– ¿Quieres aclarar cualquier cosa personal entre nosotros para que podamos tener una relación meramente laboral? Puedes darlo por aclarado -quiso soltarse el brazo-. Estaré aquí el lunes… para trabajar, como de costumbre.
Él la agarró con más fuerza. Taryn pensó que no debería haber dado por supuesto que él se daría por vencido, pero tampoco tenía que preocuparse, no iba a aprovecharse de haber estado casi desnuda, de haberlo visto casi desnudo, de haberlo besado, de haberse deleitado con él… Tenía que parar. Intentó zafarse otra vez, pero él le dio la vuelta.
– ¿Sigues enamorada de Mellor?
– ¿Por qué te importa tanto? -preguntó ella con cierta hostilidad.
– ¿Piensas casarte con él?
Taryn se quedó pasmada, pero se acordó de que Abby le había dicho que Brian iba a divorciarse y pensó que podría ser una buena excusa para ocultar sus sentimientos.
– Todavía no me lo ha pedido.
– ¿Lo tendrías en cuenta si te lo pidiera?
– Serías el primero en saberlo.
– ¿Ha vuelto a besarte? -preguntó Jake con cierta desesperación.
– En realidad, no esperé a que él lo hiciera. Yo lo besé -contestó ella al acordarse de cómo se había despedido de él.
– ¡Serás capaz! -exclamó él-. ¿Un beso apasionado?
Instintivamente, ella formó la palabra «no» en los labios y él, que no perdía detalle, lo notó y se adelantó a la posible mentira de Taryn.
– Todo esto es un poco raro -comentó-. ¿No estarás contándome un cuento? -Jake esbozó media sonrisa-. ¿Va a ser sincera, señorita Webster? O… -sus ojos brillaron con malicia- tendré que sacarle la verdad con un beso.
– ¡Antes muerta! -exclamó, aunque supo que no podía eludir ese asunto-. Si quieres saberlo…
– Estoy en ascuas.
– Si quieres saberlo… la semana pasada, cuando estaba con Abby, le dije a Brian que lo llamaría. Me acordé el lunes, cuando no quisiste… -volvió a ponerse colorada-. Bueno, cuando creí que ya no tenía trabajo. Yo quería estar ocupada…
– Lo llamaste y te ofreciste para volver a trabajar con él.
– No lo llamé para eso. Lo llamé más bien porque había dicho que lo haría.
– ¿Y porque seguías amándolo? -le preguntó él otra vez con impaciencia.
– ¡Eso es lo de menos! -exclamó Taryn con desesperación-. Él me ofreció volver a trabajar, pero no acepté.
– ¿No? ¿Qué hacías hoy allí si…?
– Estaba marchándome. Fui unos días a echar una mano. Brian no había encontrado la secretaria adecuada desde que me fui. La que tiene ahora está bien, pero había trabajo acumulado y… En cualquier caso, hoy era mi último día.
– ¿Y no te besó? -Jake seguía a lo suyo y no pararía hasta saberlo todo.
– No. Cuando lo hizo fue algo muy raro en él. Pobre… Es muy desdichado. Quiere mucho a su mujer, pero ella está con otro. Esta mañana, cuando me despedí, le di un beso en la mejilla. No estoy enamorada de él, me da pena y…
– ¿Te has desenamorado de él? -preguntó Jake con una sonrisa.
– Nuca estuve enamorada de él -contestó ella con otra sonrisa.
– Me dijiste que sí -le recordó bruscamente.
– Es verdad. Creí que lo estaba. Lo admiraba mucho y…
– Pero no era amor -la cortó Jake, que no quería oír sus virtudes.
– Lo apreciaba mucho, pero no, nunca fue amor.
Jake la miró fijamente a los ojos.
– ¿Por qué sabes que nunca fue amor?
– Lo sé.
Taryn intentó por todos los medios que él no notara que lo supo cuando lo conoció y comprendió lo que era estar verdaderamente enamorada.
– ¿Pero por qué lo sabes? -insistió él-. ¿Lo sabes cuando miras a la otra persona y crees que el corazón se te va a parar? -la miraba fijamente a los ojos-. ¿Lo sabes porque cuando la otra persona entra en la habitación el corazón empieza a latir con tanta fuerza que crees que todo el mundo lo oye?
