– Cualquier información nos será de gran ayuda -dijo Mac, sombrío.
Knowles abrió el cajón y sacó de su interior una pequeña caja de plástico con una raída etiqueta en la que ponía Equipo de Campo. Abrió el estuche y empezó a sacar medidores portátiles y largas sondas metálicas.
– Primero salinidad -murmuró para sus adentros, insertando el medidor en el agua.
No dijo nada durante un rato, pero gruñó varias veces.
– ¿Qué mide un análisis de salinidad? -preguntó Kimberly-. ¿Si es agua dulce o salada?
– Puede hacerlo -Knowles la miró-, pero en realidad estoy midiendo la cantidad de microsiemens por centímetro cúbico, pues esa cantidad me dará una idea sobre el contenido disuelto. El agua por sí sola no tiene conductividad eléctrica, pero si tiene una gran cantidad de sal u otros minerales disueltos, su nivel de conductividad será más elevado. Tendrá más microsiemens por centímetro cúbico. Así que, de un modo indirecto, lo que intento averiguar es dónde ha estado esta agua.
Observó el medidor y retiró la sonda de la muestra.
– Bueno, según mi medidor de salinidad, esta agua presenta una lectura de quince mil microsiemens por centímetro cúbico. Por lo tanto, y teniendo en cuenta mis anteriores advertencias, ¿saben qué significa eso?
Todos le miraron con expresiones vacías y él tuvo la generosidad de iluminarlos.
– Esta agua tiene una buena conductividad. No la suficiente para ser salada, pero hay una gran cantidad de contenido disuelto en la muestra. "Puede que sean minerales o iones, algo que conduzca la electricidad mejor que el agua por sí sola.
– ¿Está contaminada? -preguntó Mac, vacilante.
– Presenta un elevado contenido disuelto -repitió Knowles, con obstinación-. En estos momentos no podemos extraer ninguna otra conclusión. Ahora, lo lógico sería realizar análisis para los diferentes minerales, pues eso permitiría responder a su pregunta… Pero como no podemos hacerlo, analizaremos el pH. -Dejó a un lado el primer medidor e insertó un segundo. Tras observarlo con el ceño fruncido, extrajo la punta y murmuró-: maldita sonda. Esperen un segundo.
Secó la punta, sopló sobre ella y le dio un palmetazo. Dejando escapar un gruñido de satisfacción, volvió a insertarla en el agua. Este segundo intento tampoco le satisfizo.
– Mierda, esto no va bien.
– ¿Qué ocurre? -preguntó Kimberly.
– La muestra debe de ser demasiado pequeña para la sonda o el medidor está estropeado. Indica que el pH es de tres con ocho, y eso es imposible.
Esta vez golpeó dos veces la sonda contra la mesa y lo intentó de nuevo.
– ¿Qué significa tres con ocho? -preguntó Mac.
– Acido, muy ácido. Un nivel de acidez capaz de dejar agujeros en la ropa. El pH base es de 7. La mayoría de los peces y algas necesitan al menos un pH de 6,5 para sobrevivir; las serpientes, almejas y mejillones lo necesitan de 7; y los insectos, sanguijuelas y carpas pueden sobrevivir en tuno de 6. Cuando analizamos estanques y corrientes en los que existe vida acuática, el nivel suele rondar los seis. Por otra parte, el agua de lluvia en Virginia tiene un pH de entre cuatro con dos y cuatro con cinco. Podríamos pensar que se trata de agua de lluvia pura, pero el análisis de salinidad nos revela que no es así. Tres con ocho… -Seguía moviendo la cabeza hacia los lados-. Es ridículo.
Observó de nuevo el medidor, dejó escapar un último gruñido contrariado y sacó la sonda.
– ¿Qué indica?-preguntó Mac.
– La misma estupidez que antes: tres con ocho. Lo siento, pero la muestra debe de ser demasiado pequeña. Eso es todo lo que puedo decir.
