Ruark enrolló prolijamente los bocetos, metió el rollo bajo el brazo y se dispuso a marcharse. Se detuvo abruptamente cuando vio a Shanna que cerraba la puerta tras de sí y lo miraba con una expresión de firme determinación.
– ¡Cielos! -exclamó Ruark-. Una auténtica ninfa brotada de las paredes para llamar mi atención en el comedor. Y casi desnuda, además.
Shanna bajó rápidamente los ojos y se ruborizó cuando vio lo precario de su vestimenta. En su prisa por alcanzar a Ruark había dejado su bata abierta y la transparencia del camisón de batista no dejaba nada por adivinar. Sin embargo, él había visto más que esto y, ciertamente, había más que visto lo que ella exhibía, de modo que Shanna no sintió más que un fugaz embarazo ante la atenta mirada de Ruark.
– Bien, Ruark, te has vuelto mezquino con tu presencia. Anoche sentí tu ausencia.
Mientras hablaba, Shanna se acercó cautamente a él, como una gata hambrienta que acecha a un ánade grande y ve la deseada comida pero es consciente del peligro que representa acercarse demasiado.
Ruark sonrió perezosamente, con los ojos resplandecientes mientras contemplaba la abundante belleza y admiraba las curvas de los pechos debajo de la delgada prenda.
– Sólo por exigencias de mi trabajo, Shanna. El trapiche está casi terminado. Por más que deseaba estar cerca de ti, mi presencia era necesaria.
– Por supuesto. -Shanna lo miró con expresión de abierta sospecha-. Vi la nota que enviaste a mi padre. Una coincidencia muy conveniente, si es que hay algo entre tú y ese otro Beauchamp.
– ¿Cómo? -Ruark enarcó las cejas en expresión de interrogación.
– O quizá haya demasiado poco entre ustedes dos. -Shanna ladeó levemente la cabeza y lo miró-. ¿Soy en verdad la señora Beauchamp? ¿O fue sólo una elección que en su momento te convenía?
Ruark se alzó despreocupadamente de hombros.
– No hay forma de probártelo, Shanna, ¿pero el magistrado no habría verificado ese apellido? Y por supuesto, tú preguntaste mi nombre al buen señor Hicks antes de verme, de modo que yo no pude haber elegido entonces mi apellido. Considérate la señora Beauchamp, pero si no puedes aceptar eso como la verdad, entonces hazte llamar señora Ruark, o como más te plazca. Pero juro…
– ¡Basta! -Shanna levantó una mano-. No jures. No hagas más juramentos ni pactos conmigo. El último que hicimos juntos ya me ha costado mucho.
Ruark la estudió atentamente.
– Últimamente te has mostrado bastante distante, Shanna. ¿Quizá hay algo que quieres decirme?
El dejó flotando la pregunta pero bajó la vista hacia el vientre suave y plano debajo de la ligera prenda.
Shanna captó el significado.
– No te preocupes -dijo en tono levemente burlón-. No llevo un hijo tuyo en mi vientre. ¿Pero qué respondes a mi otra pregunta? ¿Has conocido a este capitán Beauchamp?
– Sí, amor. -Ruark sonrió-. Esta misma mañana hemos desayunado juntos.
– ¿Y dices que no son parientes? -Casi contuvo el aliento aguardando la respuesta. Ruark la miró tan fijamente como ella a él.
– Shanna, si lo fuéramos, ¿podrías darme una razón para que yo esté todavía aquí?
La curiosidad de Shanna transfórmese lentamente en perplejidad. Por fin bajó la vista y se volvió.
– No -dijo en voz baja-. Eso me confunde. Y por supuesto, tú te marcharías de aquí y serías libre… si pudieras.
Ruark se acercó y deslizó un brazo debajo de los pechos de ella Shanna no se resistió ni se apartó sino que emitió un suspiro trémulo.
– No me toques así, Ruark. No volveré a correr el riesgo porque nos traería problemas.
El le rozó la oreja con los labios y murmuró: -Entonces te dejaré, ninfa doncella, y me marcharé… por un precio.
Shanna se volvió entre los brazos de él y lo miró a la cara.
– Sólo un beso -pidió Ruark-. Un instante fugaz de tu tiempo. Un pequeño soborno. Una golosina dulce, pequeña, para saborear durante todo el día.
Shanna consideró el precio pequeño como una forma fácil de deshacerse de él. Se elevó en puntas de pie y le rozó ligeramente la boca con los labios, y se hubiera apartado pero él la retuvo firmemente.
Ruark suspiró, como si se sintiera decepcionado.
