Ruark caminaba como si estuviera disfrutando de un paseo vespertino. Arrancó una rama pequeña y la alisó con un cuchillo hasta hacerse un bastón. Un silbido desentonado brotaba de sus labios. Aparentemente, no prestaba atención a la muchacha que luchaba por seguirle los pasos.
El amplio cuello le rozaba dolorosamente la garganta y Shanna empezó a quitárselo pero la áspera lana le resultaba aún más molesta. Los puños almidonados se deslizaban hacia abajo por sus muñecas y constantemente tenía que levantar uno u otro brazo para volverlos a su lugar. Entraron en la aldea, y los guijarros, que marcaban los senderos entre las escuálidas chozas estaban más calientes que la arena.
"El quiere que me arrastre y le implore piedad – pensó Shanna, furiosa. ¡No lo haré! ¡No te daré ese placer, así quede en carne viva!"
El sol caía a plomo. No había sombra y la mayoría de los habitantes se habían refugiado en sus chozas para dormir la siesta, huyendo del calor. Debajo de una pequeña enramada, una anciana en andrajos dormitaba entre pilas de hortalizas y frutas. Cuando Ruark la despertó para pedirle una muestra, de su mercadería, la mujer se mostró muy fastidiada pero su carácter se suavizó notablemente cuando vio el color de la moneda de él. Mientras él y la anciana regateaban, Shanna se sentó sobre un fardo de cáñamo para dar descanso a sus pies abrasados y rehusó tercamente el ofrecimiento de Ruark de un bocadillo para que comiera. Cuando reiniciaron la marcha, Shanna se levantó y apretó los dientes por el esfuerzo que ello le costó. Ruark caminaba ahora más despacio mientras comía bananas pequeñas y maduras y trozos de pulpa seca de coco. Shanna tenía menos dificultad en seguirlo pero ya estaba al borde de su resistencia. El sudor le corría en molestos hilillos por el medio de la espalda. Quería desesperadamente rascarse, pero tenía las manos ocupadas con la falda y los incómodos puños. Cuando pasaron junto a un pequeño grupo de arbustos, arrancó los puños y los arrojó hacia atrás cuidando de que Ruark no la viera. No ganó mucho en comodidad por que ahora las mangas se le humedecieron con la transpiración y se le pegaron a los brazos.
Llegaron al final de la playa en una dirección y vieron el comienzo de la marisma de ese lado. El sol se movió en el cielo cuando ellos volvieron sobre sus pasos hasta el muelle y siguieron la playa en la dirección opuesta. Fue aquí que Shanna se rezagó para meter los pies en el agua. Hizo una mueca cuando la sal le escoció en las miríadas de pequeñas cortaduras y heridas de sus pies. Sintió deseos de arrancarse el estúpido vestido de su cuerpo y correr internándose en el mar perezosamente para estirar sus músculos y limpiar su cuerpo en las olas. Pero Ruark se le había adelantado y de mala gana ella levantó su falda mojada y corrió tras él.
Ruark se detuvo en una pequeña altura y observó pensativo el final de la playa y la marisma de mangles que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Oyó que Shanna se acercaba y se volvió con una pregunta en los labios, pero calló cuando la vio cojeando hacia él, con la falda enredándosele en las piernas. Venía con el rostro encendido y respiraba con dificultad. Tenía el cabello en desorden. Shanna dejóse caer sobre un pequeño montecillo de hierba, lo miró con expresión de ira y levantó un pie para indicarle el talón donde asomaba una espina.
– Veamos, déjame a mí, Shanna -se ofreció él en tono sinceramente preocupado. Sacó su cuchillo y se acercó.
– No te me acerques -lo detuvo ella-. Me arrastras a una caminata por este montón de arena dejado de la mano de Dios, sin zapatos adecuados para mis pies y ni siquiera una sombra para protegerme. ¡Ay!
El quejido brotó cuando ella tiró de la espina que tenía clavada en el talón. Ruark fue hasta un arbusto del que arrancó varias hojas pequeñas y angostas, a las que retorció hasta obtener una masa húmeda.
– Aplícate esto en el talón -dijo-. Arderá un momento, pero calmara el dolor y quitara cualquier veneno.
Shanna hizo como le decía y casi gritó cuando los quemantes jugos penetraron en la herida. Sin embargo, casi inmediatamente el dolor empezó a disminuir. Poco después su talón estaba adormecido. Ruark nunca dejaba de sorprenderla. Sus recursos eran inagotables y parecía conocer muchas de estas pequeñas tretas.
