Выбрать главу

Shanna nunca se había atrevido a dejar que el animal corriera tan libremente, pero con esos brazos fuertes a su alrededor se sentía extrañamente segura.

Con un chasquido de la lengua y una presión de las rodillas, Ruark hizo que el caballo redujera la velocidad y entrara en un estrecho sendero que no parecía llevar a parte alguna sino solamente internarse más profundamente en el pantano. Pero pronto salieron a un claro soleado donde una alfombra de suave hierba de color esmeralda estaba rodeada de fragantes capullos de fucsia, y altos árboles doblaban humildemente sus ramas ante la belleza del lugar.

Ruark se apeó y ayudó a Shanna a descender.

– Tenías razón -murmuró ella-. Sabes manejar a los caballos. Ruark frotó afectuosamente el cuello de Attila.

– Me gusta trabajar con ellos. Un buen semental siempre reconoce a su amo una vez que el hecho ha quedado bien establecido.

Shanna miró a Ruark hasta que él alzó la vista con una expresión interrogativa.

– ¿Tú conoces a tu amo? -preguntó ella bruscamente-. En realidad, ¿reconoces a algún hombre como?

– ¿Y qué hombre, amor mío, podría ser mi amo? -Se puso junto a ella y le sostuvo los ojos con una decidida mirada ambarina. Cuando continuó su voz sonó suavemente, pero con una nota de determinación que la asustó y la irritó al mismo tiempo-. Te digo, Shanna, mi amor, que ningún hombre será mi amo excepto aquel a quien yo se lo permita.

– Tampoco ninguna mujer -replicó Shanna.-. ¿Rechazarías mis órdenes Y negarás mi derecho a dadas?

– Ah, amor mío, eso nunca -sonrió Ruark-. Sólo soy tu humilde servidor como tú eres mi bellísima esposa.

Yo siempre trato de servirte y de obtener el favor de tus ojos.

Incapaz de soportar el peso de la ardiente mirada de él, Shanna se inclinó, cortó un frágil capullo y se lo prendió en el cabello, sujetando la larga cascada de rizos en la base de su cuello.

Ruark completamente fascinado, se apoyó en un grueso tronco y cruzó los brazos para entregarse en lo que últimamente se había convertido en su pasatiempo favorito: contemplar a Shanna. Ella no podía

Imaginar la intensidad de la tortura que le causaba, porque debajo de ese exterior a veces burlón, a veces gentil, él se consumía de deseo. De noche se revolcaba, insomne, en su estrecha cama mientras visiones de ella flotaban a su alrededor: Shanna, blanda Y entregándosele en el carruaje; Shanna, bella Y altanera del otro lado de una mesa; Shanna, hermosa Y tentadora en una prenda mojada y delgada que era más tentadora que la carne desnuda. El era siempre consciente de ella Y cada vez que el birlocho de Trahern pasaba por los campos o las calles de la aldea, Ruark se volvía con la esperanza de verla sentada aliado del hacendado. Comparada con la corpulencia del padre, ella parecía menuda y frágil como una rosa en capullo; pero cuando estaba cerca de ella, Ruark era dolorosamente consciente de que aunque Shanna no era muy alta ni con curvas demasiado pronunciadas, era toda una mujer y él la deseaba.

Quedaba en su mente el aroma de ella, la fragancia de flores exóticas aplastadas contra una piel satinada, y debajo el dulce olor a mujer mezclado con un leve dejo de jabón que era un fuego que ardía en su sangre y él no encontraba forma de apagarlo porque el pensar en otras mujeres le amargaba la mente cuando las comparaba con Shanna. Era como ver el cielo Y en seguida considerar al infierno como un substituto cuando uno consideraba a alguien como Milly Hawkins, la hija del vendedor de pescado, para desahogar sus ardores. La muchacha se mostraba dispuesta Y no era fea, pero olía un poquito a pescado.

Súbitamente Ruark estalló en carcajadas y Shanna se volvió para mirarlo intrigada. Ruark señaló las flores que ella había cogido. -Una india lleva una flor así cuando quiere indicar su deseo a su marido.

Shanna enrojeció y se arrancó la flor para ponérsela sobre la otra oreja. Ruark sonrió.

– Yeso significa que una doncella soltera está disponible.

Shanna quitó el adorno de su cabello y empezó a entretejer sus rizos con otras flores. Después de un momento se dio cuenta de que Ruark la miraba con una extraña y tierna sonrisa en los labios.

– Mi lady Shanna, tu belleza hace empalidecer a este cielo radiante -declaró él.

