Dijo que había actuado como una puta para Lucinda. Dijo que ella había sido una molestia para él durante toda su vida, y eso le dolió más que el comentario anterior. Sin importar lo que pasara, ella siempre podía aferrarse al recuerdo de aquellos años antes de la muerte de Jessie como los buenos tiempos, porque lo tenía a él como su amigo y como su héroe. La horrible noche en que Jessie fue asesinada, comprendió que él la compadecía y aquello casi acabó con ella, pero aún así los dulces recuerdos habían permanecido. Ahora ella se sentía mortificada pensando que se había estado engañando desde el principio. La bondad no era lo mismo que el cariño.
Él le había dejado en claro que no debería esperar que se repitiera el acostarse juntos cuando regresara a Davencourt. Había sido un polvo de una noche, puro y simple. No había ninguna relación en curso entre ellos, salvo la de primos lejanos.
Pero después la había besado, y le había dicho que ella no entendía nada. Estaba indudablemente excitado; después de la noche que acababa de pasar con él, estaba muy familiarizada con sus erecciones. Si no la deseaba, ¿por qué estaba tan excitado?
Algo era seguro: seguía enfadado.
Se acurrucó aún más en su sillón mirando los relámpagos y pensando en Webb, y en algún momento cercano al alba finalmente pudo dar una cabezada.
Gloria formó a toda su familia a la mesa de desayuno al mismo tiempo, un raro acontecimiento, pero evidentemente pensó que necesitaba refuerzos. Después de una noche agitada en la que el sueño había sido tan evasivo como siempre, Roanna había ido a la habitación de Lucinda y le había dado las buenas noticias. Animada por esto, había más energía en los movimientos de Lucinda esa mañana y más color en su cara, que en mucho tiempo. Arqueó las cejas sorprendida ante la muchedumbre asentada en la mesa, luego sonrió abiertamente y lanzó a Roanna un guiño de “sé-lo-que-traman”.
El desayuno se servia como buffet, un sistema eficiente puesto que el que dos de ellos lo hicieran al mismo tiempo era pura coincidencia. Roanna llenó los platos para Lucinda y para ella y ocuparon su lugar en la mesa.
Gloria esperó hasta que ambas tuvieran comida en la boca antes de lanzar la primera andanada. -Lucinda, hemos hablado todos de ello, y desearíamos que reconsideraras esta irreflexiva idea de poner a Webb al frente de los negocios otra vez. Roanna ha estado haciendo un trabajo eficiente, y realmente no lo necesitamos.
– ¿Hemos?- preguntó Lucinda, haciendo bajar la vista a su hermana. -Gloria, te estoy agradecida por tu compañía y he disfrutado de ella durante estos diez años, pero me parece que tengo que recordarte que esto son los negocios de los Davenport, y Roanna y yo somos las únicas Davenport aquí. Hemos hablado de ello y estamos de acuerdo en que queremos que Webb retome su legítimo lugar en el familia.
– Webb no es un Davenport,- indicó Gloria, aferrándose a ese detalle.-Él es un Tallant, uno de nuestra familia. Davencourt y el dinero de los Davenport debería ser de Roanna. Por lo tanto, lo único correcto es que sea para ella.
Lo que sea para sacar a Webb de la ecuación, pensó Roanna. Gloria preferiría que fuera su familia directa quien recibiera la herencia, pero Roanna era evidentemente la segunda mejor opción. Gloria contaría con poder manipular y dominar a Roanna, pero Webb era una historia diferente. Ese era el quid de la cuestión, comprendió, y no ese exagerado temor de que Webb fuera un asesino. Todo esto era por dinero, y comodidad.
– Como dije,- repitió Lucinda, -Roanna y yo estamos de acuerdo en esto.
– Roanna nunca ha sido lógica en lo que se refiere a Webb.- dijo Harlan poniéndose del lado de su esposa. -Todos sabemos que no puedes confiar en su juicio en esto.
Corliss se inclinó hacia delante, sus ojos brillaron cuando se olió el problema. -Claro, así es. ¿No recuerdo algo sobre que Jessie los pilló enrollándose en la cocina?
