»Atención. Les ruego atención. No estoy diciendo en absoluto que haya habido una deliberada contaminación de las investigaciones. Ni mucho menos estoy hablando de grotescas hipótesis de conspiraciones urdidas por los investigadores contra el imputado. La cuestión es, al mismo tiempo, más sencilla y más compleja, y para explicar lo que intento decir tomaré prestada una famosa frase de Albert Einstein. La frase, si no la recuerdo mal, dice más o menos así: es la teoría la que determina lo que observamos.
»¿Qué significa? Significa que si tenemos una teoría -una teoría que nos gusta, que nos satisface, que nos parece buena- tendemos a examinar los hechos a través de esta teoría. En lugar de observar objetivamente todos los hechos disponibles, buscamos sólo confirmaciones de aquella teoría. Nuestra propia percepción está muy influenciada, determinada por la teoría que hayamos escogido. O sea, como decía Einstein -que hablaba de ciencia-, la teoría determina lo que conseguimos observar. En otras palabras: vemos, sentimos, percibimos lo que confirma nuestra teoría y, sencillamente, nos olvidamos de todo lo demás. Hay un proverbio chino que expresa de manera diferente el mismo concepto. Dicen los chinos: "dos terceras partes de lo que vemos está detrás de nuestros ojos".
»Todos nosotros hemos experimentado cómo nuestra propia percepción queda determinada por lo que, por las más variadas razones, está en nuestra cabeza o, como dirían los chinos, detrás de nuestros ojos.
»¿Han comprado alguna vez un coche nuevo y, de repente, mientras están conduciendo, ven decenas del mismo modelo por las calles? ¿Dónde estábamos antes?
»Filtros perceptivos, los llaman los psicólogos.
»Parafraseando a Einstein, que supongo se estará revolviendo en su tumba ante esta intrusión mía, podríamos decir: es la hipótesis investigadora la que determina lo que los investigadores observan. Pero no sólo eso. Determina lo que buscan, determina la manera en que actúan con los testigos, determina las preguntas que hacen. Determina la manera en que se escriben las actas. Sin que todo ello tenga nada que ver con la mala fe.
»Déjenmelo repetir. Todo aquello sobre lo que estoy hablando puede producir errores en las investigaciones -y el proceso sirve para corregirlos-, pero no tiene nada que ver con la mala fe.
»Al contrario, en un caso como éste, nos hallamos frente a un exceso de buena fe.
»Regresemos, pues, a lo que estábamos diciendo hace pocos minutos. Los investigadores quieren resolver este caso horrible. Quieren hacerlo por las mejores razones y con las mejores intenciones. Quieren hacerlo por la necesidad de que se imponga la justicia. Quieren hacerlo deprisa, para que el autor de un hecho tan terrible permanezca en libertad -y en condiciones de hacer todavía más daño- el menor tiempo posible. En medio de este estado de ánimo descubren una pista y detectan a un posible sospechoso. Atención. No fantasías o hipótesis pretenciosas. Era una buena pista y los elementos de sospecha contra Abdou Thiam eran plausibles. En base a esta buena pista los investigadores se lanzan a la caza del que consideran el posible culpable.
»Desde aquel momento los carabineros y el fiscal tienen una teoría que -como nos enseña Einstein- determinará aquello que observen, cómo actuarán con los testigos, qué les preguntarán, cómo e incluso qué pondrán en las actas. Con total buena fe y con sed de justicia.
»Ustedes comprenden ahora el porqué de aquellas preguntas del defensor al brigada de los carabineros, sobre cómo se transcribió el interrogatorio. Porque si yo transcribo de manera integral -es decir, mediante grabación, estenotipia, etcétera- no hay problemas para saber qué es lo que ha sucedido durante dicho interrogatorio. Todo está grabado -preguntas, respuestas, pausas, todo- y es suficiente con leerse la transcripción o escuchar la grabación. Si el investigador ha influido involuntariamente en el testigo, es posible verificarlo simplemente leyendo. Y luego cada uno hace sus valoraciones.