– Shanna, ni con la imaginación más miserable podría decirse que eso ha sido un beso. -La miró a los ojos, sonrió y dijo-: Veo que has vuelto a tus antiguos hábitos.
Shanna había jugado en muchas ocasiones á ser coqueta y la irritó que él la acusara de fría o ingenua. Por eso levantó los brazos que puso alrededor del cuello de Ruark y empezó a mover lentamente su cuerpo en una forma seductora, rozándole las piernas con sus muslos desnudos y acariciándole el pecho con sus pechos apenas cubiertos. Había aprendido mucho de él y ahora usó esos conocimientos en una forma sumamente provocativa y le dio un beso que hubiera podido incendiar a toda la Selva Negra. Bastó para que los miembros de Ruark perdieran toda su fuerza. Sin embargo, no todo fue unilateral, como Shanna había pensado, porque ella resultó víctima del ardiente beso como él. Era un néctar fuerte, embriagante, que una vez probado exigía que se repitiera. Cuando ella por fin apartó sus labios, no se separó de él sino que trató de calmar sus miembros temblorosos. Permanecieron así, cada uno disfrutando de la proximidad del otro.
– Ah, Shanna -dijo Ruark suavemente-. Un bocado de una comida tan rara, tan exquisita, es más una tortura que una delicia.
Shanna suspiró contra el cuello de él y le acarició con los dedos el pelo corto y rizado de la nuca.
– Entonces, pediste una tortura y una vez más el pacto ha sido cumplido. -Lo miró con ojos brillantes-. Pero como fue mi voluntad, te daré tres veces el precio que necesitas para no poner en peligro mi honestidad.
Volvió a besarlo con los labios entreabiertos. Debajo de la flotante bata, los brazos de Ruark se apretaron alrededor de ella.
– ¡Hum! -El sonido les produjo un gran sobresalto a los dos.
Shanna se apartó de Ruark. Su primera reacción fue de cólera por la brusca interrupción. Al momento siguiente sintió en su, estómago un helado nudo de temor. Lo que tanto había temido por fin había sucedido. Los habían descubierto. Cuando vio al capitán Beauchamp, el nudo frío creció y la fue llenando hasta hacerla temblar. Hubiera deseado estar cubierta con algo más substancial. Apretó alrededor de su cuerpo la delgada bata, agudamente consciente de su semidesnudez. Su mente se lanzó confusamente en busca de una excusa.
Pasó un momento fugaz antes que Nathanial hablara.
– Perdón, señor Ruark… señora Beauchamp. -Acentuó extrañamente los nombres-. Olvidé mi pipa y mi tabaquera.
Sin aguardar el asentimiento de ellos, cruzó la habitación hasta la silla que había ocupado, tomó los objetos mencionados de la mesa y después se detuvo nuevamente en la puerta. Su sonrisa tenía una cualidad extraña y sus ojos se posaron por turno en Shanna y en Ruark Se llevó las puntas de los dedos a la frente en un brevísimo saludo.
– Buenos días, señor Ruark -dijo, y con una rápida inclinación de cabeza hacia ella, agregó-: Buenos días, señora Beauchamp.
Sin más palabras se volvió y cerró suavemente la puerta tras de sí. Pasó un momento antes que Shanna recobrara el habla, y cuando habló fue como si estuviera segura de sus palabras.
– Se lo dirá a mi padre. Sé que lo hará. -Miró fijamente a Ruark con la desesperación marcada en su rostro pálido-. Esto ha terminado. Todos mis planes… para nada.
Una expresión de preocupación cruzó el rostro de Ruark pero trató de calmar la aflicción de Shanna.
– A mí me parece un tipo bastante bueno, Shanna, no de la clase de andar con murmuraciones. Pero hoy tengo cosas que hacer en el muelle. Me mantendré cerca y si se presentara la ocasión hablaré con él y trataré de explicarle… algo. -Se alzó de hombros-. No sé qué.
– ¿Lo harás? ¿De veras lo harás, Ruark? -Shanna pareció tranquilizarse un poco-. Quizá él comprenda si tú se lo explicas claramente.
– Trataré, Shanna. -Le tomó las manos trémulas y le besó los dedos-. Si todo sale mal, por lo menos trataré de enviarte un mensaje de advertencia.
– Gracias, Ruark -susurró ella agradecida-. Estaré aguardando.
Ruark se marchó y Shanna se dirigió lentamente a sus habitaciones.
Pasó el resto del día en nerviosa espera. A cada momento esperaba que llegara su padre golpeando las puertas y llamándola a gritos, o un mensajero de Ruark avisándole que tendría que huir, o el mismo Ruark para decirle que todo estaba bien, o todos ellos, incluido el capitán, para acusarla y descubrirlo todo.