Un gran cansancio se abatió sobre Ruark en la quietud de la cabaña. La batalla por conseguir la atención de Shanna súbitamente parecía inútil y sin objeto. Ella siempre aceptaba gustosa las atenciones de otros hombres y rechazaba las de él. Las tareas del caluroso día, y la fiesta después, habían agotado sus fuerzas y su humor se hundió en las profundidades más negras de la desesperanza. Yacía desnudo sobre su cama en la habitación a oscuras y con la vista fija hacia arriba. Su mente estaba embotada y el aire que respiraba era denso y opresivo. Cerró los ojos y jirones de niebla de sueño flotaron a su alrededor. Era como si estuviera dentro de una densa bruma mientras linternas de colores se movían a lo lejos; entonces un único y brillante rayo de luz se encendió y él corrió hacia él hasta que llegó a un jardín con muros de piedra, bañado por el sol y desierto excepto por un único tallo en el que se abría una rosa de belleza tan grande que lo obligó a detenerse para tomar aliento. Mientras él miraba, el tallo se disolvió y la rosa flotó libremente entre nieblas luminosas que obscurecían todo lo demás. El capullo de un rojo profundo le llenó la mente y después pareció alejarse, encogerse, iluminarse, cambiar de forma. Era un par de labios, húmedos, suavemente entreabiertos; después, arriba de ellos, esmeraldas verde claro se convirtieron en ojos de color verde mar, bellos y tentadores, con una profundidad que parecía llamado. Las brumas se convirtieron en un rostro de frágil belleza formada con la maestría de un artista que hubiera gastado todo su talento en ese solo esfuerzo.
Los ojos lo tenían hipnotizado. Los labios formaban palabras sin voz que le llegaban al alma.
"Tiende la mano. Tómame. Córtame. Toma el capullo. Soy tuya".
Cuando estiró la mano, una espina larga, de punta negra, se clavó en su carne y él se retiró presa. de un dolor quemante. La cara rió y agitó brillantes rizos que flotaron a su alrededor en un salvaje desorden de miel silvestre veteada de oro.
La rosa se alejó hasta quedar flotando en medio de una jungla sin hojas y llena de espinas. El canto de sirena aumentó y se volvió intenso, cegándole la voluntad para todo lo que no fuera esa beldad que lo llamaba, que clamaba por que la tocara. El se adelantó descuidadamente. Sus dedos parecieron casi rozar los pétalos de color rojo sangre antes que las zarzas lo atraparan, lo envolvieran y, con perversa malignidad, las espinas se clavaran en sus miembros y su cuerpo hasta que él sollozó de dolor y la quemante blancura del dolor arrasó su visión. El trato de. alejarse, pero cada movimiento renovaba la extasiante tortura. Entonces empezó a caer, a hundirse a través de una selva verde, llena de flores…
Ruark abrió los ojos y quedó mirando la oscuridad hasta que despertó completamente. Maldijo a la rosa, encendió una vela y se puso sus calzones cortos. Se pondría a trabajar para dar paz a su mente y que lo condenaran si volvía a permitir que Shanna lo torturara con sus triquiñuelas.
Entró al comedor donde había estado trabajando y se sentó sobre el borde de la mesa. Una lámpara de aceite colgaba por medio de una cadena y a su luz él miró sin ver los los papeles y bocetos dispersos sobre la mesa. Aun así, Shanna estaba demasiado presente en su mente para dejado libre.
Lentamente, Ruark sintió una presencia en la habitación y levantó la vista para descubrir la sombra de una mujer isleña. Estaba apoyada silenciosamente contra la puerta. Con fluidos movimientos, la mujer se adelantó hacia la luz y Ruark se puso rápidamente de pie al reconocer a Shanna. Arrojó la pluma sobre la mesa, sin decir palabras fue hasta el aparador y sirvió una copa de Madeira. Volvió junto a ella, le ofreció la copa y no se atrevió a tocada. ¿Era esto otro sueño que se disolvería si él estiraba una mano para tomada?