– Ha realizado tres análisis y ha obtenido en todos ellos resultados idénticos -comentó Kimberly-. Puede que el agua tenga esa acidez.
– No tiene sentido, sobre todo si tenemos en cuenta que las lecturas de pH que obtenemos son superiores al pH original de la fuente. Francamente, no se suelen encontrar lecturas de pH inferiores a cuatro con cinco. No ocurre nunca…, salvo en los casos de drenaje ácido de mina.
Mac se puso tenso.
– Háblenos del drenaje ácido de mina.
– No hay mucho que decir. El agua escapa de la mina o pasa por sus diferentes estratos, contaminándose en su camino y obteniendo un pH extremadamente bajo, de dos con algo.
– ¿Y eso sería extremadamente insólito? ¿Sería inusual en este estado?
Knowles miró a Mac.
– No hay muchos lugares en el mundo que tengan lecturas de pH de dos, y mucho menos en el estado de Virginia.
– ¿Y dónde está esa mina? -apremió Kimberly.
– Querrá decir minas, en plural, como en minas de carbón. Hay muchas.
– ¿Dónde?
– Sobre todo, en el sudoeste de Virginia. Debe de haberlas en unos siete condados, creo. -Knowles miró a Ray en busca de confirmación-. Veamos… Dickenson, Lee, Russell, Scout… Demonios, nunca seré capaz de recitarlos de memoria. Dejen que eche un vistazo. -Retrocedió hacia su archivo, empujó las piernas de Ray y rebuscó entre diversas carpetas de papel manila.
– ¿Qué tamaño tiene esa área? -preguntó Kimberly.
Knowles se encogió de hombros y miró de nuevo a Ray.
– Ocupa la mayor parte de la esquina sudoeste del estado -explicó Ray-. No es pequeña, si eso es lo que quiere saber.
– Pero es probable que el agua proceda de allí -replicó Mac.
– Yo no diría eso -le advirtió Knowles-. La muestra es demasiado pequeña, los resultados demasiado subjetivos y hay demasiadas variables que escapan a mi control.
– Pero es una posibilidad viable.
– Si usted considera que una lectura de tres con ocho puede ser correcta, le digo que sí, que una mina es un buen lugar para buscar este tipo de reserva de agua contaminada. La otra teoría posible… -Se interrumpió y se mordisqueó el labio inferior-. Tiene que tratarse de algún tipo de contaminación -murmuró entonces-. Eso es lo único que podría reducir el nivel de pH de un modo tan drástico. Podría deberse a una mina, pero también a la contaminación producida por residuos orgánicos. El proceso consiste, básicamente, en que una gran dosis de material orgánico biodegradable se filtra en el agua. Las bacterias se alimentan del desecho, la población de bacterias se multiplica y empiezan a consumir el oxígeno más rápido de lo que las algas y las plantas acuáticas pueden producirlo. Entonces, todo aquello que necesita oxígeno para vivir, los peces, los insectos y las plantas, se muere y las bacterias anaeróbicas invaden la fuente acuática, pues son los únicos seres vivos que pueden sobrevivir en un pH tan bajo.
– Pero usted no puede analizar la muestra en busca de bacterias, ¿verdad? -preguntó Kimberly.
– No. Es demasiado pequeña.
– ¿Hay… algo más que pueda hacer?
– Bueno, podría intentar analizar sus minerales. En este centro trabaja un tipo que ha estado estrujando muestras que se remontan a hace miles de años para extraer el agua y analizarla con el equipo. A pesar del reducido tamaño de las muestras, sé que ha conseguido resultados. No sé cuan buenos…
– Nos conformaremos con lo que sea -le interrumpió Mac.
– Es muy importante -insistió Kimberly-. Necesitamos estrechar la búsqueda a una región geográfica lo más reducida posible. Siete condados es un buen comienzo, pero siete kilómetros sería mucho mejor.