Выбрать главу

Paseándome por el recinto del templo desierto sentía la sombra del falso dios pesar sobre mí, porque su poderío no había desaparecido con sus imágenes, sino que continuaba reinando Por el temor en el corazón de los hombres. En el gran templo la hierba había crecido entre las losas y nadie nos impidió entrar en el santuario de los santuarios, y las inscripciones

sagradas de las paredes estaban afeadas por las profanaciones, porque los grabadores habían borrado torpemente el nombre y las imágenes del dios. Y Merit dijo:

– Este es un lugar funesto y mi corazón se hiela al errar por aquí contigo, pero ciertamente esta cruz de Atón te protege y, sin embargo, me alegraría de que la quitases de tu cuello, porque podrían tirarte alguna piedra o apuñalarte en un lugar solitario a causa de esta cruz. Porque el odio es muy grande en Tebas.

Decía la verdad, porque en la plaza delante del templo mucha gente escupía al ver la cruz de Atón en mi cuello. Quedé sorprendido al ver a un sacerdote de Amón pasearse descaradamente por entre la muchedumbre, con el cráneo afeitado y vestido de blanco, a pesar de haberlo prohibido el faraón. Su rostro relucía de grasa y sus ropas eran del lino mas fino y la gente se apartaba respetuosamente a su paso. Por esto creía prudente poner mi mano delante de la cruz de Atón a fin de ocultarla, porque no tenía interés en provocar un escándalo. No quería herir los sentimientos de la gente, porque contrariamente al faraón, yo entendía que cada cual tenia el derecho de elegir su fé, y, además, no quería crearle complicaciones a Merit.

Nos detuvimos cerca de la muralla para escuchar a un narrador sentado sobre una alfombrilla, con un pote vacío delante de él, a la manera de los narradores, y la gente se había agrupado en torno a él; los pobres, sentados, porque no temían ensuciar sus vestiduras. Yo no había oido nunca aquel cuento, porque hablaba de un falso faraón que había vivido antaño y que Seth había engendrado en el seno de una bruja negra. Esta bruja había conseguido apoderarse del amor del faraón. Por la voluntad de Seth, este falso faraón se proponía arruinar el pueblo egipcio y hacer de él el esclavo de los negros y los bárbaros y había derribado las estatuas de Ra, y Ra había maldecido el país y la tierra no daba frutos, las inundaciones ahogaban a la gente, la langosta devoraba las cosechas, los estanques se convertían en charcas ensangrentadas y las ranas saltaban a las prensas de harina. Pero los días del faraón estaban contados, porque la fuerza de Ra es superior a la de Seth. Por esto el falso faraón perecía de una muerte miserable y la bruja que lo había parido perecía de una manera miserable también y Ra aniquilaba a todos los que habían renegado de él y distribuía sus casas y sus bienes a todos los que, pese a todas las pruebas, le habían permanecido fieles, creyendo en su regreso.

Este cuento es muy largo y muy cautivador y la gente mostraba su impaciencia por conocer el final, golpeando con el pie y levantando los brazos, y yo también estaba con la boca abierta. Pero cuando el cuento hubo terminado y el falso faraón hubo recibido su castigo siendo precipitado a un abismo infernal; cuando su nombre fue maldito y Ra hubo recompensado a sus fieles, los auditores saltaron de alegría y gritaron de júbilo, lanzando monedas de cobre en el recipiente. Sorprendido, le dije a Merit:

– En verdad es un cuento nuevo que no había oído nunca, pese a que creyese conocerlos todos por mi madre Kipa a quien gustaban y que protegía a los narradores, de manera que mi padre Senmut los amenazaba con su bastón cuando les daba de comer en la cocina. Es verdaderamente un cuento nuevo y peligroso, porque parece poder aplicarse al faraón Akhenatón y al falso dios cuyo nombre no debe ser pronunciado. Por eso debería prohibirse.

Merit sonrió y dijo:

– ¿Quien podría prohibir un cuento que se cuenta en los dos reinos, cerca de todas las murallas, incluso en los más pequeños poblados y que gusta tanto a la gente? Si los guardias intervienen, los narradores dicen que se trata de un cuento muy antiguo y lo pueden probar, porque los sacerdotes han descubierto esta leyenda en un documento que se remonta a varios siglos. Por esto los guardias son impotentes, pese a que se diga que Horemheb, que es un hombre cruel y se ríe de]as pruebas y los documentos, ha hecho colgar de las murallas a varios narradores y ha dado sus cuerpos a los cocodrilos. -Merit me cogía la mano y prosiguió, sonriendo-: Se citan en Tebas numerosas profecías y en cuanto dos personas se encuentran se comunican las profecías que han oído contar y los presagios funestos, porque, como sabes muy bien, el trigo no cesa de aumentar de precio, los pobres conocen el hambre y los impuestos abruman a los pobres y los ricos. Pero las predicciones dicen que veremos todavía cosas peores, y tiemblo al pensar en todas las desgracias que se predicen para Egipto.

Entonces retire mi mano de la suya y mi corazón se enojo con ella; la cola de cocodrilo había dejado de producir su efecto y la tontería y la obstinación de Merit aumentaban mi malestar. Así llegamos de nuevo a “ La Cola de Cocodrilo”, enfadados, y yo sabía que el faraón Akhenatón había tenido razón al decir: -En verdad Atón separará al hijo de su madre y al hombre de la hermana de su corazón, hasta que su reino se haya extendido sobre la Tierra.- Pero yo no tenía ningún deseo de separarme de Merit por culpa de Atón y por esto estuve de bastante mal humor hasta el momento en que, a la caída de la tarde, encontré a Kaptah.

3

No había nadie capaz de estar de mal humor viendo a Kaptah entrar majestuosamente en la taberna, hinchado e imponente como un lechón cebado y tan gordo que tenía que entrar de lado. Su rostro era redondo como la luna y brillaba de aceite perfumado y de sudor y llevaba una elegante peluca azul y cubría su ojo tuerto con una placa de oro. No llevaba ya el

traje sirio, sino que iba vestido a la egipcia con las mas finas telas de Tebas, y su cuello, sus muñecas y sus tobillos estaban cargados de brazaletes sonoros.

Al verme lanzó un grito de alegría y levantó los brazos en signo de sorpresa y se inclinó delante de mí, llevándose las manos a la altura de las rodillas, lo cual era penoso a causa de su barriga, y dijo:

– ¡Bendito sea el día que me devuelve a mi dueño!

Y después la emoción se apoderó de el y comenzó a llorar y postrándose de hinojos me abrazaba las rodillas lanzando gritos, de manera que por ellos reconocí a mi antiguo Kaptah, pese a su peluca y sus finas telas. Lo levante agarrándolo de los brazos y lo abracé y acaricié con mi nariz sus hombros y sus mejillas y era como si hubiese abrazado a un buey cebado y olido un pan caliente, tan fuertemente olía a trigo. Me husmeó también respetuosamente los hombros y después de secar sus lagrimas se echo a reír ruidosamente y dijo:

– Es para mi un día de gran júbilo y ofrezco gratuitamente una ronda a todos los que están sentados en este momento en mi taberna. Pero si alguien desea otra cola tendrá que pagarla.

Y con estas palabras me llevó a la sala del fondo haciéndome sentar sobre una mullida alfombra y permitió a Merit que se sentase a mi lado y ordenó que me sirviesen lo mejor que hubiera en la casa, y su vino podía compararse con el del faraón; la oca que me sirvió estaba guisada a la manera de Tebas y no puede haberla mejor, porque el animal se alimenta de pescado podrido que da a su carne un sabor exquisito. Cuando nos hubimos saciado, dijo: