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—¿Quiere que lo haga yo, señor? —dijo una voz, y Joanna vio que era un oficial con uniforme blanco.

—Gracias.

El señor Briarley le tendió al oficial las cerillas y caminó rápidamente hacia la escalera. Joanna corrió tras él.

—¡Señor Briarley! ¡Espere! —Lo alcanzó en el segundo rellano—. En ese caso, ¿qué?

—En ese caso —dijo él, bajando por las escaleras alfombradas—, el significado del Titanic se vuelve político. Los males de una sociedad estructurada en clases, de la plutocracia, de la represión de las mujeres.

—No era político. Era algo importante.

—Importante —dijo él, llegando al pie de las escaleras. Cruzó el vestíbulo hasta una puerta y la abrió—. Después de usted —dijo, haciendo una reverencia, y ella entró.

Y vio demasiado tarde cuál era el pasillo.

—¡No, espere, no me ha…! —dijo, y regresó al laboratorio. “Todavía no —pensó—. Casi lo tenía. Algo sobre los cohetes, sobre el señor Briarley…”

—¿Joanna? —le estaba diciendo Richard—. ¿Joanna? Abrió los ojos. Tish ya le había quitado la sonda y estaba comprobando sus constantes vitales.

—¿He vuelto a salir despedida?

—No —dijo Richard, y parecía tan preocupado como Vielle en Urgencias—. ¿Estás bien?

“Dije algo al salir —pensó ella—. Le hice prometer que vendría y me rescataría.”

—Estoy bien —respondió, sonriente—. ¿Cuánto tiempo he estado bajo los efectos?

—Cuatro minutos y diez segundos —dijo Tish, levantándole el brazo para retirar el almohadillado.

—¿Sentiste temor durante tu ECM?

“Das pistas —pensó irrelevantemente—. Le pedí que viniera y me rescatara. Cree que creo que es real y no me volverá a someter a la prueba, y tiene que hacerlo. Casi lo tenía.”

—¿Asustada? —dijo, sonriendo—. ¿Por qué? ¿He dicho algo?

—Sí —apuntó Tish—. “Ascensor.”

—¿Ascensor? —dijo Joanna, aliviada y sorprendida ¿Por qué había dicho “ascensor” cuando eran los cohetes…?

—Ha tenido una ECM aburridísima —dijo Tish, mirando su reloj mientras esperaba terminar el periodo de observación—. Primero una oficina de correos y luego un ascensor. ¿Nunca ve nada interesante?

Comprobó el pulso y la tensión de Joanna una última vez, anotándolas en la tabla, y luego le dijo a Richard:

—¿Puedo marcharme? Tengo que ir a ver a alguien antes de que el señor Sage venga a las tres.

El asintió, y en cuanto la enfermera salió de la habitación, volvió a preguntar.

—¿Sentiste temor durante tu ECM?

—¿Por qué? —preguntó Joanna—. ¿Parecía asustada cuando dije “ascensor”?

—No, pero tus escaneos mostraban un nivel de cortisol extremadamente alto. ¿Qué sucedió durante tu ECM?

—Volví a ver al señor Briarley.

Lo contó el viaje hasta la sala de correos, los cohetes, el ascensor.

—Y cuando abrió la puerta, entré antes de darme cuenta de que era el pasillo —dijo—. Por eso tuve miedo de salir expulsada, porque fue como la última vez.

—¿Y no sentiste ningún temor?

—Lo sentí al ver el agua en Scotland Road y cuando vi que la sala de correos estaba inundada —dijo ella, intentando recordar. Estaba tan concentrada buscando al señor Briarley y preguntándole lo que significaba la ECM que no había sentido mucho temor, desde luego no en comparación con el que había sentido cuando contempló la mancha en la alfombra, cuando contempló la nada más allá del costado del barco.

—¿Fue mi índice de cortisol más alto que las dos últimas veces?

—No he mirado todavía el análisis de neurotransmisores, pero según los escaneos, sí. ¿Te sentiste más asustada las otras veces?

