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– Parece que quiere charlar -observó Kane, y pasó junto a Paige, hacia la puerta.

Ella le agarró fuerte del brazo.

– No sé qué has averiguado, pero creo que antes tendrías que hablar conmigo.

– ¿Algún peso del que te quieras librar?

Paige se humedeció los labios. La verdad le martilleaba en la cabeza. Imágenes de la noche de la muerte de Harley. Visiones horribles. Recuerdos oscuros. Estaba tan oscuro, solamente unas pocas farolas del puerto. El velero chocaba contra el amarradero. Los mástiles se elevaban en las alturas. Las luces brillaban en el interior. En la lejanía, Paige oía ruido de fiesta y música flotando sobre el agua. Había gente en cubierta, un hombre alto que Paige reconoció como Harley y una mujer rubia que llevaba algo en la mano. Un arma.

Paige se estremeció. Aunque se encontraba lejos y estaba oscuro, Paige pudo recordar cómo la mujer había golpeado a Harley por detrás. Ferozmente. Furiosamente. Lo bastante fuerte para que el sonido, el desagradable crujido de huesos resonara sobre las aguas. Paige, de pie entre las sombras, comenzó a respirar con dificultad y dejó caer la pistola con la que pretendía asustar a Harley para hacerle despabilar, para hacerle darse cuenta de que Kendall era la mujer a la que amaba. Pero ahora… Aquella rubia… ¿Kendall?… Estaba furiosa, como poseída, golpeando a Harley en la cara. Paige había dejado caer la pistola de su madre. El revólver resbaló por el embarcadero, hasta caer en el agua con un fuerte plop. Paige no esperó a que la descubrieran. Dio media vuelta y corrió tan rápido como sus piernas le permitieron en dirección a su bicicleta, escondida entre los coches aparcados. Seguidamente, pedaleó tan deprisa como pudo, antes de que Kendall la viera, antes de que la dulce y preciosa Kendall se diera cuenta de que Paige había presenciado su crimen.

«Deberías haberte quedado allí. Deberías haber pedido ayuda. Deberías haber hecho algo por salvar la vida de tu hermano, aunque eso significase incriminar a la única chica que te había tratado con una pizca de dignidad. Sin embargo, huíste para que nadie te viera, dejando allí el arma, dejando que Harley se ahogara. Cabía la posibilidad de que le hubieras salvado. No murió del golpe, sino porque se ahogó, y tú sabías nadar, habías estado en el equipo de natación…» La culpa la carcomía por dentro. Se dio cuenta de que estaba llorando. Las lágrimas le corrían por las mejillas mientras Kane Moran la observaba. Se había acabado. Por fin se iban a descubrir todas las mentiras.

– Sí -dijo finalmente, golpeándose la cara con el dorso de la mano. No había razón para intentar proteger a Kendall durante más tiempo. Además, el encaprichamiento de Paige hacia su amiga se había desgastado con el paso de los años… ¿Cómo podía Kendall haberse casado con Weston? Harley era débil, pero Weston… era una persona cruel-. Tal vez tengas razón -admitió-, pero hay algunas cosas que quiero contarte sin que mi padre escuche.

Abrió la puerta y guió a Kane hacia el estudio donde su padre estaba a punto de enterarse de que su nuera, la madre de su nieta, había asesinado a su hijo.

Paige hizo entrar a Kane en el estudio. Su padre estaba sentado en su silla de ruedas. Neal miró a Kane de arriba abajo, luego hizo un gesto a Paige en dirección al mueble bar.

– Ofrece una copa a nuestro invitado.

– No hace falta, gracias -dijo Kane, negando con la cabeza.

– Pues a mí sí. Tomaré un cubata de güisqui escocés.

Paige dudó.

– Pero el doctor ha dicho que…

– Al diablo con ese matasanos. Sírveme un trago. ¿Qué más me puede hacer? ¿Dejarme en una maldita silla de ruedas? -ordenó Neal.

Paige sabía que no se podía razonar con él. Tenía un humor de perros. De acuerdo. Entonces le pondría un güisqui doble, no, tal vez triple. A Neal no pareció importarle que Paige le pasara el vaso y él le diera un buen trago.

