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– Ya sabrás qué hacer.

A ella le habría gustado tener tanta confianza como él. Afortunadamente, Suzanne y su marido llegaron con Abby enseguida.

– ¡Jake!

La exclamación de felicidad de la chica le llegó nítidamente a Taryn, que se había quedado en la sala. Siguieron unos saludos y oyó a Jake:

– Pasad a saludar a Taryn.

– ¿Taryn…? -preguntó Abby.

Evidentemente, su madrastra no le había dicho que Jake tenía compañía. Cualquier idea que Taryn hubiera podido tener sobre Abby como una niña, se desvaneció en cuanto la tuvo delante. Abby, con unos vaqueros ceñidos y un top con un escote más que generoso, entró la primera. Taryn sonrió, pero Abby no. Jake hizo las presentaciones y Suzanne intentó compensar la gélidez de su hijastra con un saludo muy afectuoso. Stuart también la saludó con jovialidad.

– Tenemos que darnos prisa -se excusó Stuart cuando Taryn le ofreció una taza de café-. Hemos tardado más de lo que teníamos previsto.

– Te llevaré la maleta a tu cuarto -le dijo Jake a Abby cuando se hubieron ido sus padres.

– ¿Es el mismo que la última vez?

– Ahora lo ocupa Taryn -contestó él.

– ¿Taryn está viviendo aquí? -preguntó Abby mientras miraba a Taryn con seriedad.

– Sabía que no te importaría -contestó él con sorna y la enorme maleta en la mano.

– ¿Para qué necesita un dormitorio propio?

– Uno de nosotros ronca -contestó Jake en tono de broma.

Abby siguió a Jake escaleras arriba. Bajó con él, charlando animadamente, pero se calló en cuanto llegaron junto a Taryn. Ésta pensó que le esperaba una semana espantosa. Jake dijo que tenía que irse y ella quiso salir detrás.

– ¿De acuerdo, Taryn? -le preguntó él mientras se acercaba a ella.

– Muy bien -Taryn esbozó una sonrisa forzada.

– Intentaré volver lo antes posible -le susurró él como si fingiera una despedida cariñosa-. Pórtate bien.

Jake sonrió y ella estuvo a punto de derretirse cuando le pasó un brazo por los hombros y posó los labios en los de ella.

– ¡Caray! ¡Te ha dado fuerte! -exclamó Abby cuando Jake se hubo ido y Taryn se quedó paralizada.

– ¿Qué puedo decirte? -Taryn sonrió como si tuviera lástima de sí misma-. ¿Qué quieres hacer hoy? -le preguntó con tono desenfadado.

– Voy a deshacer la maleta.

Afortunadamente, Abby seguía en su cuarto cuando llegó la señora Vincent y Taryn pudo presentarse sin que la perspicaz Abby hiciera preguntas.

– ¿Ha llegado Abby?

– Sí, esta deshaciendo la maleta -contestó Taryn.

– ¿Quieren comer algo en especial? Podría hacer el pastel de carne que le gusta tanto al señor Nash.

– ¿Sería mucha molestia?

Taryn no sabía cuál era su papel. La señora Vincent parecía considerarla la señora de la casa y ella creía que sólo estaba allí para alejar a Abby de Jake. Cuando Abby bajó por fin, se había cambiado el top por otro menos descocado y fue hacia la puerta.

– Ven a saludar a la señora Vincent -le pidió Taryn con amabilidad.

– Claro -replicó ella despreocupadamente.

Taryn tuvo que reconocer que estaba muy bien educada cuando estuvo un buen rato charlando con la señora Vincent antes de decir que iba a salir.

– ¿Vas a algún sitio concreto? -preguntó Taryn en el vestíbulo.

– Había pensado darme una vuelta para ver tiendas -contestó Abby-. ¿Te apetece venir?

La verdad era que no le apetecía, pero tampoco quería que fuera sola por Londres.

– Me encantaría. Espera un segundo que vaya por el bolso.

Abby era una especie de profesional de las compras. Conocía casi todas las tiendas, elegía prendas, se las probaba y las desechaba infatigablemente. Hicieron una breve pausa para comer algo, porque Taryn se empeñó, y siguieron de compras. Aun así, cuando volvieron a la casa de Jake, Taryn no podía decir que Abby hubiera estado más simpática con ella. Taryn, no obstante, la disculpaba. Abby estaba muy prendada de Jake y ella estaba pasando por lo mismo.