Ella pensó en el pánico que sintió al correr por las escaleras, por la cubierta, por el pasillo.

—Sí.

—Me lo temía —dijo él, y se acercó a la consola. Joanna se vistió rápidamente.

—Voy a grabar mi testimonio —dijo—. Volveré a las tres.

Y corrió a su despacho antes de que él pudiera preguntarle nada más. Tenía que pensar en la ECM antes de perder la sensación de que casi, casi tenía la respuesta. Era algo sobre los cohetes y el señor Briarley lanzándolos.

Volvió a repasar la escena, tratando de recordar las palabras exactas del señor Briarley. “Atrás”, había dicho, y el cohete salió despedido y estalló convirtiéndose en estrellas blancas…

Grabó la escena y luego volvió al principio y grabó toda la ECM, tratando de conservar la sensación. Algo sobre los cohetes, aunque no eran una discrepancia, a menos que los que había visto fueran distintos a los del Titanic.

Llamó a Kit y le preguntó cómo eran los cohetes de emergencia.

—Fuegos artificiales blancos —respondió Kit—. Recuerdo que el tío Pat decía que el blanco era el color de la señal de socorro internacional, y había una escena en la película en la que se veía cómo los disparaban.

Por supuesto. La recordaba. El oficial había apoyado el cilindro contra la amura.

—¿Algo más? —preguntó Kit.

—Sí. Quiero saber si había algo llamado Scotland Road a bordo. Tendría que ser un pasillo largo en… —Trató de recordar en qué pasillo estaba—. Las Cubiertas E y F. Y también si había una biblioteca. Tendría que haber estado en la Cubierta de Paseo, junto a un bar. Y algo sobre cómo eran los cohetes y dónde los guardaban.

—Scotland Road, biblioteca, cohetes. Vale —dijo Kit—. Oh, y si tienes un minuto, tengo una lista de las Edith que había a bordo. He encontrado cuatro. No estoy seguro de que eso sea todo. La tripulación sólo aparece por la inicial y el apellido, y alguna de las pasajeras sólo aparece como señora de Tal.

—¿Cuántas se perdieron? ¿De las cuatro?

—Sólo Edith Evans.

Joanna volvió a su ECM. No eran los cohetes, sino algo de esa parte de la ECM. ¿El ascensor? Eso era sin duda un anacronismo. No tenían ascensores en 1912, y aunque los hubieran tenido no habría habido uno a bordo de un barco. Y ella había murmurado “ascensor” al salir.

Volvió a llamar a Kit. El teléfono comunicaba. Miró el reloj. Las dos y cuarto. No había tiempo suficiente para pasarse por allí antes de la sesión del señor Sage. Pero tenía que saberlo ahora, antes de perder la sensación. Tendría que ser Maisie.

Corrió escaleras arriba, esperando que Maisie no hubiera bajado a hacerse pruebas. Estaba tendida en la cama, viendo sin interés Winnie the Pooh. En cuanto vio a Joanna se enderezó contra las almohadas y dijo:

—He descubierto cosas sobre el Carpathia.

—Bien —dijo Joanna—. Tengo que preguntarte algo. ¿Tenía un ascensor el Titanic?

Sí. ¿No recuerdas? En la película, huían del malo y se metieron en el ascensor y bajaron.

—Creí que tu madre no te había dejado ver Titanic.

—No la he visto. Mi amiga me lo contó, me contó esa parte —dijo, y era una historia muy convincente, aunque Joanna no se la creyó ni por un momento.

—¿Te dijo tu amiga cómo era el ascensor?

—Sí. Tenía uno de esos acordeones de los que se tira. —Hizo una demostración.

La reja. Así que el Titanic tenía un ascensor, y no era un anacronismo. Imaginaba lo que diría Richard cuando lo descubriera. Joanna tendría que esperar que cuando terminara su testimonio hubiera alguna otra discrepancia en su ECM, y sería mejor que lo hiciera pronto, antes de que olvidara lo que había dicho el señor Briarley.

—Tengo que irme, chavalina —dijo, palmeando las mantas sobre las rodillas de Maisie.