– ¿Quieres que ella piense que estamos… retozando…?
– Está saliendo mejor de lo que me esperaba, pero Abby se fija en todo.
– La cosa está siendo mucho más… íntima de lo que me…
– ¿No irás a echarte atrás? -preguntó él bruscamente.
– ¡Estás aterrado! -exclamó ella entre risas.
– Por mi hermana -sonrió con expresión de culpa-. Yo se lo aclararía todo a Abby, pero no quiero arriesgarme a que se enfade y se largue a algún sitio.
– La vida es dura… -susurró ella con una mueca.
Entonces, se dio cuenta de la mirada de arrobo de Jake y se quedó sin aliento.
– Eres increíblemente guapa.
A ella el corazón volvió a latirle a mil por hora.
– Yo… ¿No llevas ya mucho tiempo aquí?
– Taryn… No quería ponerme descarado -se disculpó él.
– Lo sé, pero…
– No estás cómoda conmigo aquí.
Taryn, en ese mundo patas arriba en el que se encontraba, se dio cuenta de que no quería que se fuera. Aunque, para su propia sorpresa, lo despidió.
– Buenas noches, Jake.
Él la miró un instante. Pareció como si fuera a inclinarse para besarla, pero se contuvo.
– Buenas noches -se despidió mientras se levantaba y se iba.
A la noche siguiente, Jake las sacó a cenar y Taryn estuvo a punto de desmayarse por la atención que él le prestó. Ojalá hubiera sido una atención sincera y no para fingir.
– Tengo que ir una hora o dos al despacho -les comunicó él cuando volvieron a casa.
– Buenas noches -se despidió Abby antes de subir las escaleras.
Taryn fue a seguirla, pero Jake la agarró del brazo.
– Buenas noches, querida.
Taryn se quedó mirándolo como embobada. Él la abrazó y la besó. No fue un beso fugaz, sino un beso con todas las de la ley. Taryn supo vagamente que sólo la besaba porque Abby estaba esperándola al pie de las escaleras.
– Buenas… noches -masculló Taryn cuando se separaron.
Sin embargo, la cosa no terminó ahí. Jake volvió a inclinar la cabeza y, cuando la besó, los brazos de Taryn, como si tuvieran vida propia, rodearon el cuello de él. Notó que Jake la abrazaba con más fuerza y se olvidó por completo de la existencia de Abby.
Taryn no supo cuál de los dos se apartó primero. Sólo supo que lo amaba y que estaba entre sus brazos, donde quería estar. Abrió la boca con la intención de decir algo que disimulara lo que sentía, pero se acordó de Abby.
Entonces se dio cuenta de que Jake seguía sujetándole la cintura con las manos y retrocedió un paso.
– Tendrás que irte… a trabajar -comentó ella desenfadadamente mientras se alejaba.
Taryn se fue a su habitación. Tenía que acabar con aquello, porque Jake la había besado únicamente para fingir ante Abby y no significaba nada para él.
Por la mañana, cuando salió de la ducha, se encontró con una nota que él había metido por debajo de la puerta:
Tengo que estar temprano. A lo mejor llego tarde. Que te diviertas.
J.
La emocionó que le hubiera escrito una nota, pero también se preguntó por qué la habría escrito. Podría haber entrado en el cuarto y decírselo personalmente. Eso era lo que habría hecho antes del beso. Lo encontró preocupante. ¿Le habría mostrado ella sus sentimientos?
– ¿Qué vamos a hacer hoy? -preguntó Abby cuando se enteró de que Jake se había ido y volvería tarde.
– Lo que quieras -Taryn se alegró de notarla un poco más afable.
– Podría ir a echar otra ojeada a ese vestido azul que me probé ayer. También podríamos comer fuera ya que cenaremos tarde.
A Taryn le gustaba salir y no hacer nada, pero también echaba de menos el trabajo.
– ¿Adónde sueles ir a comer? -preguntó Abby cuando ya estaba delante del perchero con el vestido azul.
No podía decir que solía tomar algo en la cafetería de Nash Corporation y se acordó de que estaban cerca de un restaurante al que había ido cuando trabajaba con Brian.