»Si se trata de un acta resumida, este control es imposible. Y si el acta resumida contiene precisamente el primer contacto entre los investigadores y el testigo, el riesgo de contaminación involuntaria en las declaraciones y en los propios recuerdos del testigo es altísimo.
»¿Quieren un pequeño ejemplo de cómo puede suceder esto?
»Yo soy el investigador y me encuentro delante del que podría ser un testigo importante, tal vez un testigo decisivo. Tengo graves sospechas sobre un tipo, Abdou Thiam.
»Le pregunto al testigo: "¿Conoce a Abdou Thiam?" "El nombre no me dice nada, si me muestran alguna foto". "He aquí la foto, ¿le conoce?" "Sí, sí. Es uno de aquellos negros que se detienen a menudo delante del bar. Que crean muchos problemas". "¿Le has visto pasar por delante del bar el día de la desaparición del niño?"
»Pausa del testigo, que se lo piensa. Los investigadores sienten que están cerca de la solución.
»"Piénselo bien, la tarde de la desaparición del niño. Hace una semana."
»"Me parece que sí. Sí, tuvo que haber pasado. Me parece que era él."
»Llegados aquí el brigada dicta el acta, porque lo quiere fijar por escrito, antes de que el testigo cambie de idea. Lo que desgraciadamente ocurre a menudo. Dicta el acta al cabo que la escribe en el ordenador. Dicta el acta y utiliza su lenguaje burocrático, no las expresiones utilizadas por el testigo.
Tomé de entre mis papeles la copia de la primera acta de Renna y leí.
– En el acta de la que estamos hablando se encuentran expresiones de este tipo: «Soy coadyuvado, en el desempeño del mencionado negocio…», etcétera. Obviamente no son expresiones del testigo Renna. Obviamente no sabemos qué preguntas le hicieron a Renna. No lo sabemos porque se utiliza la burocrática, cómoda fórmula a pregunta responde. ¿Qué pregunta? ¿Qué preguntas se le hicieron al testigo? ¿Son preguntas que le han influido? ¿Son preguntas que han sugerido las respuestas? ¿Son preguntas que han construido, involuntariamente, un recuerdo?
»No es necesariamente mala fe. Es suficiente con disponer de una teoría que confirmar, nuestro cerebro lo hace todo solo, percibiendo, reelaborando, escribiendo las actas de manera que se adapten los hechos a la teoría. Creando, más bien diría, encajando el falso recuerdo.
»Digo falso no porque Renna se haya inventado algo o los carabineros le hayan sugerido malévolamente una historia falsa que contar. Simplemente durante el primer interrogatorio los recuerdos de Renna fueron reprogramados de acuerdo con la teoría investigadora que había sido escogida y para la cual no se buscaban verificaciones objetivas, sino sólo confirmaciones. Fueron reprograma-dos y no podremos saber nunca cómo transcurrieron las cosas. Porque el interrogatorio de este señor no ha sido grabado y sólo se ha puesto por escrito en un acta. De la manera que hemos visto.
»¿Quieren saber cómo es posible influir en la respuesta de un testigo e incluso modificar su recuerdo, sencillamente haciendo la pregunta de una manera o de otra? Déjenme que les cuente otra investigación, italiana esta vez. A tres grupos de estudiantes de psicología -no niños, no incautos, sino estudiantes de psicología que sabían que estaban siendo sometidos a una prueba científica- les fue mostrada una filmación. En esta filmación se veía a una señora que salía de un supermercado con un carrito; por detrás de la señora se acercaba un joven que agarraba una bolsita que estaba en el carrito y luego se iba corriendo. A los tres grupos de estudiantes, con preguntas distintas, se les pidió que contaran lo que habían visto. Al primer grupo se le hizo esta pregunta: «¿El ladrón ha tropezado con la señora?» Al segundo grupo: «¿De qué manera el agresor ha empujado a la señora?» A los estudiantes del tercer grupo se les preguntó sencillamente que contaran lo que habían visto. Huelga decir que en la filmación no había ningún encontronazo ni ningún empujón.