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"Bien, mi capitán pirata Ruark, si yo te he puesto en esta situación, donde tu cuello corre peligro, debes comprender que yo también soy la llave del perdón de mi padre. Te conviene devolverme a salvo. De modo que en ese aspecto, estaremos parejos"..

La habitación estaba a oscuras cuando por fin entró Ruark.

Shanna regresó a su recinto protegido por cortinas improvisadas y se entregó a un lento proceso de acicalarse. Oyó que él revolvía el contenido del cofre y momentos después el silencio picó su curiosidad. Cuando espió por e1costado de la cortina lo vio sentado a una mesa con una gran hoja de pergamino delante de sí. Estaba inclinado sobre la hoja y hacía anotaciones aquí y allí con una pluma. Shanna volvió a su refugio; después, con súbita decisión, fue al armario y sacó un vestido de seda roja y atrevido corte, que se puso. Aparentemente, la dueña de la prenda había sido una española, porque el corpiño era largo y el vestido le ceñía las caderas, desde donde se extendía con amplitud hasta un ruedo que se levantaba para mostrar enaguas multicolores, El amplio escote era sorprendente y tentador. La espalda del vestido caía también muy bajo y revelaba las curvas suaves y seductoras de su cuerpo. Shanna alisó la suave seda.

“Esto le enseñará a ese vagabundo la diferencia entre una dama y una vulgar mujerzuela” pensó taimadamente. No se detuvo a pensar que ella no tenía en ese momento el aspecto de una dama. Sin embargo tampoco tenía nada de una vulgar mujerzuela.

Shanna hizo la cortina a un lado y se acercó a Ruark meneando provocativamente las caderas. Fue lo que Ruark había esperado: otro ataque a sus sentidos. Le costó un gran esfuerzo volver su atención al pergamino.

Shanna empezó a moverse por la habitación y a hacer pequeña cosas sin importancia en un esfuerzo por atraer la atención de él, pero vio, decepcionada, que Ruark estaba completamente absorto en su, trabajo y no parecía notar para nada su presencia.

Hubo un suave golpe en la puerta y la voz vacilante de Gaitlier pidió permiso para entrar. A una señal de Ruark, Shanna abrió la puerta y vio complacida que el hombre traía una gran bandeja con frutas, pan, aves asadas y hortalizas hervidas. Hasta había una botella de buen borgoña francés. Shanna sintió que se le hacía agua la boca con el tentador aroma y apenas pudo contener su ansiedad por probar la comida.

– ¡Oh, Gaitlier! -exclamó-. ¡Usted es adorable!

Sonrió alegremente mientras el hombre enrojecía de placer pero no vio el sombrío ceño de Ruark.

– Lo preparó Dora -dijo Gaitlier tímidamente, y dirigió a Ruark una mirada cautelosa. Dejó la bandeja sobre la mesa y miró vacilante el mapa enrollado. Ruark pensó que el hombre diría algo, pero cuando se echó atrás en su silla, disponiéndose a escuchar, Gaitlier pareció perder su valor, hizo una rápida reverencia y se marchó.

Shanna se sentó frente a Ruark y empezó a probar pequeños bocados mientras él descorchaba la botella y servía vino en las copas.

– ¿Qué estas haciendo? -preguntó ella por fin, cuando él tomó nuevamente el mapa' y empezó a estudiado mientras comía.

– Trato de encontrar algún indicio del canal a través del pantano – repuso él sin levantar la vista.

La comida continuó en silencio. Ruark no prestó mucha atención a Shanna y después de un momento apartó su plato medio lleno. Shanna se puso de pie y suspiro. Tomó una pequeña tajada de melón y fue hasta la ventana. Se oyó el eco distante de un trueno. Una ráfaga errante entró en la habitación, agitó las cortinas y movió los papeles de Ruark. Shanna abrió completamente los postigos y se apoyó en el antepecho El crepúsculo se volvió súbitamente blanco con un relámpago que sobresaltó a Shanna. Las nubes de tormenta ya estaban encima y las primeras gotas caían sobre la arena sedienta. Pronto, los detalles de la distancia fueron esfumados por la lluvia.