– ¿Por qué me cortejas, Ruark? -preguntó Shanna, ligeramente desconcertada. Su boca se curvó en una sonrisa atormentadora y ella se le acercó con una gracia casi sensual y se detuvo tan cerca de él que le bastó extender un dedo para tocarle el pecho velludo-. Nunca había sido cortejada por un siervo. Esta es la primera vez. No hace mucho fue uno que estaba destinado al cadalso. Ese fue el primero, también. Pero en su mayoría fueron loores y nobles caballeros de las cortes.

– Me parece que estás tentándome, mi hermosa Shanna -repuso él inmediatamente-. Ah, amor, ¿tratas de acabar con mi paciencia a fin de tener motivos para odiarme?¿Quedaría entonces librada tu conciencia de la palabra que no has cumplido? -Sonrió perversamente-. Si ese es tu juego, sigámoslo. Acepto tu atención y tu desafío.

Chispas de ira brillaron en los ojos azul verdosos. Shanna retiró su mano.

– Eres muy arrogante -dijo.

Con lo que quiso ser una demostración de desdén, los ojos de ella recorrieron el cuerpo esbelto de él, apenas cubierto por los cortos pantalones, pero su mirada vaciló cuando ella comprendió que en toda esa desnudez nada había de lo que pudiera burlarse. ¡Nada! El era musculoso y esbelto, no flaco, pero con músculos largos y firmes debajo de la piel tostada por el sol. Súbitamente ella se preguntó cómo sería yacer contra ese cuerpo fuerte durante una larga noche.

– Me marcho -anunció Shanna abruptamente, avergonzada por sus pensamientos-. Ayúdame a montar.

Le dirigió una sonrisa radiante y Shanna se irguió, altanera. Ruark la siguió, contemplando apreciativamente las caderas que se movían graciosamente provocativas. Junto a Attila, se inclinó, cruzó las manos para que ella apoyara su pie desnudo y la izó sobre el lomo del semental. Shanna incitó al animal con sus talones y partió a toda velocidad. Ruark quedó mirándola alejarse, con los brazos en jarras.

Shanna había llegado al borde del pantano cuando le vino el recuerdo de un aullido desesperado en una noche de tormenta. Soltó un gemido y jurando entre dientes hizo dar la vuelta al caballo y tomó nuevamente el sendero que la llevaba hacia donde había quedado Ruark. El venía caminando lentamente, pero cuando apareció el caballo galopando hacia él, alzó la vista sorprendido. Tendió el brazo y lo apoyó en el cuello de la bestia cuando Attila se detuvo junto a él.

– Tranquilo, tranquilo -dijo Ruark para calmado y le acarició la nariz aterciopelada, y miró a Shanna en silenciosa interrogación.

– Necesitaremos tus habilidades en los cultivos por la mañana -dijo ella a manera de excusa-. Si caminas casi toda la noche para regresar a la aldea nos serás de poca utilidad.

– Acepta mi eterna gratitud, Shanna -dijo él y a ella no se le escapó la inflexión de la voz de él.

– Bribón. -Sonrió de mala gana-. Yo estaba segura de que el señor Hicks te colgaría. Parecía bastante ansioso de hacerlo.

– No tan ansioso de eso como de dinero, Shanna -dijo Ruark, y saltó Y montó detrás de ella-. y por eso estoy muy agradecido.

Sus brazos vigorosos la rodearon otra vez. Ruark golpeó ligeramente los flancos de Attila con los talones Y el animal partió al trote.

Ruark conducía como un jinete consumado y Shanna lo dejó hacer y se apoyó contra él, pero con el estrecho contacto tuvo conciencia de la sensación dura, masculina que él le causaba y del cosquillearte

calor que se difundía por todo su cuerpo..

Cuando casi llegaron al lugar de donde él había silbado, él preguntó:

– ¿Volveremos a encontrarnos aquí?

– ¡Claro que no! -Nuevamente era la orgullosa Shanna que ignoraba la excitación que había empezado a crecer dentro de ella. Se sentó erguida y apartó la mano de él que se apoyaba en su muslo-. ¿De veras

me crees capaz de ir, a espaldas de mi padre, a encontrarme con uno de sus siervos para retozar en el bosque? Eres odioso al hacer esa sugerencia.

– Ajá, te ocultarás a la sombra de tu padre -replicó Ruark secamente-. Como una criatura, temerosa de ser una mujer.

Shanna puso rígida la espalda y se volvió encolerizada.

– ¡Baja, descarado! -exigió-. ¡Apéate Y déjame en paz! No sé por qué accedí a cabalgar contigo. ¡Tú… asesino despiadado de una criada fregona!

La risa baja de él la irritó más pero Ruark detuvo a Attila; se apeó y miró a Shanna con esa expresión deliberada que medio se burlaba de ella y medio la devoraba. Esta vez Shanna incitó al caballo con los talones y partió por la playa, sin volverse.