– Digamos que la conversación de esa mañana no fue la que yo había esperado. Me creó incertidumbre. Eso me agobia y hace que me sienta fatal.
– Jake…
– Además, me quedé aterrado cuando hace poco vi que te montabas en el ascensor…
– ¿Aterrado?
– Con unos celos espantosos, furioso, como quieras llamarlo.
– ¿Porque creías que volvía a trabajar con Brian?
– Verte allí fue como la confirmación de mis peores temores. Que yo supiera, lo amabas y estaba divorciándose. Él te deseaba. Me volví loco. No iba a consentir que te casaras con él. ¿Cómo te atrevías a volver a trabajar con él? Eras mi secretaria, no la suya.
– Jake… Qué bien hablas y cómo me gusta oírte.
– ¿No te había dicho nunca que eres maravillosa?
– Jake… Da la casualidad de que tú también me pareces maravilloso.
– Estupendo. Mi amor, lo que llevo diez minutos intentando decirte, con muy poco éxito, es que si quieres seguir trabajando en mi oficina, y yo te necesito, entonces, te darás cuenta de que tienes que casarte conmigo, enseguida.
– ¿Casarme contigo?
– ¿Voy demasiado deprisa?
– No… ¿Quieres que me case contigo?
– Bueno, no estaría bien visto que estuvieras aquí sin estar casada conmigo.
– ¿No?
– Sinceramente -Jake puso un gesto de estar ligeramente avergonzado-, necesito que te cases conmigo porque te llevo en el corazón. Te quiero tanto que sólo volvería a ser feliz si aceptas ser mi esposa.
– Jake… -Taryn tragó saliva-. No podría soportar que estuvieras triste.
– ¿Eso es un sí?
– Claro. Para mí será un honor y un placer ser la señora Nash.
– ¡Mi amor!
Jessica Steele