– Pareces… molesto -balbució ella sin saber qué decir.
Él la miró con auténtica furia.
– ¡Tendrás descaro!
– ¿Qué he hecho? -preguntó ella mientras parpadeaba, confusa.
– Acompáñame y te lo explicaré -gruñó él.
Llegaron a la planta baja, se abrieron las puertas del ascensor, él la agarró del brazo y la condujo hacia las puertas del edificio. Llegaron al coche de él antes de que Taryn se diera cuenta de lo que ocurría.
– ¿Qué…? -intentó preguntar ella.
– ¡Calla! -bramó él-. ¡Móntate!
Ella se resistió; su corazón estaba desbocado por estar cerca de él y verlo de nuevo, pero…
– Adentro -ordenó él con tono de no estar dispuesto a discutir.
A ella le flaquearon las rodillas. Jake quería aclararle algo por todos los medios. Se montó en el coche.
Capítulo 9
– ¿Qué he hecho? -preguntó Taryn sin saber qué ocurría-. ¿Adónde vamos?
Él se limitó al mirar al frente y a conducir. Ella pensó en insistir, pero empezó a reconocer el camino. A los diez minutos, habían aparcado en la plaza que tenía reservada en el aparcamiento de Nash Corporation. Jake se bajó, rodeó el coche y le abrió la puerta. Ella se quedó sentada y lo miró con frialdad. Él la miró sombríamente.
– No estoy de humor para tonterías. Tienes treinta segundos para bajarte.
Taryn no se movió, pero una parte de ella, la que lo amaba incondicionalmente, quiso saber por qué estaba tan enojado.
– Al parecer, quieres que te acompañe a algún sitio… -comentó ella con indiferencia.
– Por las buenas o por las malas -confirmó él.
Taryn sacó elegantemente las piernas y se bajó. Entraron en el edificio. A ella no le sorprendió cuando él apretó el botón del último piso en el ascensor. Estaba deseando saber qué pasaba, pero no quería que le echara un rapapolvo delante de Kate.
– Yo… -empezó a decir Taryn.
Jake la agarró del codo, pasó de largo el despacho que ella había compartido con Kate y la metió en el suyo. Taryn ya empezaba a estar harta de ese trato.
– Siéntate -le ordenó él señalando el sofá.
– ¿Va a durar mucho esto? -preguntó ella con tono desafiante.
– Éste es tu sitio -contestó él con rabia.
– ¿Éste…? -preguntó ella con los ojos como platos-. ¿Por qué estás tan enfadado?
– ¡Enfadarías al santo Job!
– Bueno, nadie te tomaría por el santo Job.
– Mide tus palabras.
Ella lo amaba con toda su alma, pero no estaba dispuesta a que la hablara así.
– ¡Caray! -se burló ella-. ¿Qué he hecho que sea tan terrible?
– ¿Tienes la desfachatez de preguntarlo?
– Yo…
– Tienes la osadía de volver a trabajar con Mellor cuando…
– ¿Se trata de eso? ¿Estás enfadado porque…?
– ¡Trabajas para mí, no para él! -explotó Jake-. Trabajas aquí, no allí.
– ¡Pero tú me despediste! -replicó ella airadamente.
– Yo no he hecho tal cosa -afirmó él-. ¿Cuándo te despedí?
– Lo sabes muy bien -contestó ella, que no quería recordarle que fue a la mañana siguiente de estar en sus brazos.
– No lo sé. ¿Qué dije para que sacaras esa conclusión tan equivocada?
– ¿Equivocada? ¿Qué podía pensar cuando me dijiste que no me necesitabas tanto como habías pensado?
– ¿Creíste…? -Jake parecía mucho menos enfadado-. Estaba molesto contigo, pero…
– ¡Estuviste insoportable conmigo!
– Estaba un poco… alterado… -reconoció de mala gana.
– Eso es decir poco.
– ¿Cómo querías que estuviera? Para que te enteres, yo también tengo mi orgullo.
– ¿Qué tiene que ver el orgullo?
– Tuviste la desfachatez de decirme que a la luz del día te parecía ofensivo que la noche anterior quisiera hacer al amor contigo.
