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Hice otra breve interrupción para que se preguntaran a dónde quería ir a parar.

– Porque la mentira es una afirmación conscientemente contraria a la verdad y yo estoy convencido de que el señor Renna no ha efectuado afirmaciones conscientemente contrarias a la verdad. Al explicar que vio pasar a Abdou Thiam por delante de su bar, precisamente aquella tarde, a aquella hora, el señor Renna cree que cuenta la verdad. Y en realidad él no habría de tener ningún motivo para inculpar falsamente al acusado.

»Bueno, después de su interrogatorio ha quedado en evidencia que él no tiene, cómo decirlo, una especial simpatía por los vendedores ambulantes extracomunitarios que deambulan por la zona de Capitolo y en las cercanías de su bar.

»Quiero releerles un pequeño fragmento del contrainterrogatorio. Se está hablando de extracomunitarios, que el señor Renna llama negros. El defensor pregunta si estas personas perjudican la actividad comercial de Renna. El testigo contesta.

»"Molestan, molestan, y tanto que molestan."

»"Bueno, de acuerdo, pero si molestan, ¿por qué no llama a los municipales o a los carabineros?"

»"¿Por qué no les llamo? Yo les llamo, ¿pero tú les has visto venir alguna vez?"

»En definitiva, el señor Renna -nos lo dice él mismo- no ve con buenos ojos la presencia, en Capitolo y cerca de su bar, de los vendedores extracomunitarios. Querría que las fuerzas del orden intervinieran para poner un poco de orden, pero eso no sucede. El está un poco resentido.

»Todo esto, que quede claro, no significa que deliberadamente nos haya contado cosas no verdaderas respecto al señor Abdou Thiam.

»Pero, prescindiendo de su simpatía -o antipatía- por los negros, y de su deseo insatisfecho de que las fuerzas del orden hagan algo contra esos negros, ¿Renna ha dicho cosas objetivamente verdaderas? ¿Podemos afirmar, más allá de cualquier duda razonable, que la versión ofrecida por este testigo corresponde a la verdad de los hechos de los que nos ocupamos?

»Un elemento de duda puede desprenderse del pequeño experimento de las fotografías, que ustedes recordarán. Renna no reconoce en la fotografía, en dos fotografías -ustedes las tienen en las actas y pueden comprobar directamente si se trata de reproducciones fieles-, al acusado. El mismo que está presente en la sala y, fundamentalmente, el mismo que él dice que conoce bien y a quien vio pasar por delante de su bar, aquella tarde de agosto.

»¿Esto significa que Renna se lo ha inventado todo, es decir, que dice mentiras? No, ciertamente. El hecho de que los negros no le sean simpáticos y que haya errado clamorosamente el reconocimiento fotográfico no significa que nos haya mentido conscientemente.

»Cuando él nos dice que recuerda que aquella tarde Abdou Thiam pasó por delante de su bar, sin bolsas, a paso veloz y en dirección al sur, el testigo Renna dice la verdad.

»En el sentido de que él efectivamente recuerda esta secuencia de hechos y la coloca en aquella tarde. Es decir, que para ser más precisos, él cuenta lo que cree que es la verdad. Lo más interesante -y esto nos introduce en un terreno fascinante, que es el del funcionamiento de la memoria- es que Renna cree que aquella es la verdad, porque recuerda aquellos hechos, aunque éstos no hayan transcurrido. No de la manera en que él nos los cuenta.

Pausa. Tenía necesidad de que estos conceptos se depositaran en la mente de los jueces, especialmente en la de los miembros del jurado popular. Hice ver que revisaba entre los papeles y dejé pasar unos diez segundos. El tiempo para que se preguntaran qué venía a continuación.

