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– ¡Pero si es sábado!

– Lo sé -replicó él con una sonrisa-. Me fastidia mucho, pero tengo que hacerlo.

– Me parece muy injusto -se quejó Abby.

– A mí también. Volveré por la noche y el domingo lo pasaremos muy bien.

Abby fue a acostarse y Taryn hizo lo mismo, pero no se sorprendió cuando al cabo de un rato la puerta de su cuarto se abrió y Jake entró.

– No te he preguntado por Kate -comentó ella como si esa visita fuera algo normal-. ¿Qué tal está?

– Nunca la había visto mejor. Está resplandeciente.

– Espero que todo vaya bien en la oficina sin mí.

– No estarás pensando en aceptar la oferta de Mellor, ¿verdad? -preguntó él con impaciencia.

– ¿Qué…?

– ¡Quiere que vuelvas a trabajar con él! -esa vez el tono fue de rabia.

– ¡Claro que quiere! -Taryn empezó a sentirse molesta-. Era muy buena.

Él la miró con frialdad.

– ¿Vas a volver con él?

A Taryn se le aceleró el pulso.

– ¿Quieres decir que te gustaría deshacerte de mí? -preguntó intentando disimular el pánico que sentía.

– ¿Qué pregunta es ésa?

– ¡Has venido aquí con ganas de pelea! Yo sólo…

– Si quisiera deshacerme de ti, te lo diría claramente, no esperaría que te pusieras furiosa para facilitarme las cosas.

– Efectivamente -era algo que había aprendido después de trabajar con él-. Entonces, ¿Qué he hecho para molestarte?

Jake pareció tranquilizarse de golpe, incluso esbozó algo parecido a una sonrisa mientras se acercaba a ella.

– No has sido tú, es que me sienta mal que intenten quitarme a una empleada tan valiosa.

– ¿Valiosa? -Taryn estaba casi sin aliento-. No me lo habías dicho.

– No creí que hiciera falta.

Ella se sintió rebosante de orgullo y quizá fuera por lo íntimo de la situación o porque Jake la había besado varias veces, pero tuvo la necesidad de hacer algo que nunca habría hecho en una oficina. Se acercó un paso más y lo besó.

– Lo siento… No debería haberlo hecho -dijo precipitadamente mientras retrocedía.

– Son las disculpas más maravillosas que me han pedido desde hace mucho tiempo.

– Entonces, buenas noches -se despidió ella bruscamente.

Jake le agarró una de las manos y se la llevó a los labios.

– Eres muy especial -lo dijo con un tono que la derritió-. ¿Lo sabías?

Ella se moría de ganas de volver a dar un paso hacia él e hizo un esfuerzo sobrehumano para alejarse un paso más.

– Supongo que tendrás que levantarte temprano para tomar el avión.

– Captada la indirecta… Buenas noches -se despidió él con una sonrisa.

Taryn también se quedó sonriendo un buen rato. Era una empleada valiosa, pero lo mejor de todo era que la consideraba muy especial.

Capítulo 7

Jake se fue muy temprano a la mañana siguiente. Taryn oyó la puerta y habría dado cualquier cosa por acompañarlo.

– ¿Vamos de compras? -le preguntó a Abby cuando apareció.

– ¡Estoy cansada de ir de compras! -contestó ella con una sonrisa muy sincera-. ¿Tu padre vive lejos de aquí?

– No muy lejos -contestó Taryn con cautela.

– ¿Podríamos ir a verlo?

– ¿Quieres visitar a mi padre? -Taryn no entendía nada.

– Es científico… Mmm… me interesan esas cosas. ¿Crees que le importaría que fuéramos a echar una ojeada a su último proyecto?

Taryn confió en que su padre estuviera absorto con otras cosas y no se acordara de que ella trabajaba para Jake Nash.

– Estoy segura de que le encantará enseñártelo.

Un par de horas más tarde, Taryn dejó a Abby con su padre para que fueran a visitar el taller y fue a saludar a su madrastra, pero resultó que estaba fuera en algún acto de beneficencia.

Estaba tomando café con la señora Ferris cuando llamaron a la puerta.

– Yo abriré -se ofreció Taryn.

Abrió la puerta y se encontró con su primo.

