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Se detuvo y apartó la mano.

—No crees que signifique nada, ¿verdad? —dijo enfadada—. Crees que es estimulación del lóbulo temporal.

—Explicaría por qué no puedes recordar de dónde sacaste el recuerdo —dijo él suavemente—. ¿Tienes la sensación ahora? ¿De saber de dónde procedía el recuerdo?

—Sí.

—Sube a la mesa —dijo él, dirigiéndose rápidamente al armario de suministros—. Quiero ver si podemos registrarlo en el escáner. Sacó una jeringuilla.

—¿Quieres que me desnude?

—No, y no voy a molestarme con una intravenosa, ya que sólo voy a inyectar el marcador —dijo Richard, llenando la jeringuilla—. Quítate el jersey y súbete la manga.

Joanna se quitó el jersey de lana y se subió a la mesa, desabrochando el puño de su blusa y subiéndose la manga.

Él empezó a colocar el escáner TPIR.

—Tuviste una sensación de reconocimiento en tus tres primeros escaneos, y en éste reconociste el Titanic. Puede que esas dos cosas no tengan nada que ver entre sí.

—¿Qué quieres decir?

Él frotó su antebrazo con alcohol e inyectó el marcador.

—La sensación de reconocimiento que experimentaste en el pasillo y cuando el calefactor se paró puede que fuera sólo eso, una sensación, provocada por estímulos aleatorios, sin ninguna relación con que reconocieras el Titanic.

—Pero no fueron aleatorios —dijo ella, ruborizándose—. Todo encaja, tu bata y el frío y el…

—Eso podría aplicarse a un montón de situaciones.

—Cita una.

—Tú misma dijiste que la gente que viste podría haber estado en una fiesta o en un baile.

—¡La mujer iba en camisón!

—Concluiste que era un camisón después de darte cuenta de que era el Titanic. Antes, dijiste que era un vestido anticuado. Originalmente pensaste que era la túnica de un ángel. Tiéndete.

—Pero ¿qué hay del suelo curvado —dijo ella, tumbándose en la mesa de reconocimiento—, y tu bata, y…?

—No hables —dijo él, colocando el escáner en posición. Se acercó a la consola—. Muy bien —dijo, poniéndolo en marcha—. Quiero que cuentes mentalmente hasta cinco.

Examinó la imagen de los escaneos.

—Ahora, quiero que visualices el túnel. Piensa en lo que viste.

Varios sitios del córtex frontal se iluminaron, indicando diversas fuentes para el recuerdo, auditivas y visuales, que podían explicar porqué Joanna no recordaba si había oído o leído algo sobre los motores parándose y los pasajeros subiendo a cubierta para averiguar qué había sucedido.

“O visto en una película”, pensó él. Seguía considerando que esa era la posibilidad más probable, a pesar de las protestas de Joanna. La película había sido un éxito enorme, y durante más de un año había sido imposible dar dos pasos sin ser bombardeado con información al respecto: libros, cedes, artículos en los periódicos, especiales de televisión. Y unos cuantos años antes había pasado lo mismo, cuando se descubrieron los restos del barco. Era imposible no saber algo sobre el Titanic, y Joanna obviamente lo sabía. No sólo sabía que había alfombras en los pasillos de primera clase, sino que el telegrafista era Jack Phillips.

—Muy bien, Joanna, ahora concéntrate en la fuente del recuerdo —dijo él, y contempló la zona del lóbulo temporal en la pantalla, esperando que se iluminara.

Lo hizo, un rojo anaranjado encendido. Le hizo varias preguntas más y luego apagó el escáner.

—Puedes incorporarte ya —dijo, y empezó a cotejar los escaneos. Joanna se acercó a la consola mientras se bajaba la manga.

—Todavía no he registrado mi ECM. —Se puso el jersey—. Estaré en mi despacho.

—¿No quieres ver tu sensación de significado? —Recuperó el escaneo—. Ahí está —dijo, señalando el lóbulo temporal—. Por eso consideras que ver el Titanic no es aleatorio.

