Shanna lo miró ceñuda.
– Excepto yo, por supuesto -agregó él.
Shanna lo miró con incredulidad.
– ¿Estás seguro -dijo- de que llegará el día en que podrás resistir el impulso de abusar de mí?
– Ni siquiera cuando tenga más de ochenta años, Shanna – replico él ligeramente-. Teniéndote cerca, necesitaría el frío de los mares del norte para calmar mi sangre.
– Es cierto -dijo ella- y lo mismo sucede con toda mujerzuela que se cruce en tu camino.
– ¿Todas? -Ruark se irguió y la miró-. Vaya, concédeme por lo menos cierta capacidad de discriminar.
Shanna levantó levemente el mentón.
– Hubieras podido tener más, pero eso no importa ahora. Entre nosotros, todo ha terminado.
– De modo que esta es la tortura que has planeado para mí -dijo el-. La visión de ti, desnuda en mi cama, me hace doler los riñones. El solo pensar en ti me hace doler los riñones. Shanna, si no te enterneces pronto, pasaré el resto de mi vida encorvado como un anciano, doblado por la edad. ¿No tienes compasión? Eres una mujerzuela Shanna Beauchamp, una tunanta para exhibirte así -se acercó y le dio una palmada en el trasero- cuando me niegas eso que muestras en tus provocativos contoneos.
Se puso los calzones mientras Shanna se reía de él.
– Se necesita mucha imaginación, mi amo y señor, para considerar contoneo a un modesto movimiento. Ciertamente, de contoneos yo podría aprender mucho de ti. -Se caló el sombrero de paja y adoptó una postura con una rodilla hacia adelante y una mano apoyada en la Cadera- El capitán pirata Ruark conquistador de todas las que ve, ya sean doncellas niñas o rameras de grandes pechos. Te ruego que me digas si tus conquistas te han quemado tanto el cerebro que ignoras el juego de palabras que nos ha traído a esta situación. Hablas de Juramentos y promesas, de pactos concertados. ¿Y que haces tu? ¿Acaso tienes un privilegio que te libera de cualquier promesa?
– Shanna, amor – Ruark verificó la carga de las pistolas y volvió a dejarlas-. A menudo has declarado que yo no soy tu esposo y que tú eres viuda. Si ese fuera el caso, ¿que derechos tienes sobre mi? ¿Por que me acusas de esta supuesta traición? Todo lo que ha sucedido desde ese día, amor mío, es puramente por culpa tuya, porque si a mí no me hubieran embarcado contra mi voluntad por orden tuya, nada de esto habría sucedido. En tu casa hubiera habido hombres suficientes para protegerte, en vez de andar buscándome por la isla, y cerca de allí muchos más que habrían puesto en fuga a.los piratas. ¿Qué dices ahora, amor mío? ¿Soy tu marido? ¿O soy libre? ¿Y si soy libre, por qué en cada oportunidad que se presenta me atacas como una esposa celosa a su marido? ¿O acaso soy como una marioneta que siempre debe obedecer a los hilos para que juegues conmigo cuando se te dé la gana?
La cólera de Shanna disminuyó. Vanamente, ella trató de reemplazada por la razón.
– No me refería a los votos matrimoniales -dijo ella-. Pero cualquier mujer odia que se burlen o jueguen con ella, que la lleven a la cama y le digan palabras de amor y devoción, para tener que escuchar después que otra mujer reclama. ese mismo amor y ternura. ¿Cómo podría acostarme contigo, tierna y amante en tus brazos, cuando sé que últimamente otras también lo han hecho y que en el futuro, muchas más usurparán mi lugar y con sus placeres harán una cosa común de aquello que yo tendría por un tesoro?
– He aquí una palabra. – Ruark caminó hasta el otro extremo de la habitación y regresó junto a ella-. Es la primera Vez que veo algo digno de conservar. ¿Un tesoro? Ajá, es así, mi amor. Una cosa de valor, pero vulgarizada si no se la aprecia debidamente. Y ahora lo he oído de tus labios. Un tesoro. -Asintió con la cabeza-. Ajá, necesitaba oír esa palabra de ti.