Ruark miró nuevamente hacia la marisma y habló por encima de su hombro, con voz suave. _¡
– Has dicho que este paseo es inútil, Shanna. Y así debe parecerles a todos ellos.
Pero es aquí donde podemos encontrar nuestra vía de escape. -La miró ansiosamente-. Los españoles abrieron un canal a través del pantano, pero madre ocultó la entrada y no quiere revelar el secreto. -Señalo con la cabeza la maraña de mangles-. ¿Oyes los pájaros?- pregunto. Del pantano surgía un constante murmullo de sonidos-. Son pájaros, amor mío pero también hay otras cosas. Caimanes, lagartos, toda clase de serpientes. Es imposible cruzar a pie, y si pudiésemos, más allá está el mar abierto. Necesitamos un bote bastante grande, aunque el Good Hound es demasiado para que lo manejemos nosotros dos. -Ruark se encogió de hombros-. Pero es inútil seguir hablando. Quizá tu padre pague tu rescate y puedas ponerte a salvo antes de que pasen muchos días. Los siervos que enviaron los piratas llegarán a él esta noche o mañana temprano. Seguramente el vendrá inmediatamente.
Ruark la miró, sabiendo muy bien que si lograba devolverla a Los Camellos, ello podría significar para él un severo castigo. Trahern tomaría a mal su desaparición, sin duda ya lo había hecho, y Ruark se preguntaba si Shanna dejaría que lo castigaran antes de contar la verdad a su padre. En cualquier caso, su única preocupación en este momento era sacarla a ella de este infierno.
Sacó su cuchillo y se arrodilló junto a ella.
– Pobre Shanna. -Sonrió suavemente, aunque ella lo miró todavía furiosa. El se alzó de hombros-. Sólo quise conocer el terreno por si ello pudiera serme útil. -Se acercó más y cuando ella quiso apartarse su tono se volvió brusco-. Quédate quieta.
Su orden fue obedecida. El cuchillo se clavó en la manga del vestido y la cortó a la altura del codo. Después, él abrió la costura inferior de modo que del hombro quedó colgando como una pequeña capa, recatada pero suelta y fresca. Repitió la operación en la otra manga y se sentó sobre los talones. Observó el pecho fuertemente comprimido y otra vez se inclinó hacia adelante. El cuello almidonado cayó entre los arbustos, espantando a una bandada de pájaros. Ruark cortó el extremo suelto de su faja y colocó la suave seda debajo del borde del vestido. Arrugó la frente cuando vio la piel lacerada.
– No permitiré que maltrates a mi propiedad, Shanna. Te ordeno que pongas más cuidado.
Shanna se puso rígida ante este intento de humor, pero algo avergonzada de su estupidez, contuvo la lengua y se sometió a las maniobras de él. Cuando él metió la hoja en las costuras, ella sintió que el ceñido corpiño se aflojaba lentamente sobre sus pechos.
– Quiero concertar una alianza contigo, Shanna -dijo él en voz baja- y por eso he tratado de conducirme con prudencia y sacar el mejor partido de la situación. Mi propósito es devolverte a tu padre, sana y salva, y con ese fin te ruego que dejes de atormentarte y trates de pasarlo lo mejor posible. Eso vale para nosotros dos, amor mío. Por lo menos por un tiempo. ¡Ya está!
Se puso de pie y retrocedió un paso. Observó mientras Shanna, respiraba cómodamente por primera vez desde que se había puesto el vestido.
– Lo que queda de las costuras -dijo él- resistirá hasta que estemos nuevamente en nuestra habitación. ¿Estás cómoda ahora?
– Tanto como podía esperarse -replicó ella, en tono más cortante del que fue su intención.
Ruark le volvió la espalda y habló con voz ronca:
– Si te animas, ahora podemos regresar.
Shanna probó a pisar con su talón y se sorprendió al no sentir ningún dolor. Más se sorprendió cuando Ruark le ofreció el brazo para ayudarla. Lo tomó y se apoyó en él hasta que estuvieron a la vista de la aldea. Entonces se rezagó dos o tres pasos. El empezó a silbar y a agitar nuevamente su bastón, aparentemente para que cualquiera que estuviera observándolos creyera que estaban dando un paseo por pura diversión Pero ahora él caminaba con pasos más cortos y de tanto en tanto se volvía para ver si Shanna lo seguía.