– Conozco un sitio por aquí -contestó ella.
El New Recruit seguía como siempre y la halagó que el camarero se acordara de ella. Comieron muy bien, pero cuando ya estaban en la puerta, se toparon con alguien.
– ¡Taryn! -exclamó el hombre.
– ¡Brian! -Taryn lo miró boquiabierta.
No había vuelto a verlo desde que se marchó de su oficina. Él no iba nunca a ese sitio.
– ¿Qué tal estás? -preguntó ella.
– ¡Echándote de menos! -contestó él sin pensárselo dos veces.
– ¿Qué… tal está Angie?
– Estamos divorciándonos.
Taryn se quedó tan impresionada que se olvidó de presentarle a Abby y lo miró desconcertada.
– ¿Qué haces ahora? -preguntó él.
– Yo… -Taryn se acordó de Abby-. Hago algunos trabajos temporales.
– Vuelve a trabajar conmigo. Ya sé que hice una estupidez y no sabes cuánto me arrepiento, Taryn. Créeme.
– Claro que te creo -la cosa estaba poniéndose peliaguda y Abby la miraba con curiosidad-. Ya… te llamaré. Vaya, estamos cortando el paso -comentó ella cuando una pareja intentó entrar-. Adiós, Brian.
– Llámame pronto.
– ¿Quién era? -preguntó Abby una vez en la calle.
– Bueno… trabajé con él un tiempo -contestó Taryn sin darle importancia.
Volvieron a casa de Jake y Abby fue a su cuarto para colgar su adquisición.
Jake apareció después de las ocho. Miró inmediatamente a Taryn. Ella pensó que estaba cansado, pero, por seguirle el juego, se acercó a él y lo besó levemente en los labios. Entonces, él la abrazó.
– Haces que un hombre se alegre de volver a casa -susurró Jake.
– ¿Has cenado algo? -preguntó ella entre risas.
– Sí, pero me tomaría un café.
– ¡Yo también! -intervino Abby cansada de que la dejaran al margen.
– ¿Lo has pasado bien? -le preguntó Jake.
– Me he comprado un vestido.
Jake fue al despacho para dejar el maletín y Taryn fue a hacer café. Se alegró de volver a verlo. Lo había echado de menos. Aparte de recordar vagamente que tenía que llamar a Brian y explicarle que ya tenía trabajo, casi se había olvidado dé su encuentro.
Ella se había olvidado, pero ya estaban todos en la sala tomando café cuando comprobó que Abby no se había olvidado.
– ¿Qué hizo Brian para estar tan arrepentido? -le preguntó a Taryn.
– ¿Brian? -repitió Jake-. ¿Brian Mellor?
– Nos dimos de bruces con él -explicó Taryn sin alterarse.
– Quiere que Taryn vuelva a trabajar con él -se entrometió Abby.
– ¿De verdad? -Jake tenía los ojos clavados en Taryn.
– Está divorciándose -insistió Abby.
– ¿De verdad? -volvió a preguntar Jake con tono cortante.
– Eso ha dicho -contestó Taryn.
– ¡Vaya! -gruñó él antes de cambiar de tema para demostrar lo poco que le importaba-, Abby, ¿has hablado hoy con tu padre?
– Llamó hace un rato. Es un viejo maniático. Podría haberme quedado en casa…
– ¿Y privarnos a Taryn y a mí de tu compañía? -preguntó él con un tono encantador.
– Se pusieron furiosos la última vez que se marcharon -contestó ella con una mirada de arrobo hacia Jake-. Y todo porque hice una fiestecita.
– Sólo salieron una noche y, según me han contado, y no fue Suzanne, no fue una fiestecita…
– Bueno -Abby sonrió-, reconozco que se me fue de las manos, pero tampoco fue como para que el vecino chismoso llamara a la policía. ¿Qué vamos a hacer mañana, Jake?
Jake miró a Abby y luego a Taryn.
– Desgraciadamente, tengo que irme a Italia.
– ¿Puedo ir? -preguntó Abby.
– Tengo trabajo.