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– ¿Cuándo recibiste esto?

– Justo antes de la muerte de Duane.

Rememoré lo ocurrido semanas atrás.

– Por eso no me hostigaste demasiado cuando murió. Ya intuías quién era el responsable.

El demonio se encogió de hombros por toda respuesta.

– Espera un momento -exclamó Cody, observando la nota por encima de mi hombro-. Si ésta es la primera advertencia… ¿insinúas que todo lo ocurrido… Duane, Hugh, Lucinda, Georgina… forma parte de un intento por desmoralizarnos? -La incredulidad del vampiro aumentó ante el silencio de los dos inmortales superiores-. ¿Qué más puede pasar? ¿Cuál es la «fase seria»? Quiero decir, ya ha agredido o matado a, ¿cuántos, cuatro inmortales?

– Cuatro inmortales inferiores -precisé, empezando a coger el hilo. Alterné la mirada entre Jerome y Cárter-. ¿Cierto?

El ángel sonrió con los labios apretados.

– Cierto. Habéis sido la ronda de entrenamiento antes del gran golpe. -Le echó otra miradita elocuente a Jerome.

– Déjalo -le espetó el demonio-. Yo no soy el objetivo.

– ¿No? A mí nadie me ha pintarrajeado las paredes.

– Nadie sabe dónde vives.

– Tampoco es que tú aparezcas precisamente en las páginas amarillas. Eres el objetivo.

– Da igual. No puede tocarme.

– No puedes saberlo a ciencia cierta…

– Lo sé, y tú también. Es absolutamente imposible que sea más fuerte que yo.

– Necesitamos refuerzos, en cualquier caso. Llama a Nanette…

– Claro -se rió con voz ronca Jerome-. Nadie se dará cuenta si la saco de Portland. ¿Tienes idea de las alarmas que dispararía eso? La gente empezaría a sospechar, a hacer preguntas…

– ¿Y qué? No pasa nada…

– Para ti es fácil decirlo. ¿Qué sabrás tú de…?

– Por favor. Sé lo suficiente como para darme cuenta de que estás paranoico…

Los dos siguieron intercambiando pullas, con Jerome obstinado en negar que hubiera el menor problema y Cárter insistiendo en que debían tomar las precauciones oportunas. Como dije antes, era la primera vez que veía discutir tan abiertamente a estos dos. No me gustaba, y menos cuando empezaron a levantar la voz. No quería estar cerca si llegaban a los puños o a las demostraciones de poder; ya había visto demasiadas exhibiciones de fuerza en las últimas semanas. Lentamente, retrocedí hasta salir de la sala de estar y me metí en un pasillo cercano. Cody se percató y me siguió.

– Lo odio cuando mamá y papá se pelean -comenté mientras nos alejábamos del altercado divino en busca de un lugar más seguro. Al asomarme a las puertas vi un cuarto de baño, un dormitorio, y una habitación de invitados. De alguna manera me costaba imaginar que el domino tuviera muchos huéspedes pasando la noche en su casa.

– Esto parece prometedor -observó Cody cuando llegamos a una sala de ocio.

Otros asientos de cuero rodeaban una pantalla de plasma gigante, absurdamente fina, que colgaba de la pared. Había altavoces, elegantes y estilizados, situados en puntos estratégicos a nuestro alrededor, y una gran vitrina de cristal que contenía cientos de DVD. También esta habitación había sido saqueada. Suspirando, me dejé caer encima de una silla desvencijada mientras Cody le echaba un vistazo al equipo de música.

– ¿Qué te parece todo esto? -le pregunté-. Los nuevos acontecimientos, quiero decir, no el cine en casa.

– ¿Qué quieres que piense? Para mí está muy claro. Este nefilim ha entrado en calor con unos cuantos inmortales inferiores y ahora decide pasar a mayores. Enfermo y retorcido, pero en fin, así son las cosas. Mirándolo por el lado bueno, es posible que ya estemos fuera de peligro… aunque sea a costa de Jerome o Cárter.

– No sé. -Eché la cabeza hacia atrás, pensativa-. Hay algo que no encaja. Se nos está pasando algo por alto. Escúchalos ahí dentro. ¿Por qué está siendo Jerome tan cabezota con todo este asunto? ¿Por qué no escucha a Cárter?