– Ahora quiero contarles un experimento científico sobre el funcionamiento de la memoria y sobre el mecanismo de producción de los recuerdos. Un equipo de psicólogos americanos, creo que de la Universidad de Harvard, quería verificar la fiabilidad de los recuerdos infantiles. A unos niños de nueve, diez años, les contaron -sus hermanos mayores que habían sido instruidos para hacerlo- que a la edad de cuatro o cinco años habían escapado a un intento de rapto. Les contaron que, encontrándose en el supermercado con la mamá y en un momento de distracción de ella, un desconocido los había agarrado de la mano y se había dirigido hacia la salida. La mamá se había dado cuenta de lo ocurrido, se había puesto a chillar y había ahuyentado al malintencionado desconocido.

»El episodio en realidad no había sucedido nunca pero, pocos meses después de la narración, los niños no sólo creían recordarlo -en realidad, en un cierto sentido, lo recordaban-, sino que, al narrarlo, añadían otros detalles que no figuraban en la versión original.

»¿Estos niños mentían? Es decir: ¿decían cosas falsas, conscientes de hacerlo? Evidentemente no.

»¿Estos niños contaban cosas realmente acaecidas? Evidentemente no.

»Es un hecho comprobado -y uno de los argumentos de estudio más importantes de la moderna psicología jurídica- que tanto los niños como los adultos cometen errores sobre la fuente de sus recuerdos y están convencidos de recordar contextos, datos, detalles que han sido, en cambio, sugeridos por otros. Deliberadamente, como en el caso del experimento que les he contado. O involuntariamente, como en muchas situaciones de la vida cotidiana y también, a veces, durante las investigaciones.

»En base a estas consideraciones podemos dar una respuesta a la pregunta efectuada por el fiscal durante su alegato final respecto a la Habilidad del testigo Renna. El fiscal se ha preguntado y especialmente les ha preguntado: ¿cuáles eran los motivos que tenía el testigo Renna para mentir y por ello acusar falsamente a Abdou Thiam?

»Podemos responder con tranquilidad a esa pregunta: ningún motivo. Y en realidad Renna no ha mentido. Entre mentir -es decir, afirmar conscientemente cosas falsas- y decir la verdad -es decir, relatar los hechos de manera que se ajusten a su realización efectiva- existe una tercera posibilidad. Una posibilidad que el fiscal no ha considerado, pero que ustedes deberán contemplar muy atentamente. La del testigo que refiere una determinada versión de los hechos con la errónea convicción de que sea la verdadera.

»Se trata de lo que podríamos llamar el falso testimonio involuntario.

Parecían interesados. También el presidente y el jurado con cara de oficial retirado. Los dos que -estaba convencido de ello- ya habían decidido votar culpable.

– Hay muchas maneras de construir un falso testimonio involuntario. Algunas son deliberadas, como en el caso del experimento con los niños del que les he hablado. Otras son involuntarias y, a menudo, están basadas en las mejores intenciones. Como en este caso.

»Procuremos comprender bien al intentar reconstruir lo que ha sucedido en la investigación que ha llevado a la acusación contra Abdou Thiam y, por ello, a este proceso. Desaparece un niño y, dos días después, se encuentra su cuerpo sin vida. Es un hecho desgarrador y quienes tienen la obligación de investigar -carabineros y fiscal- sienten de manera urgente, apremiante, el deber de encontrar a los culpables. Hay una ansiedad irreprochable por dar una respuesta a la exigencia de justicia generada por un caso tan terrible. Interrogando a los familiares del niño y a otras personas que le conocían bien, los carabineros descubren esta especie de amistad que unía al niño con este vendedor ambulante de color. Es un hecho extraño, atípico, que genera sospechas. Y genera la idea de que tal vez se ha hallado la pista correcta. Quizás es posible dar una respuesta a aquella exigencia de justicia y calmar la ansiedad. La investigación ya no se mueve más a ciegas, pues tiene un posible sospechoso y una hipótesis de solución. Esto hace que se multipliquen los esfuerzos en busca de confirmaciones de esta hipótesis de solución. Cuando el testigo Renna es escuchado por primera vez, por los carabineros, la situación es ésa. Los investigadores están comprensiblemente excitados ante la posibilidad de resolver el caso y se dan cuenta de que las declaraciones de este testigo podrían representar un paso decisivo. Es en esta fase cuando se produce la construcción del falso testimonio involuntario.