Выбрать главу

Después de este discurso, Kaptah cruzo los brazos sobre el pecho y esperó mis felicitaciones. Pero sus palabras me habían hecho reflexionar y le pregunte:

– ¿Tenemos, pues, mucho trigo en los depósitos?

Kaptah asintió rápidamente esperando mis elogios, pero yo le dije:

– Pues bien, vas a ir inmediatamente a casa de los agricultores que cultivan las tierras malditas y les distribuirás este trigo para sus siembras, porque no tienen grano y su trigo está manchado como si hubiese llovido sangre. La crecida ha pasado, es el tiempo de la labranza y la siembra, de manera que debes darte prisa.

Kaptah me dirigió una mirada de piedad y movió la cabeza. Después me dijo:

– !0h dueño mío! No atormentes tu cabeza con pequeñeces parecidas, y deja que piense yo por ti. Trata de seguirme; al principio los tratantes en trigo han ganado mucho grano a los agricultores porque estos debían, en su pobreza, pagar dos medidas por una y si no podían pagar se hacía sacrificar su ganado y se quedaban las pieles. Pero ahora que el precio del trigo ha subido sin cesar, estos negocios ya no son interesantes, y el beneficio es modesto, de manera que nos será más ventajoso que esta Primavera queden muchas tierras yermas, porque esto hará subir todavía el precio del trigo. Por esto no debemos cometer la locura de prestar trigo a los agricultores, porque de esta manera perjudicaríamos nuestros intereses. Y si lo hiciera, provocaría la cólera de todos los demás graneros.

Pero yo le dije con tono enérgico:

– Ejecuta mis órdenes, Kaptah, porque el trigo es mío y no pienso en ganancias, sino en los hombres cuyas costillas les saben por la piel como a los esclavos de]as minas, y pienso en]as mujeres cuyos pechos cuelgan como pellejos varios, y pienso en los niños que rondan por la ribera con las piernas torcidas y los ojos enfermos. Por esto quiero que les distribuyas para la siembra todo el trigo que poseo. Quiero que lo hagas por Atón y por el faraón Akhenatón, porque lo quiero. Pero no les darás el trigo gratuitamente, porque he observado que los regalos engendran la pereza y el ocio y la mala voluntad. Han recibido gratuitamente las tierras y el ganado y no han sabido aprovecharlos. Recurre al palo si es necesario, pero vigila de modo que se hagan las siembras y las cosechas. Mas al recuperar nuestro crédito no quiero que tomes beneficio alguno, sino que les pedirás tan solo medida por medida.

Ante estas palabras Kaptah lanzó fuertes clamores y desgarró sus vestiduras, que estaban manchadas de vino, y dijo, aterrado:

– ?Medida por medida? Es insensato, porque, sobre que podré yo robar puesto que no te puedo robar el trigo, ya que me limito a retirar una parte de los beneficios? Estas palabras son insensatas e impías, porque voy a incurrir no sólo en la cólera de los tratantes en granos, sino en la de los sacerdotes de Amón, y me atrevo a pronunciar su nombre porque estamos en un local cerrado y nadie puede denunciarnos. Digo a gritos su nombre, ¡oh dueño mío!, porque vive todavía en potencia y es más de temer que nunca, y maldice nuestras casas y nuestros navíos y nuestros depósitos e incluso esta taberna que harías bien en inscribir a nombre de Merit, si ella consiente; y me alegro de que una parte de tus bienes esté inscrita a nombres extranjeros, porque así los sacerdotes no podrán maldecirlos. Pero ahora que te has quitado la peluca veo que empiezas a volverte calvo y si lo deseas podría procurarte un ungüento maravilloso que te haría volver a crecer el pelo mas largo que antes y rizado, y te lo regalaré sin inscribirlo en ningún libro, porque procede de nuestro almacén y tengo numerosos atestados que demuestran su eficacia maravillosa, pese a que un hombre ha declarado que este ungüento le ha hecho salir un cabello lanoso y rizado como el de un negro.