El joven vampiro dejó de mirar las películas y esbozó una sonrisa socarrona.

– Nunca pensé que vería el día en que defendieras a Cárter. Debéis de haber hecho muy buenas migas esta semana.

– No te imagines romances inexistentes -le advertí-. Sabe Dios que ya he tenido más de la cuenta. Es sólo que, no sé. Cárter no es tan malo como pensaba.

– Es un ángel. No es malo en absoluto.

– Ya sabes a qué me refiero, y tienes que reconocer que no le falta razón. Jerome debería estar adoptando medidas. Esta criatura arrasa su hogar y le deja amenazas… aunque sea en forma de símbolos obsoletos o lo que sea. ¿Por qué está tan convencido Jerome de que no corre peligro?

– Porque se cree más fuerte de lo que es.

– ¿Pero cómo podría saberlo? Ninguno de los dos lo ha visto… ni siquiera Cárter, la noche que me salvó.

– Jerome no me parece de los que ignoran las cosas sin un buen motivo. Si él dice que es más poderoso, yo… me cago en la leche. Mira esto. -Su expresión seria dio paso a una carcajada.

Me levanté y me arrodillé junto a él.

– ¿Qué?

Señaló la hilera de DVD de abajo del todo. Leí los títulos. Alta fidelidad. Más vale muerto. Un gran amor. Un asesino algo especial. Todas películas de John Cusack.

– Lo sabía -susurré, pensando en el sospechoso parecido del demonio con el actor-. Sabía que era fan suyo. Siempre lo ha negado.

– Espera a que se lo cuente a Peter y a Hugh -se rió Cody. Sacó Más vale muerto de la estantería-. Ésta es la mejor.

Cogí Cómo ser John Malkovich, olvidadas por un momento mis preocupaciones.

– De eso nada. La mejor es ésta.

– Ésa es demasiado rara.

Levanté la mirada a la pantalla de plasma, cruzada de lado a lado por un enorme tajo.

– Normalmente sugeriría que las comparáramos para zanjar el asunto, pero me da que pasará algún tiempo antes de que se pueda volver a ver nada aquí.

Cody siguió la dirección de mi gesto e hizo una mueca ante el destrozo.

– Qué desperdicio. Este nefilim es un verdadero hijo de puta.

– Sin la menor duda -convine, poniéndome de pie-. No me extraña…

Me quedé paralizada. El tiempo se detuvo. Un verdadero hijo de puta…

– ¿Georgina? -preguntó Cody, extrañado-. ¿Estás bien?

Cerré los ojos, mareada.

– Ay, Dios. -Un verdadero hijo de puta.

Pensé en la serie de sucesos relacionados con el nefilim, en cómo Jerome nos había advertido que nos mantuviéramos al margen desde el primer momento. Supuestamente, su intención era protegernos, pero no había ningún motivo por el que no debiera explicarnos qué era el nefilim, ningún peligro en conocer la naturaleza de nuestro adversario. Sin embargo Jerome había mantenido la boca cerrada al respecto, enfadándose irracionalmente cuando cualquiera de nosotros se acercaba demasiado. Cuando Cody propuso la teoría del «ángel caído», achaqué tanto secretismo a la vergüenza que pudieran sentir los del otro bando. Sin embargo, no era su bando el que tenía algo que ocultar, sino el nuestro.

Clic, clic. Una vez en marcha, las fichas de dominó en mi cabeza empezaron a caer precipitadamente. Pensé en el libro de Harrington: los ángeles corruptos enseñaban «encantos y encantamientos» a sus mujeres mientras su descendencia vagaba salvaje… Símbolos. Como el obsoleto pintado en la pared de Jerome. Es para recordarme con quién estamos tratando… como si se me pudiera olvidar, había explicado despreocupadamente.

Cárter me había dicho que los demonios generalmente ayudaban a dar caza a los nefilim. Nanette había querido venir a ayudar con éste, pero Jerome se lo impidió, minimizando así el número de implicados. Sin embargo, había mantenido a Cárter a mano para la cacería. ¿No querría encargarse Jerome personalmente?, me había preguntado, pero el ángel evitó responder.