Ella lo observó, sombría, las manos metidas en los bolsillos de la bata, mientras él le mostraba las áreas de actividad.

—Pero la sensación de que sé de dónde procedía el recuerdo es tan fuerte… —murmuró.

—Como la sensación que tuviste en el vestidor y el pasillo —dijo Richard.

—Sí —admitió ella.

Señaló el lóbulo temporal, rojoanaranjado.

—Tu mente esta simplemente intentando sacar sentido de una sensación irracional dándole un objeto, en este caso la fuente del recuerdo, pero es sólo una sensación.

Pareció que ella iba a contradecirlo, pero lo único que dijo fue:

—Todavía no he registrado mi testimonio. Recogió la grabadora.

—Cuando lo escribas…

—Lo se —dijo Joanna—. No dejaré que caiga en manos del enemigo.

—Mandrake se…

—Lo sé. Se pondría las botas.

Joanna salió del laboratorio. En la puerta se dio la vuelta y miró el escaneo.

—Creo que me gustaba más cuando me acusabas de ser Bridey Murphy —dijo apenada, y se marchó.

20

¡Me niego a contestar a esa pregunta!

ISABEL I, cuando sir Robert Cecil le preguntó en su lecho de muerte si había visto algún espíritu.

“Richard se equivoca —pensó Joanna, abriendo la puerta de su despacho—. No es una sensación carente de contenido. El recuerdo no procedía de la película, y no es la primera cosa con la que se topó mi memoria a largo plazo. Es el Titanic por un motivo concreto.

“Y sin duda él vendrá de un momento a otro para decirme que mis ideas son otro síntoma más de estimulación del lóbulo temporal, y para enseñarme un escaneo que lo demuestra. No quiero verlo, y no quiero oír otro sermón sobre lo que pasará si el señor Mandrake se entera de esto. Registraré mi testimonio en otra parte.”

Cerró la puerta, le echó la llave y recorrió rápidamente el pasillo hasta llegar a las escaleras. Iría a grabar su testimonio en la cafetería, si estaba abierta, o en una de las salas de enfermeras. “En cualquier lugar donde no tenga que escucharlo diciéndome que el Titanic fue una sinapsis aleatoria —pensó mientras bajaba las escaleras—. No es aleatorio. Estoy viendo el Titanic por algún motivo. Lo sé.”

Y pudo oír la voz del señor Darby insistiendo: “Estuve allí. Fue real. Lo se” Hablaba igual que él. Y por eso no quería hablar con Richard, porque sabía que tenía razón.

“No tiene razón —pensó obstinadamente—. Sé que el recuerdo no procede de la película.”

Sí, y el señor Viraldi “sabía” que había visto a Elvis, el señor Suárez “sabía” que había sido abducido por alienígenas, Bridey Murphy “sabia” que había vivido una vida anterior en Irlanda. Su psiquiatra estaba seguro de que los recuerdos de Bridey eran prueba de la reencarnación, aunque más tarde se demostró que estaban relacionados con canciones folklóricas y cuentos medio recordados que le había contado su niñera, y que los sujetos sometidos a hipnosis podían ser convencidos para que hablaran de todo tipo de recuerdos falsos. “¿Y cómo sabes que esto no es lo mismo? ¿Cómo sabes que el recuerdo no procede de la película, como dijo Richard?”

Pero esa escena no salía en la película, se dijo, y supo que bien pudiera ser que saliera. Se había demostrado estudio tras estudio que la memoria era notablemente poco fiable, y Vielle y ella habían tenido más de una discusión sobre qué salía o qué no salía en varias películas. Después de ver Crimen perfecto, un jueves por la noche, Vielle estaba convencida de que Gwyneth Paltrow había apuñalado a Michael Douglas con un termómetro en vez de matarlo a tiros. Joanna tuvo que volver a alquilar el vídeo y mostrarle el final para demostrárselo. Una escena donde los pasajeros preguntaran a un oficial qué había pasado bien podía aparecer en el Titanic, y ella simplemente la había olvidado. Y había una manera muy sencilla de demostrarlo, en cualquier caso. Ver la película.