Jake volvió pronto. Entró a las seis y media y fue directamente hacia Taryn.

– ¿Qué tal mi chica?

La besó y a ella le encantó, aunque le había alterado todas las entrañas.

– ¿No hay un beso para mí? -se quejó Abby.

– Claro -Jake esquivó los labios que le ofrecía ella y le dio un beso en la mejilla-. ¿Qué habéis hecho hoy?

Charlaron un rato y después comieron el pastel de carne de la señora Vincent mientras Abby le contaba que habían ido de compras.

– ¿Qué habéis comprado? -preguntó él para mantener la conversación.

– Bueno, no hemos comprado nada, aparte de algunas chucherías, pero me lo he pasado muy bien probándome ropa. Bueno, fue divertido hasta que Taryn se empeñó en parar un rato para comer.

Jake sonrió y en ese momento Abby salió de la habitación para contestar una llamada de su padre.

– He sido un descuidado -se lamentó él.

– Estoy segura, pero ¿por qué?

– Tendría que haberte dado dinero para…

– ¡Ni hablar! -lo interrumpió rotundamente Taryn.

– No voy a dejar que pagues las comidas de Abby.

– Estás avergonzándome.

– ¿Otra vez?

Él se refería, evidentemente, a haberlo visto casi desnudo esa mañana.

– ¡Cierra el pico! -exclamó ella.

A él le hizo gracia y empezó a reírse. Ella también se rió.

– ¿Cuál es el chiste? -preguntó Abby desde la puerta.

– Taryn me hace mucha gracia -contestó Jake-. ¿Qué tal tu padre?

– Parece que ya está más tranquilo.

Taryn captó que Abby, aunque le gustara parecer una joven de mente perversa, se preocupaba más por su padre de lo que quería traslucir.

Jake le preguntó a Abby por sus planes para el futuro.

– ¿Te refieres a trabajar?

– No es una palabra obscena -bromeó Jake.

– Papá quiere que vaya a la universidad para hacer algo de Ciencias.

– Podrías hacerlo, has tenido muy buenas notas.

– ¿Quién te lo ha dicho?

La pregunta era innecesaria, porque tanto su padre como Suzanne estaban muy orgullosos.

– El padre de Taryn es científico -le explicó Jake a Abby.

Taryn habría preferido mantenerse al margen de la conversación, pero también sintió un repentino orgullo porque Jake le hubiera pedido que lo ayudara con Abby.

– ¿De verdad? -Abby lo preguntó con interés sincero.

– Sí. Está jubilado, pero sigue teniendo un taller y a veces empieza algún proyecto.

– Taryn, ¿tú no trabajas?

Abby intentó parecer amable, pero Taryn se dio cuenta, como Jake, de que si él esperaba que las mujeres trabajaran, su novia debía ser la primera.

– Tengo una tía que dirige una empresa de trabajo temporal.

– ¿Haces trabajos temporales?

– Taryn, por hacerme un favor, se ha tomado libre una semana para poder acompañarte -intervino Jake.

Abby no pareció muy emocionada. Taryn estaba deseando acostarse, pero también pensó que Jake preferiría que se quedara hasta que Abby diera por finalizado el día. Sin embargo, fue Jake quien tomó la iniciativa.

– Si me disculpáis, tengo que hacer un par de cosas en el despacho.

Abby, que, evidentemente, prefería la compañía masculina, decidió subir a darse un baño y acostarse.

– Yo también subiré -comentó Taryn.

Abby la premió con la primera sonrisa, quizá por qué se sintió mejor al saber que no era la única que se privaba de la compañía de Jake.

Una hora más tarde, mientras Taryn miraba al techo con un libro en la mano, la puerta se abrió y Jake entró en el dormitorio. A ella se le disparó el corazón, pero se dio cuenta de que estaba destapada y de que su camiseta de algodón era casi transparente. Dejó el libro y se subió las sábanas hasta la barbilla.

– ¿Te has olvidado de decirme algo?

– No me quedaré mucho tiempo -Jake se sentó en el borde de la cama-. Abby está rondando y me ha parecido que lo mejor era que todo pareciera real.