Kaptah charlaba de esta forma para ganar tiempo y llevarme a renunciar a mis intenciones, pero viendo que yo permanecía imperturbable comenzó a lanzar imprecaciones y a invocar una serie de dioses cuyos nombres había aprendido durante el curso de nuestros viajes. Y dijo:

– ¿Te ha mordido acaso un perro rabioso o un escorpión? En verdad creía que bromeabas. Tu decisión va arruinarnos, pero acaso nuestro escarabajo nos salve al final y, hablando francamente, no me gusta tampoco ver gente flaca, pero aparto la mirada y deberías hacer como yo, ¡oh dueño mío!, porque el hombre no sabe mas que lo que ve y para tranquilizar mi conciencia he distribuido ya trigo a los pobres, porque me beneficiaba con ello. Pero lo que más me desagrada en tus palabras es que me impones un viaje penoso, porque tendré que caminar sobre tierra resbaladiza en la que mis pies resbalaran quizá y me caeré a un canal y serás responsable de mi muerte, porque en verdad soy viejo y estoy fatigado, y mis miembros están anquilosados y me gusta mi lecho confortable y la cocina de Muti y sus asados, y me ahogo al andar.

Pero yo me mostré implacable y le dije:

– En verdad que mientes más que antes, Kaptah, porque estos últimos años te has rejuvenecido y tu mano no tiembla ya ni tus ojos se enrojecen si no es por la acción del vino. Por otra parte, te impongo como médico este viaje penoso, porque te quiero, porque estás demasiado gordo y esto fatiga tu corazón y te corta el aliento, y espero que adelgazarás para recobrar tu aspecto decente a fin de que no tenga que avergonzarme del aspecto de mi servidor. En verdad, Kaptah, recuerdo el placer que sentíamos al correr antaño por las rutas polvorientas de Babilonia y atravesar las montañas del Líbano y sobre todo al bajar de tu asno en Kadesh. En verdad te digo que si fuese más joven, es decir, si no tuviese misiones importantes que llevar a cabo aquí por cuenta del faraón, te acompañaría para regocijar mi espíritu, porque serán muchos los que bendecirán tu nombre después de este viaje.

Sin presentar más objeciones, Kaptah se sometió a mi decisión y bebimos vino hasta tarde en la noche y Merit nos hizo compañía y descubrió su pecho moreno a fin de que pudiese tocarlo con mi boca. Kaptah evocó los viejos recuerdos y las eras de Babilonia y, según decía, mi amor por Minea me había vuelto gordo y viejo durante aquel viaje. Porque no olvidaba a Minea; pero, sin embargo, aquella noche me divertí con Merit y mi corazón se calentó y mi soledad se fundió. Pero no la llamaba mi hermana; me divertía con ella porque era mi amiga y hacía por mí lo más amistoso que una mujer puede hacer por un hombre. Por esto hubiera estado dispuesto a romper una jarra con ella, pero ella no lo consintió, porque había nacido en una taberna y yo era demasiado rico y distinguido para ella. Pero creo que sobre todo deseaba conservar su libertad y mi afecto.

4

AL día siguiente tuve que ir al palacio dorado a ver a la reina madre, a quien todo Tebas llamaba ya la hechicera negra. Creo que a pesar de toda su cordura y habilidad era ella la responsable de este nombre, porque era pérfida y cruel, y el poder había aniquilado en ella todo lo que era bueno. Mientras me vestía de lino real en mi barca y me ponía mis insignias, vino mi cocinera Muti y me dijo

– Bendito sea el día que te devuelve a mí, ¡oh dueño mío!, pero, verdaderamente, es obrar como un hombre rondar toda la noche por las casas de placer y no venir a tomar una comida en casa, a pesar de que he penado preparándote platos muy sabrosos y he azotado a las esclavas para activar la limpieza, hasta el punto que tengo el brazo derecho cansado. Porque soy ya vieja y no creo en los hombres, y tu conducta de esta noche no me hará cambiar de opinión. Date prisa, pues, y ven a saborear la comida que te he preparado y tráete a tu concubina si no puedes prescindir de ella un solo día.

Hablaba así y, no obstante, yo sabía que estimaba mucho a Merit y la admiraba, pero estaba acostumbrado a su forma de hablar, de manera que sus palabras ofensivas eran dulces a mis oídos y me sentía de nuevo en mi casa. Por esto la seguí y envié un mensaje a Merit; y, mientras caminaba al lado de mi litera, Muti seguía refunfuñando.