cabalgar un trecho contigo. Estás acostumbrada a una silla de mujer, Attila también. El necesita que le enseñen a obedecer a su jinete, quienquiera que sea. Entonces serás capaz de contenerlo cuando yo silbe. Ahora observa y a los dos les enseñaré cómo cabalga un hombre.
Shanna se puso rígida ante el humor del tono de él. Se quitó el sombrero Y preguntó:
– ¿Y si nos ven, Ruark?
– ¿Con la marisma de un lado Y el arrecife de coral del otro?
– Rió por 1o bajo-. Yo 1o dudo, Y tú también. Ahora tranquilízate, Shanna. Conmigo, tu virtud está a salvo. ¿Quién la cuidaría mejor que tu esposo?
Su risa baja tenía un tono agudo, cortante.
– ¡A salvo! -dijo ella en tono despectivo- Cuando tú estás cerca de mí, constantemente me siento amenazada y me parece que en tu mente hay un solo pensamiento.
– Porque hay un solo pensamiento en la tuya, mi amor. -El susurro le acarició el oído y ella se alisó el cabello para tratar de aflojar la tensión – y tú- sabes cuál será el resultado. Lograré mi parte del pacto a su debido tiempo, a mi modo y completamente.
– ¡Eres un bribón para obligar así a una dama!
– ¿Bribón? ¡No! -Ruark se alzó de hombros-. Sólo deseo que me paguen lo prometido por un servicio prestado. En cuanto a obligarte… ¡jamás! No deseo lastimarte, Shanna. Más bien, diría que deseo compartir un momento maravilloso e introducirte a las delicias de la pasión.
Shanna se volvió para mirarlo a la cara con una expresión de asombro y de cólera.
– ¡Basta! -Ruark la rodeó con sus brazos Y aferró con fuerza las crines-. Hoy estás a salvo. Esto es nada más que una lección de equitación que quiero enseñarte. Observa. Sube un poco tus rodillas Y deja que el caballo sienta tus talones contra sus flancos. Entonces…
Golpeó los flancos de Attila con sus talones Y el caballo se movió lentamente, al trote. Ruark se inclinó hacia adelante y el animal aceleró el paso. Ruark le hizo hacer una serie de maniobras y Shanna quedó fascinada. Ella podía sentir los movimientos del hombre y el caballo que le respondía como si los dos fueran uno solo. Entonces, las rodillas de él se apretaron debajo de las de ella, Attila salió disparado y empezaron a galopar con el viento.
Ruark le susurró algo al oído y Shanna se volvió y le dirigió una mirada de interrogación.
– Pregunté si tu padre te espera pronto.
Shanna negó con la cabeza y su cabello voló sobre el hombro de él. Ruark la estrechó contra él.
– Bien -dijo-. Te llevaré por un sendero que he descubierto en el pantano. No estás asustada ¿verdad?
Shanna 1o miró a los ojos y encontró allí una suave y sonriente calidez. Sintió que no tenía miedo. Su curiosidad estaba excitada por la evidente habilidad de él de cambiar las circunstancias en su beneficio. Aquí estaba el hombre que había tomado su virginidad, que había escapado al verdugo y aceptado esta servidumbre con una ligereza desusada.
– Estoy a tu merced. -Se resignó quizá un poco más alegremente de 1o que había querido-. Sólo espero que seas leal a tu palabra.
– No hay razón para traicionarte, Shanna. Yo tendré mi noche.
Ruark se inclinó levemente hacia atrás y dejó que su cuerpo se moviera fácilmente con el ritmo de la poderosa bestia que tenían debajo. Attila corrió más velozmente y sus cascos levantaron pequeños géiser de arena húmeda y agua.