– Yo… -se puso colorada como un tomate-. No quería decir… ¡Maldita sea! ¿Te importa? -preguntó ella señalando el sofá.
– Adelante.
Él se sentó en la butaca, enfrente de ella, con un gesto serio, inclinado hacia delante y mirándola fijamente a los ojos.
– ¿Sigues enamorada de Brian Mellor?
Ella también lo miró fijamente. Había creído que era una discusión meramente laboral.
– ¿Qué tiene que ver eso?
Taryn vio que Jake apretaba las mandíbulas como si esa pregunta lo exasperara.
– Tiene mucho que ver -contestó él al cabo de un rato.
Ella no pudo entenderlo y decidió hablar de lo que le interesaba de verdad.
– ¿Está ofreciéndome que vuelva a mi trabajo temporal?
– ¿Estás diciendo que te gustaría dejar a Mellor?
Taryn dudó. Si le decía que le gustaría dejar el trabajo con Brian, aunque ya lo había dejado, ¿no significaría que estaba deseando volver a trabajar con él?
Por nada del mundo quería que ese hombre tan perspicaz notara remotamente que ella daría cualquier cosa por volver a verlo todos los días laborables. Sin embargo, Jake estaba esperando la respuesta y parecía impaciente.
– Dejaste de trabajar con Mellor porque te dio un beso -se adelantó Jake-. Dejaste de trabajar conmigo, parece ser, por lo mismo. Sin embargo, volviste a trabajar con Mellor. ¿Hay alguna posibilidad de que vuelvas a trabajar conmigo?
Se le aceleró el pulso. Parecía como si él quisiera que volviera. Era increíble.
– ¿Quieres que vuelva? -preguntó ella para cerciorarse.
– Claro.
Se sintió rebosante de felicidad, pero tenía que disimular lo que sentía por él. Taryn se levantó y Jake, sin dejar de mirarla a los ojos, hizo lo mismo.
– Estaré aquí el lunes a las nueve en punto. Si te parece bien -dijo ella con tranquilidad.
– Me parece bien -él resopló.
Ella pasó junto a él para dirigirse a la puerta, pero Jake se puso delante.
– Un segundo.
Ella lo miró a esa cara que adoraba y casi se quedó sin aliento.
– Perdona, creía que habíamos terminado la conversación laboral.
– Efectivamente, hemos terminado ésa, pero tengo muchas más cosas que decir.
– Ya -Taryn creyó haberlo entendido-. ¿Quieres que vaya a saludar a Kate?
– No está. Tenía una cita con la ginecóloga.
– Ah… ¿Qué tal está Abby? -¿estaría reprochándole no haberse interesado por ella?
– Perfectamente, y antes de que sigas por ese camino, a mi cuñado le sentaron muy bien las vacaciones y mi hermana está de maravilla.
– ¿Estás siendo sarcástico?
– Tú estás yéndote por las ramas.
– Yo… Estoy nerviosa.
– ¿Por mí? -no parecía muy contento-. ¿Sexualmente?
Quería abochornarla, pero, como estaba enamorada de él y no quería que lo notara, tampoco quería que pensara que la alteraba en ese sentido.
– No. No es por eso. Es porque… -no encontró las palabras y sabía que estaba colorada.
– ¿Por qué? ¿No puedes decírmelo?
– Me pones nerviosa porque no sé qué quieres. Si tienes muchas más cosas que decirme y no es de trabajo ni de Kate ni de Abby…
– Si no es de eso, será de algo personal -la interrumpió él-. Personal entre tú y yo.
Ella se quedó boquiabierta y miró hacia la puerta para huir, pero él la agarró del brazo.
– Yo… creo que prefiero no… hablar de nada personal.
– ¿Por qué? -preguntó él con calma-. ¿No crees que nos conozcamos lo suficiente para poder hablar de algo personal?
– No quiero tener esa conversación -afirmó ella tajantemente.
– Estás nerviosa -constató Jake con una mirada de extrañeza.
– No es necesario hablar si no es de trabajo…
– A mí me parece que es esencial.