– ¡Matt! -exclamó de alegría.

– ¡Taryn! Esperaba encontrarte aquí. ¿Vas a hacer algo esta noche?

– Lo siento, Matt, pero estoy ocupada.

– ¿Tienes una oferta mejor?

– Bueno… estoy… con Jake y su sobrina.

– ¿Y Jake?

– En Italia.

– ¿Es el Jake que me presentaste cuando fuimos a la cena de mi empresa?

– Eh… sí -no quería decir demasiado.

Si embargo, Matt la miró como si ya lo hubiera hecho.

– Taryn… ¿es el definitivo, por fin?

Quiso negarlo, pero él la conocía perfectamente.

– Me temo que sólo por mi parte.

– Taryn -Matt sabía muy bien lo que era el amor no correspondido-. ¡Cuéntamelo!

– He hecho café. ¿Tienes un rato?

– Mejor aún. Como no puedes salir a cenar, ¿puedo invitarte a comer?

Abby estaba apasionada con todo lo que le contaba Horace Webster cuando Taryn y Matt, con la bandeja de café, fueron a su encuentro. Taryn hizo las presentaciones y a Abby le encantó la idea de que Matt fuera a llevarlas a comer.

Matt era una buena compañía. Fue una comida muy agradable y Taryn comprobó que Abby se quedó bastante impresionada por Matt. ¿Se le habría pasado el capricho con Jake?

Sin embargo, esa tarde, cuando Taryn empezaba a sentir un hormigueo porque Jake podía aparecer en cualquier momento, Abby le dio otros motivos de preocupación:

– Acabo de vomitar la comida -le comentó la joven sombríamente.

Lo primero que pensó Taryn fue que algo le habría sentado mal, pero cayó en la cuenta de que las dos habían pedido lo mismo. Abby le confesó que se había levantado un poco indispuesta, pero que, como decía Suzanne, había puesto buena cara al mal tiempo con la certeza de que se le habría pasado a la hora de comer.

– Creí que me sentía mejor, pero ahora me encuentro fatal. Me siento llorica. No me dejes llorar delante de Jake cuando vuelva.

– A él no le importará -intentó tranquilizarla Taryn.

– ¡Pero a mí sí! -exclamó Abby con una sonrisa desvaída-. Se me congestionan los ojos y me hincho cuando lloro. Estoy espantosa.

– ¿No quieres acostarte? Si luego te apetece comer algo, puedo…

– ¡No! Por favor, no hables de comida.

Abby estaba algo mejor cuando Jake llegó, aunque seguía pálida.

– ¡Hola! -las saludó antes de darse cuenta de la palidez de Abby-. ¿Qué te ha pasado?

– He vomitado, pero ya estoy mejor.

– ¿Por qué?

– No lo sé, pero no le des más vueltas, por favor. Ya estoy bien, de verdad.

– ¿Quieres café? -Taryn se levantó dispuesta a hacer algo por él.

– Sí, gracias -aceptó él.

Unos minutos después, Jake apareció en la cocina.

– ¿Tienes hambre? -preguntó ella.

– ¿Sabías que tienes los ojos azules casi violeta más bonitos que había visto?

Se inclinó y la besó levemente en los labios. Ella se estremeció, pero se apartó.

– Perdona -él también se apartó-. De repente, me da la sensación de que Abby puede aparecer en cualquier momento -puso él como excusa-. Parece un poco pachucha.

– Me ocuparé de ella, pero creo que no le pasa nada. Aunque ni se te ocurra hablar de comida en su presencia.

– Entiendo. ¿Qué comisteis?

– Fue una comilona -confesó Taryn antes de contarle que su primo las había invitado.

– ¿A tu padre le importó que se presentara Abby?

– Le encantó. Creo que estaba emocionado de que alguien joven se interesara por lo que hace. Es más, Abby es tan brillante que sería una pena que no estudiara.

– Podrías decírselo. Su padre lleva tiempo intentando convencerla y cree que haría más caso a alguien que no fuera él.

– Se lo diré en cuanto pueda.

En ese momento, Taryn se dio cuenta de que no había apartado los ojos de Jake y de que era un placer estar con él.

Esa noche, Taryn se acostó con la intención de poner freno a su imaginación.