– Ahora, ¿por qué demonios estás aquí? ¿Por ese puñetero libro que estás escribiendo?

– Esa es la principal razón.

– Entonces dime, ¿quién mató a mi hijo?

– Todavía estoy trabajando en ello -Kane miró a Paige, que miraba la televisión, donde se emitía una vieja repetición de una comedia que a su padre le encantaba-. Pensaba que vosotros dos podríais ayudarme.

– Bah. Yo ya dije lo que tenía que decir hace mucho tiempo. ¿Crees que mi historia va a cambiar?

– No, pero pensé que podría arrojar algo de luz sobre quién podía querer ver muerto a Harley.

Kane tenía una teoría en la que había estado trabajando. Sabía que Tessa había golpeado a Harley en la cabeza, que principalmente había sido ella quien le había propinado el golpe que le había arrebatado la vida, pero faltaban algunas piezas en el rompecabezas. El revólver en el agua no tenía sentido. Harley se ahogó, con un fuerte golpe en la cabeza. Sin embargo, no fue lo bastante fuerte para hacer que se desmayase. Así pues, ¿por qué no había intentado salvarse?

– ¿Quién?

– Eso es lo que le estoy preguntando.

Paige apenas podía respirar. Se estaba acercando.

– Tenía problemas con las mujeres. Más que Weston. No podía elegir entre Claire Holland o Kendall Forsythe, que ahora es la esposa de Weston -resopló, como si para él fuera una elección fácil. Kane se irritó visiblemente, pero Neal no pareció notarlo-. Kendall venía de una buena familia, la quería, de verdad, pero todo se torció cuando apareció la chica de los Holland, la mediana. Le tenía tan bien cogido que Harley pensaba que se iba a casar con ella. -Bufó enojado. A continuación, agitó la bebida-. En mi opinión, probablemente fue ella. Harley debió de haber roto el compromiso… y ella enloqueció.

Todos los músculos de la espalda de Kane se contrajeron. Su sonrisa hacía rato que había desaparecido.

– No lo creo. Según Claire, fue ella quien rompió el compromiso.

– Sí, claro. -Neal razonaba como si pensara que nadie sería tan estúpido-. Siempre le dije a la policía que había sido ella. Harley no se cayó por la borda, golpeándose la cabeza y ahogándose.

– ¿No como Jack Songbird? -replicó Kane.

– ¿Qué estás diciendo? ¿Que los mató la misma persona?

– Y a Hunter Riley.

– Por el amor de Dios, estás escribiendo una obra de ficción, ¿verdad?

– Lo único que quiero saber es quién saldría beneficiado con la muerte de Harley.

Paige tragó saliva mientras su padre observaba a Kane por encima de las gafas.

– Bueno, eso es bastante fácil de adivinar, ¿no? Pero créeme, Weston no mató a su hermano.

Los ojos de Kane se estrecharon y Paige notó las chispas en su mirada. Era como si Kane estuviera esperando a que Neal pronunciara aquellas palabras.

– ¿Por qué no?

– Porque estaba lejos de aquí. Ni siquiera se encontraba en la ciudad.

– ¿Estás seguro?

Hubo un momento de duda. Durante aquella fracción de segundo Paige supo que su padre estaba mintiendo. Lo había estado haciendo durante dieciséis años. Igual que ella.

– Ya dije que estaba conmigo, ¿no?

– Durante la mayor parte de la noche. Luego estuvo con Kendall, y el resto aún no se sabe.

«¿Kendall? ¿Ella y Weston habían mentido para protegerse el uno al otro?» No tenía sentido.

– Estás pescando, Moran, sin ningún anzuelo -el anciano rió como si se hubiera marcado un tanto sobre Moran.

Sin embargo, Paige pensaba de otra forma, y supo que aquella noche tendría que contar la verdad. Había vivido con la mentira durante demasiado tiempo. Siempre leal a Kendall por razones equivocadas. Había intentado proteger a la única amiga que pensaba que tenía, y ¿para qué? Todo iba a salir a la luz, y Weston estaba perdiendo el control. Sólo era cuestión de tiempo que su hermano se acabara delatando. Entonces todo el mundo, incluidas Kendall y ella, correrían peligro.