Shanna tomó la copa con las dos manos y bebió mientras lo miraba a la cara con sus suaves ojos verdes. Shanna dejó la copa y bajó la vista mientras la confusión le llenaba la mente. No podía encontrar palabras para romper el silencio. Ruark estiró una mano y gentilmente le quitó el pañuelo de la cabeza, soltó las trenzas largas y gruesas y las dejó caer libremente sobre los hombros suaves y blancos. Después sopló la lámpara de aceite. Los labios de Shanna se entreabrieron en un gemido silencioso cuando él la rodeó con los brazos y la atrajo contra su pecho. La besó en la boca, probó la suavidad de sus labios, jugó con la lengua e insistió hasta que ella le rodeó el cuello con los brazos. Se inclinó levemente, le pasó un brazo debajo de las rodillas y la levantó del suelo. Shanna soltó un suspiro y apoyó la cabeza en el hombro de él. Ruark cruzó rápidamente las habitaciones hasta que llegó al dormitorio suavemente iluminado donde, sin detenerse, se volvió y cayó de espaldas a través de la cama, teniéndola a Shanna todavía abrazada. Entonces ella se incorporó apoyándose en un codo y lo miró a la cara, maravillada. Ruark volvió a besada, trazó con sus labios una huella ardiente en el cuello de ella y llegó al hombro desnudo. Mentalmente, Shanna quería apartarse de ese contacto pero.su mente tropezó y cayó bajo las insistentes caricias de él. Shanna se incorporó ligeramente y sacudió la cabeza hasta que su cabello formó un dosel resplandeciente sobre sus caras. Luego descendió, sin dejar de mirar esos hambrientos ojos dorados, y lo besó en la boca, lentamente, ardorosamente, mientras las puntas calientes de sus senos rozaban el pecho de él. Ruark llevó sus manos a la cintura de ella y la falda cayó. Un tirón al lazo de la blusa y la prenda cayó de los hombros. Como una gata salvaje, Shanna se puso de rodillas sobre él, tentándolo con un beso, con una íntima caricia, hasta que Ruark rodó hasta ponerla debajo de él. Entonces, con feroz y desnudo abandono, la poseyó, haciéndola remontar a alturas alucinante s y vertiginosas.
Emergiendo de las profundidades del sueño, Ruark despertó como de un trance y por un momento fugaz temió que todo hubiera sido un sueño. Pero entonces sintió el cuerpo suave y tibio entrelazado con el suyo y se relajó sobre la almohada. El recuerdo de la pasión de Shanna avivó los fuegos de su mente. Ella lo había provocado como una zorra, lo había tentado con su suavidad, había hecho el amor abiertamente con el como si fuera su amada esposa. El efecto sobre él era total y completo, devastador cuando el desearla lo llevaba solamente a la frustración y la agonía de cuerpo y mente, hermoso cuando se unían en el amor y ella era de él, por un momento, por un espacio. La fragancia de su perfume llenaba su cerebro y su cuerpo bellamente curvado se acurrucaba contra él, con un muslo tibio y suave descansando despreocupadamente entre los suyos y un brazo sobre su pecho. Ella se apretó más contra él y su aliento le hizo cosquillas en el cuello. Lo tocó allí con los labios y cuando él la miró ella le devolvió la mirada con ojos sonrientes.
Sus labios volvieron a encontrarse una y otra vez, como si cada beso fuera más dulce que el anterior. Se apartaron y en seguida volvieron a unirse con un ardor que los fundió en un solo ser, cada uno olvidado de todo lo que no fuera el otro. Todo 10 sucedido antes desapareció en el resplandor de la unión.
Un relámpago surcó él cielo de ébano y gotas de lluvia golpearon las hojas de los árboles fuera de la ventana. Brisas errantes trajeron el fresco olor de la tormenta que llenó la habitación. ambos estaban despiertos pero silenciosos y algo intimidados por la felicidad que juntos habían disfrutado. Shanna seguía acurrucada en los brazos de Ruark. Le pasó un dedo por el borde de la oreja.
– Debo pedirte que te marches antes que mi padre se entere -dijo ella quedamente-. Hergus teme que eso sucederá.
Ruark rió por lo bajo.
– ¿Y debo marchame, simplemente? Palabra, esa mujer debe de estar ciega, o hubiera visto cómo me has embrujado.
Shanna se volvió para contemplar el juego de los relámpagos a través de la amplia extensión de aterciopelada oscuridad. Era extraña la fuerte sensación de seguridad que sentía aquí con Ruark mientras la tormenta envolvía al mundo más allá de las ventanas. Ella siempre había dormido sola y de niña solía asustarse de las tormentas y los rayos y relámpagos que iluminaban fantasmagóricamente su habitación. En más de una ocasión había huido aterrorizada a la seguridad del dormitorio de sus padres, muy próximo al de ella. Ahora, con la tormenta rugiendo afuera, no podía decidirse a separarse de esos brazos que la rodeaban, reconfortantes.
Ruark le acarició suavemente el cabello. Shanna cerró los ojos, bañada en la paz de su dicha.
Se le escapó un largo suspiro. -Creo que tengo que irme antes que empeore la tormenta.
Ruark le rozó la sien con los labios y la besó en la mejilla. -Quédate hasta que amanezca-dijo contra su oído- y para entonces habrá pasado. Déjame tenerte en mis brazos unas pocas horas más.