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Cerró lo ojos y apoyó la cabeza contra el alto borde de la tina, dejando que el baño aflojara sus tensiones. Ahora era raro pasar todo un día sin ver a Ruark, aunque habitualmente él era necesario en cualquier parte donde se presentaran problemas. Por alguna razón, Shanna sintió que su día no había sido completo.

El reloj de su habitación dio las diez y con la última campanada empezó una nueva melodía que Shanna nunca había escuchado en sus habitaciones. Abrió los ojos sobresaltada e inmediatamente vio la fuente, una caja de música bastante grande que había sido. puesta sobre una mesa, cerca de ella. Y en un sillón junto a la mesa estaba Ruark, cómodamente reclinado, con una graciosa sonrisa en sus labios y sus largas piernas estiradas y cruzadas en los tobillos.

Shanna se incorporó en la tina y 1o miró sorprendida. Una rápida mirada por la habitación le indicó que él se había puesto cómodo. Su sombrero estaba sobre la cama, junto a su camisa. Solamente los calzones cortos cubrían su cuerpo.

– Buenas noches, amor, y gracias -dijo, Ruark y sus ojos bajaron rápidamente hacia los pechos mojados y brillantes de ella.

– No tienes derecho -dijo Shanna por encima de la argentina melodía. Pero ante la serena mirada de él, decidió mostrarse más benévola, como si sólo se sintiera ligeramente ofendida-. Invades el baño personal de una dama y té aprovechas de un espectáculo inesperado.

Ruark sonrió con muy buen humor.

– Ejerzo mis derechos maritales, Shanna. Esto es algo que sucede tan raramente que ciertamente estoy en desventaja. Mientras otros maridos contemplan a sus tesoros todas las noches yo debo conformarme con los recuerdos y refrenar mis deseos, porque no puedo buscar alivio a lo que me atormenta.

– Estás diciendo tonterías, Ruark. -Shanna se enjuagó lentamente con la esponja-. ¿Acaso no he sido más que complaciente con tus caprichos? Se me ocurre que debes de tener alguna razón para haberte arriesgado a estas horas en mis habitaciones.

El señaló la caja de música. -Te he traído un presente. Shanna sonrió coquetamente.

– Gracias, Ruark. ¿Eso viene de las colonias?

– Le pedí al capitán Beauchamp que la hiciera comprar y que la enviara aquí -repuso Ruark-. ¿Te gusta?

Shanna escuchó un momento hasta que se percató de que la tonada era la misma que había escuchado a bordo del Marguerite.

– Hum, me gusta mucho. -Vio que él cerraba la tapa de la caja haciendo cesar la melodía, y levantó la vista con expresión inocente-. ¿Podría haber otro motivo que te trajo a mis habitaciones?

El sonrió lentamente y sus ojos recorrieron todo el cuerpo de ella.

– Me informaron que preguntaste por mí en toda la isla y no pude encontrar motivos para tanta urgencia, excepto uno. -Sus blancos dientes relampaguearon en una rápida sonrisa-. Por eso, aunque ya era tarde, vine aquí en la primera oportunidad para asegurarte que no me había escapado ante una inminente paternidad.

Shanna siguió secándose con la toalla, asimilando las palabras de él. Después de un momento comprendió.

– ¡Bribón! ¡Víbora! -estalló-. ¡Tonto presumido! -Su mano buscó algo en el agua-. ¿Crees que yo andaría pregonando eso en toda la isla?

Levantó la esponja para arrojársela.

– ¡Ah, ah! -Ruark sonrió traviesamente y agitó un dedo hacia ella-. Tencuidado, Shanna. Hergus no aprobará el desorden.

– Ooohhhh -gimió Shanna con los dientes apretados por la frustración. Hundió, la esponja debajo de la superficie del agua, como si quisiera ahogarla.

– Ven -dijo Ruark con voz suave, pero conteniendo la risa, sal de esa tina y sécate.