– Jake… -susurró ella al darse cuenta de que estaba describiendo lo que sentía.
– ¿Sabes que eres prisionero de ese sentimiento que te devora cuando esperas a esa persona y tu corazón, todo tu cuerpo, se marchita porque pasa el tiempo y no aparece?
– Jake…
Él estaba haciéndole daño y no sabía por qué le contaba todo eso, pero lo amaba y quería ayudarlo.
– ¿Conoces esa sensación de celos insoportables cuando la persona amada habla, se ríe o se cita con alguien que no eres tú?
Claro que lo sabía. Los recuerdos de Louise Taylor y Sophie Austin la alcanzaron como dardos en el corazón.
– Jake… ¿Tanto la amas?
– Mucho más. Domina mi cabeza hasta el punto de que a veces no puedo pensar bien.
Él no sabía lo dolorosas que eran aquellas palabras, pero Taryn se dio cuenta de que tenía que estar sufriendo mucho para contárselo.
– ¿Ella… no te ama? -preguntó haciendo un esfuerzo por contener los celos-. Quiero decir, ¿le has preguntado qué siente? ¿Le has dicho lo que sientes?
Jake la agarró de los brazos y la miró directamente a los ojos.
– ¿Qué crees que llevo haciendo desde hace media hora?
Taryn se quedó muda. ¡No podía haber estado hablando de ella! Parpadeó y le fallaron las piernas. ¡No podía haber dicho lo que creía que había dicho!
– ¿Yo…? -preguntó ella con miedo a que él se partiera de la risa.
– Tú -confirmó Jake sin reírse ni soltarle los brazos.
– Mmm… -Taryn tragó saliva-. Perdona si te parezco un poco… torpe, pero ¿estás diciendo…? ¿Estás diciendo que estás… enamorado de mí?
– Te quiero mucho, Taryn Webster. Casi he perdido la cabeza.
Taryn sólo podía mirarlo sin dar crédito a lo que estaba oyendo.
– Mmm… ¿No podrías aliviar un poco el desasosiego que me domina y darme una pequeña pista de lo que sientes por mí? -siguió él ante el silencio de ella.
– ¿No… lo sabes? -preguntó ella vacilante.
– A veces me lo he preguntado. A veces, en mis momentos más bajos, me acuerdo de que te habrías entregado a mí. Sabía que no habrías llegado tan lejos con cualquiera. Habría sido la primera vez para ti. Entonces, en esos momentos, me pregunto si soy alguien especial para ti.
– Lo… eres -concedió ella con un hilo de voz.
– ¿Soy alguien especial para ti? -Jake quería algo más.
Taryn lo miró fijamente. Le parecía imposible que ese hombre no tuviera la seguridad.
– Diría que… muy especial… -susurró ella.
– ¿Me amas?
– Claro, Jake Nash, te amo -Taryn no supo si echarse a reír o a llorar.
– Mi amor…
Jake la estrechó entre sus brazos, pero se apartó un poco para poder mirarla.
– Repítelo -le pidió él.
– Te quiero, estoy enamorada de ti. ¿Podrías darme un pellizco para comprobar que todo esto no es un sueño?
– Puedo hacer algo mucho mejor.
Jake la besó en los labios y Taryn no supo qué había pasado hasta que él se apartó.
– ¿Cuándo…? ¿Cuándo te diste cuenta? -preguntó ella con cierto pudor.
– ¿De mis sentimientos?
Jake la besó una y otra vez y se sentó con ella en el sofá.
– ¿Cómo, cuándo, por qué me enamoré de ti? -preguntó él.
– Por favor…
– Te adoro -pareció que iba a besarla otra vez, pero cayó en la cuenta de que ella necesitaba saberlo-. La primera vez que te vi fue cuando te despediste de Mellor. Te largaste antes de que pudiera saber algo más, pero también me di cuenta de que quería saber algo más. Es más, volví varias veces al edificio para ver si me topaba contigo.
– No es verdad -susurró ella.
– Te lo aseguro.
– No podías estar enamorado…
– Me había pasado algo. Algo que no reconocí y que pudo parecerme un mero interés por una mujer enojada. Sin embargo, no pude olvidarme de ti. Así que podrás imaginarte mi sorpresa cuando comprobé que eras esa ama de llaves maravillosa de la que no paraba de hablar mi tío abuelo.