Fue hasta la ventana y allí quedó mirando pensativo a través de la isla., Confundida, Shanna lo miró ceñuda. Ella había querido picar el orgullo de él pero de alguna manera le había dado un arma que él podría usar contra ella.
Aprovechando la momentánea distracción de Ruark, Shanna fue hasta el armario y se quitó el justillo de cuero. Tomó un vestido de terciopelo negro y se lo puso rápidamente. La parte delantera era abierta hasta el pubis, con un entrecruzamiento de cintas sobre la. piel desnuda. Shanna ajustó las cintas y fue hasta el espejo que tenía más cerca Allí se detuvo y ahogó una exclamación. El vestido, más que proteger su pudor, lo destruía
Vio en el espejo la imagen de una joven bastante desaliñada, con el cabello en salvaje desorden y con los pechos apretados en tal forma por el vestido que hubieran podido excitar al más severo puritano. El vestido de terciopelo no cerraba y dejaba ver su blanco vientre. Shanna miro hacia el armario. Tenía que haber otra cosa. ¿Una blusa? ¿Una camisa?
Giró lentamente delante del espejo y por encima de su hombro vio a Ruark, quien ya no miraba por la ventana sino que le dedicaba toda su atención, sentado en el borde de la ventana, los brazos cruzados sobre el pecho desnudo y una sonrisa perversa en los labios.
– Tiene que haber alguna otra cosa -dijo ella, con cierta perplejidad-. Tiene que haber, por lo menos, una camisa.
Ruark fue junto al espejo y la miró directamente.
– A Harripen le gustaría dijo-. Creo que también al holandés
– ¡Ruark! -Ella lo miró horrorizada creyendo que podría, obligarla a bajar vestida en esa forma, pero súbitamente vio la risa que brillaba en los ojos de él. Exasperada, golpeó el suelo con el pie. Cuando, él se acercó más, le dirigió una mirada desafiante y luchó con las cintas en un esfuerzo por cubrirse más
– Nunca he impuesto mi voluntad más allá de la capacidad dé resistencia de una mujer -dijo, sin apartar los ojos de las tentadoras, curvas de los pechos; que aparecían ansiosos por asomarse. Soltó un suspiro tembloroso-. Pero en ocasiones, se llega a un punto en que un hombre se siente provocado y tentado más allá de su voluntad. Y la violación puede tener sus recompensas. Si yo me siento tentado hasta límite
¿Crees que los piratas serán capaces de contenerse? sugiero que busques un vestido que no los tiente demasiado; además me evitarás pensamientos de violencia.
Con gesto petulante, Shanna empezó a buscar en los cofres y descartar vestido tras vestido. Ninguno parecía convenirle. Cuando la medida, estaba bien, el corte era demasiado audaz, cuando el estilo era el adecuado, la medida era grande como para asustar con el tamaño de la que usaba.
En el fondo de un gran baúl había un tesoro que le llamó la atención y ella apenas pudo contener su alegría cuando lo examinó. No hubiera podido adivinar cómo un vestido puritano había llegado a manos de un pirata pero quedó tan contenta con la prenda como si hubiese recibido un precioso regalo era en lana negra, con cuello alto Y, mangas hasta las muñecas, y amplios cuello y puños. Había además un gorro, tan austero como el vestido.
Shanna miró por encima de su hombro para ver si Ruark estaba observándola. El le daba la espalda y estaba asentando una navaja mientras se preparaba para rasurarse. Reunió todo en un atado y se deslizo detrás, de un espejo donde estaría a salvo de las miradas de él. Se quitó el vestido de terciopelo y se puso el de gruesa lana. No había encontrado ninguna camisa y la áspera lana le producía un molesto escozor en su delicada piel. Pero deseosa de perturbar la serena complacencia de el, y con traviesa, anticipación acomodo cuidadosamente el vestido alrededor de su estrecha cintura y su pecho redondeado y fue hasta donde estaba Ruark.