Brock levantó la vista de su desayuno y miró con el ceño fruncido a su hermana. A Roanna era el que más le gustaba de todos los familiares de Gloria. Brock era generalmente bondadoso y era un buen trabajador. No tenía la intención de quedarse en Davencourt para siempre pero aprovechaba la oportunidad de ahorrar tanto dinero como podía para poder construirse su propia casa. Él y su novia de toda la vida planeaban casarse ese mismo año. Tenia más personalidad que su padre, Greg, quién dejaba que Lanette dirigiera la familia.
– Creo que todo esto se está sacando de quicio,- dijo Brock.
– ¿Qué te hace pensar eso?- le preguntó Lanette, inclinándose para ver a su hijo. Corliss sonrió con la satisfacción al haber removido las aguas.
– Porque Webb no era un estafador, y me alegro de que vuelva.
Gloria y Lanette fulminaron con la mirada a este traidor de su equipo. Brock las ignoró y volvió a su comida. Roanna se concentró en su propio desayuno e hizo todo lo posible por ignorar la conversación. Nada le gustaría más a Corliss que provocar en ella una respuesta o verla visiblemente trastornada. Corliss careció de la habilidad de Jessie para hacer comentarios hirientes, o quizás era que Roanna había cambiado, pero encontraba a Corliss simplemente molesta.
La batalla verbal continuó durante todo el desayuno, con Gloria, Harlan y Lanette turnándose para machacar con lo que obviamente pensaban eran buenos argumentos en contra de la vuelta de Webb. Greg parecía no estar interesado y dejaba las protestas a Lanette. Brock terminó de desayunar y se despidió para ir a trabajar.
Roanna se concentró en comer, sin decir casi nada, y Lucinda era tan inamovible como una montaña. Tener a Webb a casa era más importante para ella que cualquier cosa que su hermana pudiera decir, así que a Roanna no le preocupaba que Lucinda pudiera cambiar de opinión.
Lucinda se había iluminado como un árbol de Navidad esa misma mañana, cuando Roanna le había dado las buenas nuevas. La había acribillado a preguntas sobre él, qué aspecto tenía, si había cambiado, lo que había dicho.
No pareció alterarse cuando Roanna le dijo que él todavía estaba resentido.
– Bueno, por supuesto,- había dicho Lucinda, tranquila. -Webb nunca ha sido el perro faldero de nadie. Supongo que tendrá mucho que decirme cuando llegue aquí, y aunque me resulte un trago difícil, supongo que tendré que escucharlo. Estoy realmente sorprendida de que aceptara tan fácilmente, sin embargo. Yo sabía que tú eras la única a quien escucharía.
No la había escuchado demasiado hasta que había hecho un trato con ella, y cuando ella lo había cumplido, él se había sentido obligado a hacer lo mismo. En realidad, se preguntó si lo que él esperaba era que ella se negara en rotundo, si le había ofrecido el trato pensando que no tendría necesidad de cumplir su parte.
– Dime que aspecto tenía,- dijo Lucinda otra vez, y Roanna lo describió lo mejor que pudo. ¿Cómo podía ser exacta, cuando lo miraba a través de unos ojos enamorados? ¿Lo encontrarían los demás menos dominante, menos poderoso? No lo creía.
Ciertamente Gloria no se sentía optimista sobre su vuelta. Era hipócrita por su parte, pensó Roanna, porque antes de la muerte de Jessie, Gloria siempre le había hecho la pelota excesivamente a Webb, declarando que era su sobrino favorito. Pero después cometió el error de darle la espalda en vez de defenderlo, y ella sabía que él no lo había olvidado.
¿Dónde dormirá? – inquirió Corliss, interrumpiendo a su abuela para dejar caer otra bomba en una conversación ya volátil. -No pienso dejar la suite, aunque antes fuera él quien la usara.
Esto tuvo el efecto opuesto de lo que ella había esperado. El silencio cayó sobre la mesa. Después de la muerte de Jessie, Lucinda se había animado finalmente a redecorar por completo la suite, del suelo al techo. Cuando Lanette y su familia se trasladaron, Corliss había reclamado inmediatamente la suite como propiedad, comentando, como al descuido, que no le molestaba en absoluto dormir allí. Era típico de su insensibilidad que creyera siquiera que Webb iba a reclamar su antiguo dormitorio.