Ruark levantó la vista hacia la ventana y ahogó una exclamación al ver a Shanna. Ella estaba medio sentada, medio apoyada en el antepecho, de perfil, mirando las nubes oscuras. La difusa luz del crepúsculo la hacía parecerse a una estatua clásica de oro, vestida de brillante carmín. Su cabello parecía casi transparente y caía como una cascada de oscura miel hasta la cintura. El vestido se adhería a sus pechos, resaltando sus formas tentadoras. Mientras él la miraba, un relámpago cruzó el cielo y en su luz purísima ella se convirtió en una escultura en blanco marfil. Su rostro se veía pensativo, con una sonrisa triste.

"Dios mío – gimió Ruark interiormente-. ¿Sabe ella lo hermosa que es? ¿Sabe cuánto me atormenta?"

La lluvia se hizo más intensa y Shanna se convirtió en un camafeo, una obra de arte, pero ningún pintor hubiera podido retratar tanta belleza. La oscuridad descendió y ella quedó iluminada por el resplandor de las velas. Nuevamente se convirtió en una belleza misteriosa. Ruark desvió la mirada y quedó con los ojos fijos en un papel en blanco. Su mente empezó a vagar. Ruark pensó en qué ruegos, qué motivos podrían poner fin a la cólera irracional de ella.

¿Debería conducirse como un mozo enamorado? No, eso no. Ella lo rechazaría con desdén. ¿Pero qué esperaba de él? Se sentía perdido

Estaba desconcertado. Si ella conociera los pensamientos de él, ¿le mostraría compasión? Un simple contacto, un dedo apoyado en su brazo. "Una mirada – gritó su mente, desesperada -. ¡Cualquier cosa!"

Nada sucedió. Ningún contacto. Ni besos. Ni miradas. Ruark desvió la vista angustiado.

Shanna volvió lentamente el rostro hacia Ruark, quien aparentemente seguía absorto en sus mapas. Le dolía la garganta por el esfuerzo de contener las lágrimas y súbitamente tuvo el deseo intenso de ser estrechada por los brazos de alguien. Cruzó la habitación, se tendió sobre la cama y empezó a contemplar la espalda bronceada, desnuda de el mientras un millar de ideas cruzaban por su mente para ser rechazadas en seguida.

Ruark empezó a doblar sus mapas. Shanna vio sus movimientos y empezó a pensar alocadamente.

“¡El viene a la cama! ¿Qué haré ahora? Quizá me le entregue si él insiste, un poco.”

“¡No, maldito sea! – se corrigió, nuevamente colérica -. Toma a una vulgar mujerzuela debajo de, mis narices poco después de haberme hecho protestas de amor y sinceridad. Yo le enseñaré lo que es amor y sinceridad. Lo haré, tascar el freno, antes de acabar con él”.

Ruark se levantó y desperezo. Shanna dejó la cama y se dirigió muy altanera a su refugio de cortinas improvisadas. Ruark la miro ceñudo, juró por lo bajo y terminó el vino de su copa en un solo sorbo. Dejó sus calzones sobre el respaldo de una silla y se deslizó, de mala gana, entre las sábanas para aguardar el regreso de ella. Sabia que entonces, iniciaría la batalla de saberla tan cerca y no poder tocarla.

Después de un momento, Shanna regresó envuelta en una, gran toalla de lino. Tomó la manta, evito la mirada de él y nuevamente una barrera en forma de rollo para ponerla en el medio de la cama.

¡Fue demasiado! Con un rugido de ira, Ruark arrebato, el objeto y se puso de pie. De un salto, se acercó a la ventana y arrojó la barrera al patio. Cuando se volvió, la ira lo dominaba y su desnudez le daba un aspecto magnífico. Shanna lo miró con creciente temor y mucha admiración.

– ¡Ya estoy harto de todo esto! -Se acercó nuevamente a la cama y la miró con una expresión de gran determinación.

– Oh, estás harto -dijo Shanna despectivamente-. Tienes el atrevimiento de decir que yo debería ser tu esposa y pretendes que esto no debe ser un obstáculo para tus correrías.