Ruark le tendió la toalla y esperó junto a la tina. Shanna se puso de pie y se envolvió en la toalla. El le ofreció su mano para ayudarla a salir del baño y la siguió hasta la mesa le tocador, admirando el movimiento de sus caderas que se balanceaban debajo de la toalla de lino.

– ¿Por qué me buscabas? -preguntó Ruark, mientras ella cepillaba sus largos cabellos.

Shanna. Recordó a JezebeL, se volvió y tomó los dedos delgados de Ruark.

– Oh, Ruark, el capitán Beauchamp me ha hecho el más maravilloso de los regalos. Una yegua hermosa, pero ha sido maltratada y necesita que la cuiden.

Ruark enarcó las cejas, sorprendido.

– ¿Maltratada?

– El capitán Roberts dijo que hubo una tormenta en el mar y que el animal se golpeó contra las paredes del pesebre. Le dije al muchacho de los establos que hiciera lo que pudiese hasta que tú vinieras. -Los ojos azul verdoso lo miraron implorantes-. Oh, Ruark, por favor, ocúpate del animal y haz que se ponga bien.

Ruark estiró una mano para acariciar los rizos dorados y la miro con ojos tiernos..

– ¿Te gusta mucho ese animal, Shanna?

– Sí, Ruark, muchísimo.

– Haré todo lo que pueda por ella -sonrió él-. Sabes que soy el más fiel y ardiente de tus esclavos.

Shanna apartó la mano de él y lo miró a través del espejo.

– ¿Y si fueras libre? -preguntó- ¿Te irías de aquí a buscar fortuna en otra parte?

– ¿Qué grandes tesoros podrían arrancarme de tu lado, amor mío? -repuso él mientras jugaba con un rizo de ella-. ¿Cómo podría abandonarte? Tú eres mi tesoro, la joya rara de mis deseos.

Shanna dejó el cepillo a un lado.

– Te burlas de mí, Ruark. Y yo tendría que saber la verdad.

– ¿La verdad? -Ruark hizo una reverencia a la imagen reflejada en el espejo y sonrió-. Deberías recordar los votos formulados ante el altar. Estoy unido a ti hasta que la muerte nos separe.

Shanna se levantó de la banqueta de terciopelo y cruzó la habitación bajo la mirada admirativa de él. No era consciente del efecto que su semidesnudez causaba en Ruark. La toalla ocultaba muy poco y ella movíase lentamente, con languidez y gracia.

– Cómo te gusta fastidiarme con eso, Ruark. Te comportas en una forma e invades mis habitaciones como si en este mundo poseyeras algo más que esa estúpida prenda que usas para cubrirte.

– Si yo soy un hombre pobre, entonces tú eres la esposa de un pobre -señaló Ruark con una risita.

– Eres un canalla que aprovecha cualquier débil pretexto para irrumpir en mis habitaciones -replicó Shanna-. Y para silenciarte, tengo que someterme a fin de que mi secreto no llegue a conocimiento de todo el mundo. Eres un desvergonzado. Alguien que abusa así de una dama ni siquiera es digno de que 1o cuelguen.

Ruark se le acercó con pasos mesurados y con una sonrisa lenta, hipnótica en sus labios. Shanna retrocedió al percatarse de que él estaba encerrándola y trató de mantener la distancia que los separaba.

– Señora, debo admitir que aprovecho cualquier excusa para estar con usted -dijo él en tono de broma-. ¿Pero yo un canalla, un desvergonzado? Seguramente, la vida que estoy llevando últimamente no es tan reprochable.

– ¡Ja! -replicó Shanna y se escabulló cuando él trató de acercársele más. Ruark no alcanzó a detenerla, aunque la fragancia de ella llegó a sus fosas nasales y le nubló la mente. No se dio por vencido y fue tras ella. Tratando de eludirlo, Shanna escapó detrás del largo sofá dejando una estela de risa musical similar al argentino sonido de un arroyuelo de montaña. El trató nuevamente de acercarse y Shanna se refugió detrás de una pequeña mesa con tapa de mármol.